“La liberación sexual costó mucho, pero se consiguió”

Pepe Ribas narra en "Ángeles bailando en la cabeza de un alfiler" la aventura de la revista "Ajoblanco".

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Pepe Ribas (Barcelona, 1951) es historia viva del periodismo, la contracultura y los movimientos sociales. En 1974, siendo todavía estudiante de Derecho, fundó junto a un grupo de amigos la revista “Ajoblanco”, un inesperado éxito editorial que en su momento de mayor difusión llegó a tirar la friolera de 100.000 ejemplares mensuales.

Medio sigo después de aquella aventura editorial y vital, Ribas ha narrado dos años clave del proyecto, 1976-1977, en “Ángeles bailando en la cabeza de un alfiler” (Libros del KO), una crónica muy personal de la Barcelona y la España del final de la dictadura. Esta semana se está presentando en Asturies con en Matadero Uno, Oviedo/Uviéu, y Toma3, Xixón.

Aunque el periodista y escritor no puede ocultar cierta nostalgia por un tiempo efervescente, de lucha y construcción de la libertad, reconoce que la represión era también muy fuerte en un país marcado a hierro por el nacional-catolicismo, algo que se notaba incluso en los partidos de izquierdas. Un país en el que los anticonceptivos eran difíciles de conseguir, la homosexualidad estaba rigurosamente prohibida y el adulterio podía costar a las mujeres la cárcel: “La liberación sexual costó mucho, pero se consiguió”.

Ribas en Oviedo/Uviéu. Foto: Alisa Guerrero

Ribas, procedente de una familia burguesa y culta, vencedora de la guerra, pero al mismo tiempo con un talante liberal y poco doctrinario, evolucionó de un antifranquismo no muy definido, a una posición abiertamente libertaria, muy separada de los diferentes partidos comunistas que actuaban en aquel momento: “No queríamos el poder como ellos, buscábamos cambiar la vida”. Una vida en la que eran entonces fundamentales los amigos, la vida en común, y el consumo de porros y LSD: “Hubo muertos, pero no fuimos una generación diezmada por la heroína, como pasó con la siguiente”.

La inflación destruyó aquella hermosa forma de vida de lo que ya entonces empezaba a llamarse underground

Para Ribas más que el “jaco” fue la crisis económica y la inflación lo que destruyeron aquella hermosa forma de vida de lo que ya entonces empezaba a llamarse underground. Se fueron acabando así los viajes baratos que permitían conocer mundo sin gastar mucho, el vivir “por cuatro duros” que había permitido a muchos jóvenes disfrutar de la vida trabajando en proyectos artísticos precarios, y hasta se encareció el papel dando un fuerte golpe a la industria editorial.

Primeros años de “Ajoblanco”.

Para Ribas las peculiaridades de Barcelona, una ciudad cercana a Francia, inserta en la ruta del turismo jipi a Ibiza, con poca presencia de los burócratas de la dictadura, y sin embargo mucha fuerza de los movimientos sociales, permitió que el franquismo comenzara a morir en el Mediterráneo un poco antes, facilitando zonas de libertad impensables en Madrid, sometido al implacable escrutinio de los franquistas institucionales y no institucionales: las bandas paramilitares que asesinaban, golpeaban y colocaban bombas.

Los teatros del Grec y el Borne, La Floresta en las afueras de Barcelona, la sala de conciertos Zeleste, y nuevos bares como el Magic, fueron los epicentros de aquella “movida antes de la Movida” que emergió en Catalunya.

Pepe Ribas en una imagen de archivo.
Pepe Ribas. Foto: Alisa Guerrero

El fracaso de la CNT y del movimiento libertario son las otras dos espinas clavadas que se lleva de aquellos años Ribas, que considera que su hundimiento, fruto de la guerra sucia del Estado, y de errores propios, privó a la democracia española de un revulsivo exterior que le habría ayudado a mejorar su calidad. “Al final el movimiento anarcosindicalista fue por un lado y el libertario contracultural por otro” lamenta el autor, que no habría visto con malos ojos el nacimiento de un Partido Verde, al estilo de los primeros verdes alemanes.

En 1980 la revista, exhausta, cerró sus puertas. Sin embargo, siete años más tarde la publicación revivía con Ribas al frente de un nuevo equipo. Sobreviviría en los kioscos hasta 1999.

Todo lo que pasó en esos años daría para otro libro, probablemente tan interesante como este “Ángeles bailando en la cabeza de un alfiler”.

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