El revival nuclear

A pesar de la campaña pro-nuclear ninguna empresa propietaria ha solicitado por ahora formalmente alargar la vida de sus centrales.

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Juan Chaves
Juan Chaves
Es asesor del grupo de Convocatoria por Asturies.

La reciente ofensiva del Partido Popular y Vox  para alargar la vida del parque nuclear existente en España e iniciar la construcción de nuevas centrales, reabre un debate que las fuerzas conservadoras sacan a la palestra recurrentemente.

España es la segunda potencia nuclear de Europa, solo por detrás de Francia, y el calendario pactado entre las empresas gestoras y Enresa (la entidad pública responsable de la gestión de residuos radiactivos y el desmantelamiento de instalaciones nucleares) prevé el cierre progresivo de los reactores nucleares que comenzaría en 2027 culminando con el último cierre en 2035. Este calendario fue acordado, y esto es importante ya que la derecha alude constantemente a la unilateralidad del gobierno sobre el cierre de las centrales pero no, es un acuerdo con las empresas porque estas consideraron que la continuidad de la actividad no era rentable. Una vez establecido este marco, es importante analizar lo que supondría alargar la vida de las centrales nucleares existentes.

El procedimiento es relativamente sencillo, las empresas gestoras deben:

  1. Presentar una solicitud formal al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
  2. Incluir en la solicitud un Plan de Gestión del Ciclo de Vida de la central que contemple:
    1. Medidas para gestionar los riesgos de envejecimiento de los componentes críticos.
    1. Estrategias para la gestión de los residuos radiactivos adicionales que se generarían.
    1. Garantías de cumplimiento de las normativas medioambientales.

Además, sería necesario acometer inversiones significativas para modernizar y actualizar las plantas, adaptándolas a los estándares de seguridad actuales. Estas inversiones incluyen la sustitución de sistemas obsoletos, mejoras en la infraestructura y medidas de protección frente a eventos extremos, entre otras.

A pesar de la presión política y mediática para prolongar la operativa de las centrales nucleares, ninguna empresa propietaria ha solicitado formalmente por ahora alargar la vida de sus centrales, repito, ninguna de las empresas propietarias ha solicitado alargar la vida de ninguna central.  El motivo es que las empresas consideran que la rentabilidad de estas inversiones no está garantizada, los operadores han dejado claro que estarían dispuestos a alargar la vida únicamente si la actividad fuera rentable.

Esto nos va a acercando a lo trascendente del debate ¿Qué significa “rentable” para las empresas gestoras? En un sistema energético donde la entrada masiva de renovables ha reducido el precio de la electricidad a cero (o incluso negativo) en determinados momentos del día, ¿a qué precio debería garantizarse la electricidad de una central nuclear para que las inversiones necesarias sean viables?

La rigidez de la energía nuclear

Aquí radica una de las mayores limitaciones técnicas de la energía nuclear: su rigidez estructural, las centrales nucleares no pueden ajustarse rápidamente a las variaciones de la demanda energética, a diferencia de las centrales de gas que se encienden y apagan según las necesidades del sistema, o de las renovables como la eólica y la solar, que tienen costes operativos muy bajos y pueden integrarse con facilidad en el mix.

Las centrales nucleares no pueden ajustarse rápidamente a las variaciones de la demanda energética, a diferencia de las centrales de gas que se encienden y apagan según las necesidades del sistema

Las nucleares deben operar a plena potencia las 24 horas del día para ser rentables. Sin embargo, en un mix dominado por renovables y complementado por sistemas de almacenamiento el sistema energético de respaldo debe ser flexible, algo que el parque nuclear español no puede ofrecer. Además los costes de generación tampoco son atractivos, las empresas exigen una retribución de 67 €/MWh para amortizar las inversiones y tener rentabilidad, mientras que la eólica y la solar ya generan por debajo de los 40 €/MWh con lo que ese diferencial de costes tendría que asumirse vía deuda pagada por los contribuyentes, es decir usted y yo.

Pero es que si hablamos de construir el desfase crece. Lo primero que hay que saber es que las centrales son inversiones a amortizar en plazos de 50-60 años, ahí se contemplan costes de construcción, operativos y combustible, más la tasa que incluye los costes de desmantelamiento y gestión de residuos, los tiempos estimados de construcción de las centrales nucleares construidas en Europa occidental y EEUU en los últimos 30 años, entre proyecto, construcción y puesta en marcha están entre los 15-20 años, a eso hay que sumarle que los presupuesto iniciales suelen quedar rápidamente desfasados y que los sobrecostes son la norma, por poner un ejemplo cercano, en Francia la construcción de la central de Flamanville3, proyectada para entrar en funcionamiento en 2013 con un coste de construcción de 3.000M€, ha entrado en funcionamiento hace escasos días  con un coste de más de 21.000M€, es decir, un retraso de 11 años y 18.000M€ de sobrecoste que pagarán los contribuyentes franceses, ¿Cómo justificaría la derecha un endeudamiento de este calibre para los contribuyentes españoles?

También podemos hablar de la fiabilidad que se le presupone a la nuclear, pues bien en lo que va de año en Francia de los 56 reactores, en el primer trimestre solo 6 han funcionado nominalmente todos los días, en el segundo trimestre 4 y cero en el tercero, es decir que las paradas por avería o revisión no son una excepción sino la norma, (la misma Flamanville3 recién conectada ya ha tenido una parada técnica que la va a dejar inactiva hasta después de reyes),  es lo que pasa con la obsolescencia de centrales que están diseñadas para durar 50 años, por eso las promesas de Macron de construir 10 nuevas centrales cuando en lo que va de siglo solo han conectado dos, obedece a ese chauvinismo francés que aquí llamaríamos grandonismo.

Garoña, cerrada y en desmantelamiento.

Podemos hablar también de la supuesta soberanía energética que nos traería la nuclear, por un lado no tenemos uranio así que tendríamos que importarlo y depender de terceros países como Malí o Rusia, pero lo que es más preocupante es que el procesamiento de ese uranio también dependería de potencias extranjeras, especialmente de Rosatom, empresa estatal rusa que es responsable del 50% del enriquecimiento mundial de uranio, que también controla el suministro de barras de combustible y el reciclaje de uranio usado, la soberanía energética de España dependiendo de Putin, que podría salir mal.

También podemos comentar la pequeña pero potencialmente destructiva posibilidad de un accidente nuclear, como la gestión de los residuos radiactivos es un problema no resuelto, o porque los mismos partidos que ponen el grito en el cielo cuando en lontananza aparecen molinos eólicos por el supuesto impacto ambiental, les parece buena idea la construcción de centrales nucleares, o como los sobrecostes monstruosos y los dilatadísimos tiempos de construcción que hacen que una central proyectada ahora no se conectara antes de 2040 nos van a resolver un problema que tenemos hoy.

En conclusión, el debate nuclear en España debería basarse en realidades económicas, técnicas y sociales, y en las necesidades del mix energético del futuro, dejando atrás nostalgias mal entendidas o políticas diseñadas en oposición a lo que proponga un gobierno progresista. Las tecnologías energéticas no tienen ideología: son herramientas destinadas a alcanzar objetivos concretos, como la neutralidad climática en 2050 y la contención del aumento de la temperatura global causado por el cambio climático.

Si prolongar la vida útil de alguna central fuera realmente necesario para cumplir esos objetivos, no debería existir problema en considerarlo. Sin embargo, el ritmo de implantación de renovables y almacenamiento hace que este escenario sea cada vez menos probable. Lo verdaderamente preocupante es que partidos de Estado planteen políticas energéticas no basadas en lo mejor para el país y sus habitantes, sino como reacción a lo que propone el adversario, incluso si ello implica apostar por tecnologías costosas, inadecuadas y que no ofrecen soluciones a los problemas urgentes del presente, el futuro energético de este país pasa por la eficiencia, las renovables y el almacenamiento, la revolución industrial del siglo XXI no depende de petróleo o gas sino del sol y el agua, elementos que tenemos en abundancia y que debemos aprovechar con ambición pero también con responsabilidad

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