El impuesto de sucesiones en los tiempos del Covid19

Recomendados

Celso Miranda
Celso Miranda
Celso Miranda es economista, funcionario municipal en el Ayuntamiento de Colunga y miembro de la asociación cultural La Ciudadana.

Mientras escribo estas líneas en EE.UU centenares de miles de trabajadores se quedan sin trabajo y sin seguro de salud en plena crisis sanitaria y el líder del Reino Unido entra en la UCI tras haber hecho apología del laissez faire en el peor momento. En este mismo momento el 39,34% de los muertos por COVID-19 lo son en la Comunidad de Madrid, que representa aproximadamente el 13% de la población española. Vivir en Madrid supone, por tanto, el triple de riesgo de mortalidad en un momento de stress del sistema sanitario.

Las competencias en materia de salud pública en España están cedidas a las Comunidades Autónomas. En el caso de Madrid, los sucesivos gobiernos conservadores (Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes, Ayuso ahora) han hecho del recorte sanitario y del negocio de las privatizaciones un modelo propio, casi una forma de vida.

Este modelo jibarizador del gasto público es extensible a otros servicios públicos y viene acompañado de un discurso y una praxis muy agresiva contra los ingresos públicos, los impuestos. Madrid ha sido proa de una invectiva, hasta su práctica desaparición, de impuestos como el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, constituyendo el territorio madrileño en una especie de paraíso fiscal. Ver a la actual presidenta Ayuso reclamar ahora al Gobierno un fondo extraordinario (no reembolsable) de 1.200 millones de euros contra la pandemia resulta difícilmente soportable para una mente medianamente lógica. Justicia poética.

Dice Paul Krugman que le cuesta encontrar economistas honestos, porque llevamos tiempos instalados en un cinismo académico importante. Se siguen explicando como teorías científicas paparruchas como la Curva de Laffer (si se bajan los impuestos, la recaudación fiscal sube), cuando las experiencias empíricas demuestran lo contrario.

España es un país fiscalmente atrasado. Se recauda, entre impuestos y cotizaciones sociales, un raquítico 35% sobre el PIB frente al 44,4% de Suecia o el 48,4% de nuestra vecina Francia

España es un país fiscalmente atrasado. Se recauda, entre impuestos y cotizaciones sociales, un raquítico 35% sobre el PIB frente al 44,4% de Suecia o el 48,4% de nuestra vecina Francia. La economía sumergida supone un 24,52% del total, 9 puntos por encima de la media europea. Las 134 empresas multinacionales españolas pagan un tipo efectivo del 12,6%, similar o inferior al que pagan trabajadores de rentas medias o bajas.

Y, además, los adalides de la disminución de la carga impositiva lideran sus posiciones aprovechando siempre su posición de clase. Porque, puestos a disminuir impuestos, no parece que sean el Impuesto de Patrimonio, o el de Sucesiones, los primeros llamados a desaparecer desde el punto de vista de un mínimo sentido de la justicia fiscal.

¿Es más injusto el gravamen sobre un patrimonio conseguido por herencia, sin esfuerzo personal, y que sólo pagan el 1% de los herederos (el mínimo exento se establece en 300.000 euros), o gravar a la mayoría de los trabajadores a través del IRPF por el fruto de su trabajo, tras madrugones y quebraderos físicos o de cabeza? ¿O, peor aún, gravar mediante el consumo, incluso de productos básicos, a todo tipo de personas, a través de impuestos indirectos como el IVA, sin discriminación de tipos, sea usted el caritativo Amancio Ortega o un parado de larga duración?


Las medidas económicas paliativas adoptadas hasta el momento por el gobierno progresista (prestaciones a trabajadores y autónomos, alquileres, avales a PYMES,…), las que se tendrán que tomar de forma inmediata (ingreso mínimo vital para quienes carezcan de ingresos y no puedan acogerse a otras ayudas) y las medidas que en el corto y medio plazo van a tener que implementarse para la reactivación de unas empresas que van a encontrarse con una estructura de costes anterior a la crisis y un escenario de ingresos de crisis van a necesitar una financiación extraordinaria.
Los pactos políticos que necesariamente van a tener que abordar la reconstrucción de la economía española y el cambio de modelo productivo (apuntemos aquí que el turismo mueve el 12% del PIB y el 13% del empleo, más que la industria) deben contener como uno de sus ejes principales un pacto de rentas basado en una nueva cultura fiscal, con nuevas bases, para un modelo más justo, más redistributivo, más igualitario, que sostenga unos servicios públicos necesarios y suficientes. Hoy, que agoniza el neoliberalismo, deberíamos tenerlo más claro que nunca.

Actualidad

4 Comentarios

  1. Querido Carlos Huerta, sobre la curva de Laffer.

    Además de que en economía casi nunca (por no decir nunca) incide una sola variable en los resultados de un experimento (es decir, el ceteris paribus con el que comienzan todas las teorías económicas académicas es imposible), no hace falta que te vayas tan lejos en el espacio. Mariano Rajoy también se hizo amigo del mito de Laffer:

    “En 2014 el Ejecutivo de Mariano Rajoy dio un paso al frente al anunciar una reforma fiscal que giraba en torno a una bajada de impuestos, cuyo peso recaía en el IRPF, el que más impacto tiene en la vida de los ciudadanos y, también el que más contribuye a las arcas del Estado.

    La reforma se haría en dos partes, una en 2015 y otra en 2016, y dejaría el tipo más bajo en el 19% frente al 24,5% que estaba en vigor hace dos años, mientras que el más alto bajaría del 52% al 45%. Es decir, las rentas más bajas y las más altas serían las principales beneficiadas de una reducción que, según el gobierno, era posible hacer ante la mejora de la economía y el empleo.

    Pues bien, llegados a 2016, y con los datos de recaudación fiscal en la mano, se puede afirmar que tal reforma no ha servido para mejorar la salud de las finanzas del Estado, pues los datos que se han publicado esta semana son reveladores. En enero entró en vigor la última fase de esta reforma y en abril los ingresos del Estado habían caído un 6,2% desde que empezó el año. En el apartado de IRPF, la recaudación ha bajado un 4,2% respecto al mismo periodo de 2014. Blanco y en botella.”

  2. Vamos a abrir debate empezando por las paparruchas y la Curva Laffer….Resulta que el tarao de Trump y su reforma fiscal de 2017 (la cual rige desde 2018)implementó una sustancial rebaja del impuesto de sociedades desde el 35% al 21%, así como una reducción del IRPF que quedó en los siguientes tramos del 12%, del 25%, del 35% y del 39,6%. Esta reducción en impuestos dio como resultado que empresas invirtieran una mayor parte de sus utilidades y se redujera el desempleo. Además la recaudación subió un 12% y la economía comenzó creciendo a una tasa del 2,3%, por encima del promedio del 1,9% registrado en los años de gobierno de Barack Obama…¿cómo te quedas?🤯😎

  3. Los inútiles necesitan vivir del esfuerzo de los trabajadores no hay otra . Este impuesto es lo más deleznable que existe. Para muestra un boton, ni en Cantabria ni en Galicia ni por supuesto en Madrid se paga. Inconstitucional en la Unión Europea y se mire por donde se mire. La ultimas voluntades de un difundo deben respetarse e ir a donde ese difunto quiera. Para eso son suyas, para eso las lucho y tributo por ellas. Asco es la palabra

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here