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“El confinamiento ha supuesto un flash de ciudad sana recuperada para el peatón”

Carlos Rodríguez defiende impulsar la bicicleta para preservar la reducción de la contaminación conseguida en el confinamiento.

Carlos Rodríguez, portavoz de 30 días en Bici, en el paseo de la playa de poniente Xixón. FOTO: Iván G. Fernández

Hace una década nacía en Minneapolis, EEUU, una iniciativa que retaba a los habitantes de la ciudad más poblada del estado de Minesota, a usar durante todo un mes la bicicleta. Tres años después, en 2013, nacía el movimiento internacional “30 días en bici”, que hoy existe en 70 ciudades de todo el mundo. Un apasionado de la bicicleta, Carlos Rodríguez (Xixón, 1967), impulsaría en Xixón la primera edición de “30 días en bici, que ha convertido a la ciudad en centro mundial de este movimiento. La iniciativa reta a los vecinos y vecinas de Xixón a usar la bici durante un mes para todo tipo de situaciones cotidianas: ir a trabajar, ir al cine, visitar a los amigos, salir de tapas… Carlos y los suyos la han convertido, con el apoyo del Ayuntamiento, en todo un festival que incorpora excursiones, bici-conciertos, conferencias, y que este año el confinamiento ha obligado a trasladar al otoño. Con Carlos Rodríguez, activista de la movilidad sostenible y ahora también consultor para instituciones y empresas, hablamos de la bicicleta, ese viejo invento, que parafraseando a Gabriel Celaya, es un medio de transporte “cargado de futuro”.

Estos días se está hablando mucho de impulsar la bicicleta para el desconfinamiento. ¿Qué puede aportar la bici a la vida en la “nueva normalidad”?

Bajo el prisma de la salud, la bicicleta tiene mucho que aportar. Genera salud física y emocional que fortalece nuestro sistema inmunitario y nos hace más “felices”. Por otro, no contamina y así ayuda a proteger la salud de las personas sensibles al coronavirus y otras enfermedades cardiorespiratorias. Y finalmente, no hace ruido lo que nos proporciona un mayor bienestar emocional en tiempos de crispación, como todos hemos vivido estos días pasados. La bicicleta necesita menos espacio y puede mover a muchas más personas en el mismo tiempo que el coche privado con un coste social muy inferior. Es el modo de transporte más rápido en distancias de hasta 8 kilómetros, las más habituales en los entornos metropolitanos, y muy económico, tanto para la persona usuaria como para las administraciones locales. La bicicleta es la única opción limpia, justa y sostenible para descongestionar el transporte público y facilitar la distancia interpersonal recomendada. Para todas las personas que puedan hacerlo desplazarse en bicicleta debería ser una cuestión de responsabilidad y solidaridad con aquellos que solo pueden desplazarse en transporte público.

¿Crees que puede consolidarsae la tendencia de ir a trabajar en bici?

Las empresas van a tener que hacer planes de transporte sostenibles. La movilidad al trabajo es responsable de la mayoría de los desplazamientos no sostenibles. Cuando un empresario se instala en un polígono está externalizando un coste ambiental y en tiempo de desplazamientos a la sociedad y a la persona empleada. Tenemos que lograr que las empresas vuelvan al centro de las ciudades, que pongan biciaparcamientos, se impliquen en potenciar la movilidad sostenible…Es algo que también las va a favorecer en términos de imagen pública.

¿Qué enseñanzas desde el punto de vista urbano podríamos sacar del periodo del confinamiento?

Estos días todas las ciudades han sido verdaderos laboratorios urbanos vivientes. Su morfología absolutamente cochecentrista ha quedado más que nunca desvelada: con las calles vacías todavía se visualiza con mayor claridad el injusto reparto del espacio público con un 70% dedicado al coche. Calzadas inmensas vacías y las personas afanándose en vano en mantener la distancia interpersonal en la acera residual. Y de forma natural muchas personas han ido re-ocupando la calzada decididamente. Las redes sociales se han llenado de imágenes de cielos libres de contaminación y las personas se han reencontrado con cosas como el oler la hierba mojada desde sus ventanas o el canto de los pájaros. Es un flash de la ciudad sana recuperada que ahora podemos defender con una salida del shock que prime el respeto del ecosistema urbano, la salud, la equidad y nos prepare para ser más resilientes en próximas crisis.

“Las redes sociales se han llenado de imágenes de cielos libres de contaminación y las personas se han reencontrado con cosas como el canto de los pájaros”

Ayer Ecologistas en Acción decía que Xixón era precisamente una de las ciudades donde la contaminación se había reducido más…

Una enseñanza clave que tenemos que sacar es que la ciudad es el espacio en el que aterriza sostenibilidad global y donde podemos desarrollar el todo el potencial humano para la resiliencia frente a crisis como la que estamos viviendo. Las ciudades compactas, con servicios distribuidos y una buena mezcla de usos están más preparadas para hacer frente a un shock como el que ha provocado el Covid-19. Renaturalizar la ciudad y relocalizar la cadena de suministro urbana con productos de cercanía sería la clave para avanzar en este sentido de forma justa y sin dejar a nadie atrás. En París, por ejemplo, Anne Hidalgo, la alcaldesa, está hablando de la “ciudad a 15 minutos”. Que todo lo que necesites para el día a día esté cerca.

¿Qué cambios a muy corto plazo, semanas, se podría hacer en la ciudad para acercarnos a ese modelo de cercanía?

Nos encontramos en un momento delicado con la desescalada en el que hay que cuadrar la ecuación de favorecer la movilidad esencial con los medios más sostenibles para no sufrir una “pandemia automovilística” al tiempo que garantizamos la distancia interpersonal. Con el transporte público, momentáneamente mermado en su capacidad para transportar a un gran número de gente hay que potenciar la movilidad activa a toda costa. Por eso es necesario abrir ejes peatonales y ciclistas en la ciudad. Una red estratégica implementada a nivel táctico con señalización temporal, no tendría grandes costes de implantación. Es imperativo abrir espacios para la movilidad peatonal y ciclista y se debería hacer aplicando soluciones ad-hoc para cada tipo de vía existente en la jerarquía viaria urbana e interurbana. Las calles más estrechas sin aceras que garanticen la distancia de seguridad se podrían cerrar al tráfico motorizado, permitiendo acceso a garajes, abastecimiento comercial, servicio a personas con movilidad reducida y servicios de seguridad con la velocidad limitada a 10 km/h. En otras calles con más sección se podrían crear espacios compartidos con prioridad peatonal y ciclista con 20 km/h de velocidad máxima para los vehículos motorizados. Los corredores ciclistas es una solución que propugna ConBici y que se está aplicando en muchas ciudades del mundo.

Carlos Rodríguez, promotor de 30 días en Bici, en el paseo de la playa de poniente Xixón. FOTO: Iván G. Fernández

No hay un consenso al 100% sobre los carriles bici. Una parte del movimiento ciclista los critica.

Es un debate que ha estado muy polarizado, y que creo que tiene que ver más con ciertas críticas a algunas infraestructuras ciclistas de muy mala calidad, y que se hacen con una concepción que privilegia el coche sobre peatones y ciclistas. Por otro lado no hace falta que tengamos que hacer carriles bicis en todas partes. Se pueden combinar estrategias. Carriles bicis en algunas calles, calmado de tráfico en otras, y reducir la velocidad de los coches a 30. La victoria no es ser la ciudad con más kilómetros de carril bici, sino poder moverte en bici de forma rápida y segura. La forma para conseguirlo es secundaria.

¿De qué forma la introducción de la bici modifica la ciudad?

Se convierte en una ciudad que va a otra velocidad. Reduce la contaminación, el ruido, recupera espacio que ahora está monopolizado por el automóvil. Son beneficios que repercuten tanto en el que va en bici como en el que no la usa. El coche está sobre representando, ocupa la mayoría del espacio público cuando no es el medio de transporte más usado. En Xixón el 60% de los desplazamientos son a pie.

“Los beneficios de la bicicleta repercuten tanto en el que va en bici como en el que no la usa”

¿Estamos muy lejos de llegar al nivel de ciudades europeas como Amsterdam?

Soy optimista. En Amsterdam y en general en Holanda el movimiento en defensa de la bici tiene una historia muy larga, pero el gran impulso a la bici llegó en los 70, con la crisis energética. Aquí podemos ir mucho más rápido con todo lo que hemos aprendido de otras experiencias. De Holanda podemos aprender muchas cosas. Su gran éxito es la combinación tren más bici, algo que en Asturies podríamos hacer perfectamente con la red ferroviaria tan potente que tenemos. También han creado autopistas ciclistas.

¿Uviéu – Xixón en bici?

Claro, en hora y media, perfectamente, pero no yendo por el riachuelo y el puente de madera, sino pensando una infraestructura eficaz, con poco desnivel, accesible para la gente.

Actividad de “30 Días en Bici”.

Antes hablabas de la bici como un medio de transporte justo, ¿por qué?

La bicicleta fue una revolución social y tecnológica entre finales del XIX y principios del XX. Es un medio de transporte relativamente barato y multiplicó el radio de desplazamientos de la gente trabajadora. Para las mujeres también. Amplió su capacidad de moverse. Aumentó su autonomía. Modificó su forma de vestirse. Esto sigue siendo así ahora, con la bici puedes moverte de una forma muy barata.

Un tema polémico: ¿transporte gratuito?

¿Gratis es más justo? No estoy seguro, porque es una medida que seguramente va a beneficiar sobre todo a la gente con más posibilidades y más cultura. Otra cosa es si hablamos de abaratarlo. Por ejemplo, 1 euro para moverte por el centro de Asturies. Eso ya me parece más razonable.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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