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Pensamiento Post-corona

¿Internet gratis?

La crisis del coronavirus está mostrando lo dependientes que somos del acceso a internet. ¿Por qué no tirar la casa por la ventana y dar conexión gratis a todo el mundo?

En algún lugar del Desierto de Los Monegros. Foto: Creative Commos/Jacob García.

A nadie que no sea un talibán del libre mercado y la propiedad privada le extraña que haya sistemas de salario social, o que se repartan alimentos entre la población sin recursos. Tampoco nos parece una herejía que en podamos ir al médico sin aflojar la cartera, o que podamos viajar en coche por el país sin tener que pagar peajes. El desarrollo avanzado de nuestra economía nos permite socializar ciertos gastos en servicios e infraestructuras. Hay un consenso social sobre la relación coste-beneficio de estas cosas. Y con la crisis actual ese consenso aumenta.

La estructura de precios de los servicios de acceso a internet toma la forma de un suministro. En teoría estamos pagando o bien por volumen de información (en el caso de los gigas del móvil) o bien un canon de acceso (en el caso de las tarifas planas de casa).

La base material de este aparente suministro es la infraestructura de red existente, creada por empresas que han realizado una inversión que quieren recuperar, y en el proceso, incrementar el capital inicial invertido. Cuando pagamos la conexión a internet estamos mutualizando entre todos los clientes la deuda de la inversión en la infraestructura, y además generando dividendos para los accionistas. Bajo la forma de suministro, se esconde más bien un alquiler de un ancho de banda, o un peaje por el uso de la red.

De esta lógica privada se deriva que haya zonas del país a los que la conexión a internet no llegue porque no hay suficientes clientes

De esta lógica de inversión privada se deriva que hay zonas del país a los que la conexión a internet no llega porque no hay volumen de clientes suficiente para compensar las inversiones. Y por otra parte el pago del suministro o el canon deja fuera del servicio a toda la demanda no solvente (la gente que no puede pagar el servicio).

Y esto tiene consecuencias macroeconómicas y sociales negativas: como el despoblamiento rural, los límites al acceso a la cultura y la información, la persistencia de la brecha digital o el que tengamos dificultades para adoptar modelos de administración digital a gran escala.

Si la infraestructura de datos del país estuviese bajo control social, a través de una empresa pública democrática, no solo se podría reducir exponencialmente el coste de la conexión, sino también socializar su coste de mantenimiento y ampliación (como hacemos con las carreteras, los hospitales y escuelas).

Ampliar la red de banda ancha a la España Vaciada y ponerla al alcance de todos los sectores sociales independientemente de sus ingresos, es la base para acometer una verdadera transformación digital democrática y a gran escala de la administración pública. Vamos a imaginar aquí algunos de sus posibles beneficios y potencialidades:

Una empresa pública reduciría el coste y llevaría la banda ancha a la España vaciada

  • Datacenters en Badajoz, laboratorios de investigación de alto rendimiento en Zamora, compañías de servicios de internet en Teruel, un centro público de supercomputación en Tineo
  • Toda la locura del colapso en la tramitación de los ERTEs gestionada de manera instantánea desde casa y a través de una app del Estado, un algoritmo y una IA de la Seguridad Social. ¿Cumples requisitos? Luz verde. ¿No los cumples? Al curro otra vez. Sin más cuellos de botella.
  • Una red social tipo Facebook pública con sistemas de autenticación seguros para hacer login en los servicios públicos y bien diseñada para que la gente la use para sus comunicaciones cotidianas. Caña a la fake news, y a los bots. Lo verificado es lo que sale en la red social pública.
  • Big data a tope para controlar lo que pasa dentro de las empresas, si nos pagan todas las horas trabajadas, si estamos dados de alta o si estamos en negro, simplemente con llevar el móvil encima y una app activada. Centralizar los cobros y pagos de las empresas a través de un sistema informático estatal. Contabilidad, impuestos, nóminas… todo automático y en tiempo real, sin que ningún Pepe el del Bar, o Manolo el de la Gestoría pueda meter mano.
  • Introducir la informática y la Internet de la Cosas a gran escala en el campo, Big data y algoritmos que recojan y procesen la información y la balanceen con variables climáticas, medioambientales, de rendimiento, de bienestar animal…
  • ¡Votar! Referendums, leyes importantes, realizar encuestas masivas sin cocina. Ya hay universidades trabajando en sistema informáticos que permiten votar presupuestos y modificarlos al vuelo según las preferencias agregadas de los votantes.
  • Y por supuesto, planificación de la economía.

Imagínatelo: infraestructura de datos, algoritmos y Big data públicos y gratuitos. El límite es el cielo.

Enrique Gallart Pérez-Santamarina

Oviedo 1978. Redactor jefe de lamayoria.online, colaborador de nortes.me

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