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Cultura

Nacho Suárez Blanco y las orejas del lobo

El artista avilesino lanza un aullido de ánimo desde su encierro en casa.

Nacho Suárez Blanco homenajea al personal sanitario en su obra.

Nacho Suárez Blanco (Avilés 1985) ya le ha visto más veces las orejas al lobo, pero es la primera en la que se ha visto obligado a encerrarse y clausurar su academia de artes plásticas en Avilés, donde imparte clases a alumnos de diferentes edades y niveles desde hace ocho años. Se da la circunstancia de que el 14 de marzo se encontraba desarrollando también la que iba a ser su siguiente exposición, “Pro_Lobo”, que iba a inaugurarse el 26 de marzo en una sala pública, el Palacio Valdecarzana de Avilés. Como su estudio de pintura está en el altillo de la propia academia, el confinamiento afectó a los dos quehaceres. Algún día que ha querido acercarse por allí para recoger materiales ha tenido que vérselas con la policía, presentar papeles y regresar rápidamente a su domicilio.

“Así que me encontré en casa, con mi pareja, mi perra y mis dos gatos y el material de trabajo más apto para un piso (rotuladores, acuarelas…). En un primer momento continué con la temática de la exposición suspendida, con apuntes a partir de fotos de mastines encerrados en la perrera de Mieres que había tomado dos años antes, en colaboración con la protectora de animales Alma Animal Asturias”, indica. Al final la serie se convirtió en todo un alegato a favor de los lobos, con cuadros impresionantes sacados de crueles imágenes insaciablemente reproducidas por los medios de comunicación en las que estos bellísimos animales aparecen colgados de postes, señales y letreros, o incluso atados a la rueda trasera de un vehículo todoterreno, como horripilante trofeo de una lucha siempre desigual entre hombre y naturaleza (y ha tenido que venir un virus diminuto para tomarse la revancha).

Al final la serie se convirtió en todo un alegato a favor de los lobos, con cuadros sacados de crueles imágenes insaciablemente reproducidas por los medios de comunicación

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, su presentación al público fueron contundentes ensamblajes que sobrepasaban con mucho los límites bidimensionales de lo pictórico para acercarse sin comedimiento a lo tridimensional, más allá incluso de lo escultórico. A continuación pasó a la fotografía intervenida para volver casi definitivamente a la pintura y el dibujo, que es lo que enseña en su academia. Su obra, de raigambre surrealista, tiene que ver con la liberación de los deseos y en ella suele usar una multiplicidad de imágenes, que se enfrentan a veces de forma dialéctica, en series como la titulada “Paralelismos”, que presentó en 2017 en el Manglar de Oviedo y en la que combinaba obras maestras de la pintura y fotos de diferentes épocas.

“Pro_Lobo”

Otras exposiciones han sido “Pictorialismo Post Scriptum”, que presentó en la Sala Borrón de Oviedo en 2010, “Apuntes sobre la imagen del deseo”, que llevó a la Galería Texu de Oviedo en 2011, “Transfiguraciones” , mostrada en el Valey Centro Cultural de Castrillón en 2014 o “La mirada violeta”, que presentó en la Galería Octógono de Avilés en 2017 y unos meses más tarde en la exposición colectiva FOV, basada en la ópera Fuenteovejuna y en sus temas esenciales, el abuso de poder y la violencia contra las mujeres. En esta exposición, celebrada en colaboración con Ópera de Oviedo, participaron también sus alumnos de la academia y él diseñó el cartel. La serie violeta, como su título expresa, es una mirada sobre las mujeres y el feminismo, reflejada en un mosaico de retratos femeninos y de líderes del movimiento.

¡Vamooos!

Pero que el hombre no es siempre lobo para el hombre (y para la mujer y para los animales) lo demuestra el trabajo iniciado apenas unos días después del arranque de la cuarentena y que también ha adquirido la forma de retrato múltiple. “El 20 de marzo una amiga muy cercana a nosotros, técnica de rayos en la sanidad pública cántabra, nos cuenta que ha empezado con síntomas del COVID-19. Afortunadamente el proceso no revistió gravedad”. Justo un día antes la amiga había compartido un “selfie” con la mascarilla puesta, pulgar en alto, y el siguiente mensaje: “Más que día a día, nos reorganizamos hora a hora. Haremos todo lo posible para poder atender cuanto antes a los pacientes a los que les han suspendido consultas, tratamientos, intervenciones, y en nuestro caso, diagnósticos. Aguantad la cuarentena, cuidaos, cuidad y cuando todo esto acabe volveremos con más fuerza a atenderos a vosotros. Ya queda menos. ¡Vamooos!”.

“Sabíamos que estaba sola, en aislamiento lejos de su casa y de su familia en Asturias (precisamente por la precarización en las condiciones laborales de la sanidad pública, que no son nuevas aunque ahora sean tan evidentes, ella lleva años, como tantos otros, esperando un traslado “a casa”). También que por su carácter (persona fuerte, decidida, enérgica y luchadora como pocas) quizás la espera le resultase frustrante. Así que la idea de esta serie parte de un regalo, a modo de ánimo, a una amiga. A partir de ahí surgió la idea de hacer el mismo regalo a otros profesionales (a algunos los conozco, a la gran mayoría no) pidiéndoles selfies, en muchos casos sin decirles para qué hasta que ven el resultado”, cuenta Nacho Suárez.

Nacho Suárez trabajando en su estudio con su gata Psiké.

La cuarentena y el trabajo del personal sanitario fue catalizador de una idea que ya le rondaba desde hacía tiempo. “El autorretrato ha sido un género clave a lo largo de toda la historia del arte y me interesaba la relación entre un autorretrato de Durero o Van Gogh y un selfie contemporáneo en el que cualquier persona puede inmortalizarse, vertiendo quizás sin ser consciente mucho de su personalidad en ese selfie. En este caso se trata de retratos a partir de autorretratos en los que a la personalidad del fotógrafo-autor se añade la huella inevitable del pintor. La técnica empleada –rotulador–, forzada en parte por las circunstancias de confinamiento, le da un halo pop a la obra que considero ha resultado funcionar muy bien”.

Los retratos se han hecho sin más pretensión que ser regalados a los modelos, “aunque de ellos ha surgido la idea de que quizás se puedan exponer antes en alguna sala del propio hospital de Santander cuando todo esto pase”. Probablemente lo haga bajo su nuevo nombre artístico, Blanco Buría, formado por su segundo apellido y el nombre de la casa de sus abuelos, como ya figura en su blog. Y será como un aullido de ánimo y un grito de dolor post-pandemia, para que no se olvide.

Luis Feás
Escrito por

Periodista, crítico de arte y comisario de exposiciones. Ha escrito en La Voz de Asturias y Atlántica XXII entre otros medios. http://luisfeas.com/contacto/

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