Después del confinamiento toca reabrir el debate sobre el espacio público

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Adrián Arias
Adrián Arias
Adrián Arias (Xixón, 1988). Abogado. Activista vecinal. Ha sido Presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales en Xixón (2016-2020) y en la actualidad es asesor de la Delegación de IU-GUE/NGL en el Parlamento Europeo.

El concurrido Muro de la playa San Lorenzo ha supuesto una imagen muy viralizada en estas etapas de desconfinamiento. Fotos de profecía autocumplida, con pericia fotoperiodística y con mucho de interés por el click rápido han invadido nuestras redes sociales. Como sociedad necesitamos en esta pandemia cierta culpabilización colectiva después de tanto aplauso de las ocho y de solidaridad vecinal. Pero tras ese impulso momentáneo de auto-odio infligido, se ha vuelto a abrir “el debate” sobre el espacio público.

¿Alguien pensaba que en una ciudad de un cuarto de millón de personas no se iba a producir esa saturación urbana? ¿Alguien en su sano juicio pensaba que las 40.000 vecinas que viven en el barrio más poblado de Xixón como el Llano no iban a abarrotar uno de los parques urbanos mejor equipado como Los Pericones? El problema: la distribución del espacio público.

Y es que de repente nos hemos dado cuenta de varias cuestiones básicas. Nuestras ciudades tienen aceras muy pequeñas, carecemos de espacios verdes intermedios o de transición en los barrios, hemos cedido demasiado espacio a la esfera privada y somos muchas las personas que vivimos en espacios muy reducidos. En Europa hay 33 áreas en las que en un km2 viven más de 40.000 personas y 23 de ellas están en España.

Pero también hemos visto cómo el barrio es fundamental, es el núcleo resiliente y la distancia peatonal es una conquista social que debemos defender con uñas y dientes. Nuestra farmacia, nuestro centro de salud, nuestro comercio de proximidad y nuestra librería son hoy privilegios urbanos vitales.

Una de las decisiones más eficientes y sencillas ha sido el cierre de zonas enteras para ampliar la zona de paseos y práctica deportiva

¿Medidas? ¿Qué medidas?

Con la movilidad del coche restringida a máximos históricos y la colonización ciclopeatonal de espacios, una de las decisiones más eficientes a la par que sencilla ha sido el cierre de zonas enteras para ampliar la zona para el paseo o la práctica deportiva. Casi todas las ciudades lo han hecho, pero la tercera ley de Marx-Newton nos dice claramente que: “toda acción genera una reacción igual, pero en sentido opuesto” y esa respuesta no se ha hecho esperar.

Terrazas para todas y que no cierre ENSIDESA

Asturias es la decimotercera economía de España, con un peso especial del sector industrial que aunque fuertemente golpeado por la desindustrialización sigue manteniendo un fuerte escudo salarial, aunque con un sector servicios que domina claramente el tablero económico. Cualquier paseo rápido por cualquiera de nuestros núcleos urbanos nos demuestra una cosa: nuestros espacios de socialización están en los bares, los restaurantes o sidrerías. Y también eso se traduce en un importante tanto por ciento en empleos directos e indirectos.

El confinamiento ha provocado que esos “bares, qué lugares” hayan tenido que cerrar y sufrir un duro revés a sus ya maltrechas economías, por no hablar del impacto en la precariedad laboral del sector plagada de temporalidad, condiciones labores pésimas y siempre en el filo de la navaja del incumplimiento legal. Pero como en todo, aquí también hay un sesgo de clase. Y si no repasen las últimas dos semanas de declaraciones de las patronales de hostelería.

A la llamada patronal han acudido raudos todos los ayuntamientos asturianos, que se han lanzado en tromba a apoyar al sector, curiosamente con dos medidas calcadas. La primera es la ampliación del espacio de terrazas, algo de por sí entendible por la necesidad de evitar lugares cerrados para la socialización, pero que implica que el espacio público recuperado corra el riesgo de ser usurpado por la iniciativa privada (que a todas nos gustan las terrazas lo sabemos, pero dejemos de pensar en el yo y pensemos en el nosotras). No deberíamos permitir que la inmensa oportunidad de recuperación del espacio público que se puede abrir con estos debates post-COVID suponga una reapropiación de lo privado. Y ya sabemos las consecuencias urbanas de esos procesos, nos pilla avisadas.

La segunda medida es la suspensión de tasas municipales. Una medida lógica pensarán muchas personas. Un sector muy golpeado necesita ayuda y la vía impositiva es un elemento rápido de reactivación. El problema radica en que esta suspensión no es progresiva, alcanza límites temporales muy amplios que luego serán difíciles de corregir e impacta sobre unos ingresos muy necesarios en las maltrechas arcas municipales. Quizá la urgencia de tomar medidas haya dejado poco tiempo a los munícipes para pensar el fondo de la cuestión. Pues mañana las grandes industrias pedirán que se les exima del IBI por el volumen de trabajadores/as que tienen, y a ver cómo les dices que no.

David Harvey define con maestría en su imprescindible Ciudades rebeldes que “la ciudad es el lugar donde se entremezcla gente de todo tipo y condición, incluso contra su voluntad o con intereses opuestos, compartiendo una vida en común”. Aunque el COVID19 ha abierto nuevos debates urbanos, en el fondo tienen mucho en común con los que hace escasamente tres meses teníamos: el lugar del espacio público y de las clases sociales en la ciudad.

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