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Un 14 de abril hacia el futuro

El 14 de abril también podría ser la ocasión de cambiar esta temporalidad y de aclarar qué puede ser en este país la voluntad republicana.

Ilustración: Ana Milton.

Con demasiada frecuencia, el aniversario de la Segunda República se ha volcado hacia el pasado, como si aún abrumase la memoria de lo que no pudo ser, de la interrupción criminal que la España eterna impuso a la idea de una España distinta. Es indudable que no hay política transformadora sin memoria del dolor y de la injusticia. Pero no es menos cierto que la memoria necesita un futuro para perpetuarse. Y el 14 de abril también podría ser la ocasión de cambiar esta temporalidad y de aclarar qué puede ser, en este país y en estas circunstancias, la voluntad republicana.

Y en un 14 de abril como este, cuando el permiso de supervivencia adquiere un sentido literal, sabemos de sobra que millones de personas no son libres

Con la función de la monarquía cuestionada por prácticas dudosas y actitudes distantes, parece cada vez más legítima la posibilidad de otorgarnos mediante el voto aquello que ahora recibimos por aleatoriedad sanguínea. Pero un cambio de modelo no basta para alcanzar una república plena. Como planteaba Antoni Domènech en su magistral ensayo El eclipse de la fraternidad, no hay república donde no hay libertad, y no hay libertad donde la propiedad se reparte de manera injusta y desigual, donde los que tienen dominan a aquellos que no tienen. Parafraseando a Marx, Domènech repetía que sólo puede ser libre quien no necesita pedir permiso para sobrevivir. Y en un 14 de abril como este, cuando el permiso de supervivencia adquiere un sentido literal, sabemos de sobra que millones de personas no son libres. No lo son las personas migrantes que duermen entre invernaderos, ni las familias que quedan fuera de los programas de cobertura, ni los repartidores que redoblan sus turnos, ni las trabajadoras del hogar que no pueden permitirse una baja, ni quienes saben que el final del confinamiento reactivará sus procesos de desahucio.

En lo inmediato, nuestro horizonte está marcado por la continuidad de la crisis, que se bifurca y se transforma en sus múltiples variantes laborales, territoriales, políticas y climáticas. Hay luchas urgentes que pondrán a prueba nuestras fuerzas, nuestro tejido comunitario y nuestra capacidad de organización. Pero ojalá en cada una de ellas nos guíe el principio de nuestra República, pasada y futura: queremos sobrevivir sin pedir permiso a nadie.

Redacción Nortes
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Te contamos lo ocurrido centradas en la periferia.

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