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Entrevistas

“No podemos descartar que vuelvan los hombres de negro y sus reformas neoliberales”

La jurista y eurodiputada de UP Eugenia Palop reclama una apuesta decidida por los eurobonos y una salida solidaria.

María Eugenia Palop es portavoz de UP en el Parlamento Europeo.

María Eugenia Rodríguez Palop (Llerena, Badajoz, 1970) es jurista, profesora de filosofía del derecho en la Universidad Carlos III de madrid, y desde el año pasado portavoz de Unidas Podemos en el Parlamento Europeo, candidatura que encabezó como independiente. Especializada en cuestiones de género y derechos humanos, su último libro es “Revolución feminista y políticas de lo común frente a la extrema derecha” (Barcelona, Icaria, 2019). El confinamiento le ha pillado en Madrid. Hablamos con ella sobre las claves europeas de la crisis en la que estamos.

¿Sin los famosos coronabonos España se verá abocada a hacer recortes?

Es arriesgado hacer previsiones causales de ese tipo, pero lo que está claro es que hace y hará falta un desembolso extraordinario de recursos y que tenemos que pensar cuál es la mejor manera de afrontar la deuda que se genere y acceder en condiciones igualitarias a los mercados.

La cuestión de los coronabonos vuelve a poner encima de la mesa si la respuesta a la catástrofe del COVID-19, sanitaria primero y social y económica después, tiene que ser estatal o si tiene que haber una respuesta conjunta desde la UE y sus Estados miembros. Una pandemia global como esta no responsabiliza a nadie en particular y nos hace a todos corresponsables de limitar el riesgo para los demás. No es posible limitar su amenaza desde la no cooperación. Pero si la cooperación sirve para evitar su expansión y cuidar al otro, también debe servir para ayudar a quien está sufriendo sus consecuencias de una manera más intensa y dañina.

España, al igual que Italia, han tenido que poner en marcha medidas urgentes que están exigiendo un enorme gasto público y les obliga a prever un descenso notable de sus ingresos vía fiscal. En la medida en que se trata de economías profundamente endeudadas, la financiación extraordinaria a la que tienen que recurrir inevitablemente empeora sus condiciones de acceso a los préstamos del mercado. Una nueva crisis de deuda amenaza y pone indudablemente en riesgo un Estado social ya profundamente debilitado desde la crisis financiera del 2008.

“Una nueva crisis de deuda amenaza y pone indudablemente en riesgo un Estado social ya profundamente debilitado desde la crisis financiera del 2008”

Los llamados coronabonos son una de las respuestas posibles que pueden evitar que el incremento de la deuda no se traduzca en un daño económico y social peor del que ya estamos enfrentando. Al mutualizar la deuda cada país pagaría la suya, pero accederían a los préstamos en las mismas condiciones. Además, al ser una emisión de deuda conjunta de toda la UE, no aumenta la deuda pública de cada país. Es decir, se trataría de proteger en común a los Estados más vulnerables frente a los mercados.

El FMI prevé una caída del PIB en nuestro país en el 2020 de un 8% y el ascenso del paro a un 20,8%. Con el aumento del paro se reducirán los salarios y las rentas y no se podrán aumentar los ingresos fiscales para incrementar el gasto público en la medida necesaria… así que será imposible abordar esta crisis en solitario. Por esta razón, y porque la pandemia afecta a todos los países de la Unión Europea, lo suyo es mutualizar la deuda, afrontar un problema común, asumiendo los riesgos entre todos.

El 17 de abril se discutió en el Parlamento una Resolución para hacer frente a esta emergencia sanitaria y el Grupo de Los Verdes presentó una enmienda apoyada por nosotras y por los socialistas que podría haber abierto esta vía. Sin embargo, populares y liberales prefirieron recoger en el texto una mención deliberadamente confusa y sin garantías sobre unos ‘bonos de recuperación garantizados por el presupuesto de la UE’ que habrá que ver cómo y cuándo se concretan… y que exigirían un incremento del presupuesto que es completamente impensable a corto-medio plazo.

Otras soluciones pasan por facilitar, en su caso, la respuesta individual de cada Estado. Este sería del MEDE: un fondo de rescate de los Estados condicionado a poner en marcha políticas de reducción del gasto público, desregulación y privatización de los servicios públicos.

El uso de este instrumento se condiciona ahora solo a luchar contra la pandemia, pero eso puede cambiar, y cambiará, cuando se necesite para la reconstrucción económica del país. En ese caso, se aplicarán las condiciones que ya conocemos. Y es que, según los propios Tratados, el MEDE se activa siempre condicionado y ya sabemos que el incumplimiento de los Tratados puede llevarse ante el Tribunal de Justicia de la UE. Seguro que los Países Bajos están pensando en esta posibilidad.

Nuestro marco de estabilidad presupuestaria es muy parecido al del 2008 y, por tanto, no puede descartarse que los hombres de negro y sus reformas vuelvan pasado un tiempo.

Por eso, una de las disputas en este momento, pasa por eliminar cualquier condicionalidad en el acceso a esta ayuda financiera o a cualquier otra que se proponga. Que no haya hombres de negro de la troika vigilando a los países que hoy necesitan ayuda para gastar y evitar que sus economías se hundan.

En fin, España, sin coronabonos, estaría obligada a conseguir por sí misma condiciones de financiación de la deuda en plazos largos, a tipos de interés bajo y sin la obligatoriedad de poner en marcha programas económicos neoliberales. Además de impulsar reformas fiscales que redistribuyan proporcionalmente la riqueza, no sólo para pagar las deudas, sino para crear las condiciones de la recuperación: fortalecer los servicios públicos, ampliar la protección social e impulsar un cambio de modelo económico que haga frente a los desafíos globales a los que nos enfrentábamos ya antes de esta crisis.

María Eugenia Palop en una visita reciente a Xixón. FOTO: Iván G. Fernández

¿Por qué Alemania, Holanda y otros países del Norte de Europa se están oponiendo a prestar más apoyo económico al Sur?

Lo que tienen en común Alemania, Holanda, Austria y Finlandia es que les gusta verse como cigarras, simpatizar con el club de los frugales (no amigos de la cohesión) y ser ortodoxos de las reglas del PEyC para evitar lo que entienden como una transferencia permanente de los países del norte hacia los del sur. Creen, además, que, en la medida en que tengamos acceso a una deuda mutualizada, tenderemos a endeudarnos más.

Desde su relato, los países del sur se han endeudado por ser derrochadores, pero España tenía una deuda pública del 35% en 2006 y si ahora esa deuda está en el 100% es porque tuvo que hacer frente a una crisis y capear la gestión que de esa crisis se hizo en 2008.

La disyuntiva entre reducir deuda y compartir deuda es, además, radicalmente falsa porque compartir riesgos es reducirlos.

“A Alemania, Holanda, Austria y Finlandia les gusta verse como cigarras”

¿Qué ha fallado en la respuesta europea a la crisis del Covid19?

En primer lugar, ha habido respuestas estatales distintas, descoordinadas y contradictorias que han ido aumentando el riesgo de contagio de todos.

En segundo lugar, las instituciones europeas han respondido tarde y cuando lo han hecho han corregido las iniciales derivas estatales tratando de enfrentar las urgencias sanitarias y la amenaza de los mercados. La respuesta del BCE y de la Comisión, una vez corregida, se orientó en esta dirección.

Sin embargo, como ya he explicado, la respuesta que se ha ofrecido ha sido totalmente insuficiente.

El debate sobre los coronabonos o la mutualización de las deudas de los Estados está poniendo a prueba la legitimidad de una UE que ha demostrado capacidad común para imponer sacrificios en aras de garantizar la estabilidad presupuestaria, pero que tiene dificultades para priorizar la salud y la protección de la vida de la ciudadanía europea en su conjunto.

Europa debería desterrar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento pero no lo hace. Habría que articular planes de armonización fiscal y laboral, y permitir al BCE financiar directamente a los Estados, pero esto, de momento, no va a suceder. Ahora mismo hay altas posibilidad de volver a fracasar. Ya fracasamos en 2008, con la senda de la austeridad que tanto sufrimiento provocó y sigue provocando, y en el 2015, cuando dejamos fuera de nuestro corralito o en manos de Turquía a miles de refugiados.

¿Ha quedado el Parlamento marginado en la gestión de la crisis?

Totalmente. Han dejado fuera a la única institución democrática que tiene la UE para responder a la crisis. Sassoli siempre fue partidario de la mutualización de las deudas y de una respuesta común… y es inevitable pensar que, por esta razón, se ha quedado fuera de las negociaciones. El Parlamento, con todo, y como ya he explicado, podría haber avanzado bastante más de lo que lo ha hecho.

Yo creo que tenemos que seguir presionando para que la Comisión y el Consejo apuesten de forma decisiva por los eurobonos. Si de verdad han aprendido alguna lección de la crisis de 2008, como sugiere la disculpa de Von der Leyen a Italia por no ‘ayudarla’ a tiempo, tienen que pasar ya de las palabras a los hechos.

“La UE debe abrir una salida cooperativa y solidaria”

¿Cuál debería ser la posición de la UE como actor internacional frente a la pandemia?

La UE debe abrir una salida cooperativa y solidaria optando entre dos alternativas importantes: entre vigilancia totalitaria y empoderamiento ciudadano y entre aislamiento nacionalista y solidaridad mundial.

¿Valoración del acuerdo del Eurogrupo?

El Eurogrupo ha alcanzado un acuerdo tardío e insuficiente sobre el uso del fondo de rescate del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Tardío porque llegaba un mes después del inicio de la crisis en Italia, de hecho, Von Der Leyen tuvo que pedir perdón “por no llegar a tiempo cuando el país necesitaba ayuda”. Insuficiente porque, aunque parezca que Italia, España y Francia han ganado esta mano a Holanda y Alemania para que no haya condicionalidades en los préstamos, se trata de una medida temporal y limitada al uso de recursos para combatir el COVID19.

El acuerdo no incluía ninguna mención a la mutualización de la deuda pública y dejaba en la indefinición el Fondo para la Reconstrucción que deberá ponerse en marcha para reactivar la economía después de la pandemia. Es decir, algo muy parecido a lo aprobado por el Parlamento este viernes, que no aporta detalles de ese Fondo y se refiere de forma muy vaga a unos “bonos de recuperación garantizados por el presupuesto de la Unión Europea”. 

Igual cuando queramos tomar una decisión para defender a Europa, no hay ya una Europa que defender. Si seguimos por este camino, alimentaremos la eurofobia y el nacionalismo excluye del que se nutre la extrema derecha.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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