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Opinión

¿Y si pensamos cuál es la actividad educativa esencial?

“¿Qué es lo que necesitan mis alumnos y alumnas? ¿No será, sobre todo, acompañamiento? Que sepan que nos importan”.

En el grupo de whatsapp que comparto con varias profesoras del instituto en el que curro este curso, un meme se me queda grabado. Está divido en dos partes. En la de arriba, aparece una imagen del Titanic hundiéndose. En la de abajo, la orquesta que sigue tocando, con la leyenda «profesorado enseñando online». Nos reímos, como nos reímos de casi todo, y afirmamos que así es nuestra realidad actual. Y seguimos tocando. Porque desde que se supone que paramos, el profesorado ha hecho de todo menos parar. Así estamos. Las familias echando humo porque de repente se les pide que se conviertan en profes, como si no tuvieran bastantes preocupaciones ya. El alumnado desorientado porque no sabe bien qué es lo que (le) pasa y estresado por la multitud de tareas que le caen encima. Y el profesorado teniendo que demostrar, una vez más, que se gana el sueldo dando clase como sea. Y dar clase es, por supuesto, dar contenidos. Da igual las casas en las que vivamos, las personas pequeñas o mayores a quienes haya que cuidar, los medios técnicos que tengamos, la situación económica familiar, si tenemos gente cercana enferma… Pero ¿es que nadie va a poner un poco de cordura? ¿Es que ni siquiera una situación como la que estamos viviendo puede poner patas arriba el sistema educativo para que, por fin, se cuestione a sí mismo?

“Paremos. Tiremos del freno de emergencia y paremos de verdad. Si no se hace a nivel institucional, hagámoslo a nivel individual”

Paremos. Tiremos del freno de emergencia y paremos de verdad. Si no se hace a nivel institucional, hagámoslo a nivel individual. ¿Qué es lo que necesitan mis alumnos y alumnas? ¿No será, sobre todo, acompañamiento? Que sepan que nos importan, que les echamos de menos, a cada uno y cada una. Acompañamiento y calma. Y si les queremos dar tareas, que sean tareas que les sirvan en este proceso, que les ayuden a entender lo que está pasando, a ser conscientes de lo que sienten y a expresarlo, a responsabilizarse del cuidado colectivo, a ganar autonomía, etc. Ahora, más que nunca, tenemos que pensar que, si educar no es educar para la vida, lo que hacemos no tiene mucho sentido. El profesorado, además, podemos aprovechar el tiempo para hacer lo que nunca podemos hacer y es fundamental: reflexionar sobre nuestras formas de enseñanza, conocer otros proyectos que nos den ideas, hablar de ello colectivamente, leer esos libros que tenemos en la estantería… Hay que pensar qué vamos a hacer cuando volvamos a las aulas, sea este curso o ya el que viene. Si no vamos a cambiar nada, es que no habremos aprendido nada, y quienes tendríamos que suspender seríamos nosotras.

Irene Choya
Escrito por

Pedagoga y enseñante. Forma parte del colectivo y local "Cambalache" de Oviedo/Uviéu desde sus inicios. Participa en la revista feminista "La Madeja".

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