“No somos totalmente conscientes de la tragedia que está ocurriendo”

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Toño Suárez
Toño Suárez
Oviedo/Uviéu. De prensa y radio. Pasé por La Nueva España y escribí para El Comercio y La Voz de Asturias. Empecé en Onda Cero Asturias y ahora estoy en RPA al frente del programa Rebelión en la grada

Se cumplen dos meses desde que el Gobierno de España decretara el estado de alarma y el confinamiento de la población como respuesta a la expansión del COVID-19 por nuestro territorio. El virus que no fue una gripe ha dejado hasta el momento una cifra cercana a los 27000 fallecidos en nuestro país, con más de 220000 contagiados y cerca de 270000 víctimas a lo largo de todo planeta.

Más allá del ruido que nos están dejando la bronca diaria de nuestra clase política, una vez más muy por debajo de lo que el país se merece, hay tantas historias distintas escenificadas bajo esta pandemia como el número de personas que la hemos sufrido. Juan José Martínez Jambrina (Zamora, 1964) es director de la unidad de Salud Mental de Avilés y conoce las de sus pacientes: “pese a que hemos visto y leído en los medios de comunicación hasta la saciedad durante estos meses términos como “trastorno de ansiedad” o “trastorno depresivo” que nos han hecho empatizar con los enfermos, el estigma que sufren las enfermedades mentales no se va a terminar con esta pandemia”.

Vamos dando ya pasos hacia adelante, hacia el final del confinamiento: ¿cómo cree que lo hemos hecho en general, por lo que usted ha vivido?

La perspectiva general nos muestra que hemos sido ciudadanos responsables, salvo casos y zonas puntuales, sobre todo en las primeras semanas que coinciden, quizá, con los momentos más duros del confinamiento. Es cierto que este confinamiento, con atención médica garantizada y todos los medios que hay hoy en día a nuestro alcance para el entretenimiento nada tienes que ver con los otros grandes confinamientos que el ser humano ha sufrido en la historia. Paro, aun así, hay que pasarlo y creo que se ha hecho con nota

¿Cómo ha sido este confinamiento para las personas con algún tipo de trastorno mental?

Todos los problemas psíquicos que produce un confinamiento arrancan de una pérdida de libertad impuesta que limita una cantidad de derechos y de posibilidades que habitualmente están al alcance de nuestra mano diariamente. Eso es muy duro y genera un gran sufrimiento. Pero lo genera para la gente que está bajo tratamiento y para la que no, también. En el caso de personas a las que podríamos englobar en el espectro de las enfermedades mentales, el comportamiento, en general ha sido ejemplar. Es cierto que, al igual que en el caso de las personas sanas, unos lo han llevado mejor que otros pero podemos decir que en un porcentaje en torno al 70 o 75% la evolución ha sido muy similar al del resto de la población.

Los pacientes con trastornos de ansiedad, los que tienen que ver con rasgos obsesivos de la personalidad o los hipocondriacos sí que lo han pasado peor. Uno de los rasgos de este virus es lo poco que sabemos de él así que este tipo de personas, que ya de por sí en su vida cotidiana sufren ese tipo de problemas, ve como se agravan sus síntomas y sus miedos por la incertidumbre

Sabemos cómo han sido estos meses en casa pero: ¿cuáles prevé que serán las consecuencias psicológicas tras la pandemia?

Creo que hay dos grandes boques de intervención: el primero el de los pacientes con alteraciones psiquiátricas derivadas por haber padecido la enfermedad o por el fallecimiento de algún familiar cercano debido al virus y las situaciones que se han generado en torno a esto al no haber podido despedirse del fallecido o no haber podido estar junto a él en los últimos momentos. Estos duelos tan forzados, tan anómalos probablemente dejen secuelas. Estos son casos puramente psiquiátricos

El segundo bloque lo conforman las personas que se verán afectadas por la cruenta situación económica que se prevé tras la pandemia. La angustia o la desesperación que les producirá ver cómo sus negocios, sus puestos de trabajo, sus planes de futuro se van al traste les supondrá un sufrimiento y una angustia psíquica muy importante que sólo aliviará con la intervención de medidas sociales, de medidas de apoyo y de emergencia social que sean necesarias, no tanto clínicas.

Los profesionales de la salud, con un trabajo ya de por sí estresante y llevados hasta el límite por esta situación: ¿cómo saldrán parados de todo esto?

He hablado con muchos compañeros, tanto de aquí como de otros lugares y, como imaginarás, son conversaciones llenas de emoción, con mucho sentimiento. Quienes han estado más cerca de la atención a los pacientes han pasado unas semanas muy duras. Bien es cierto que no todos los casos serán iguales. Los profesionales que han trabajado en Asturias han sufrido mucho pero la situación no se desbordó en ningún momento al contrario que otros profesionales en otras comunidades autónomas así que es previsible que cuando se restituya la normalidad no tengan muchos problemas, en general, aunque siempre habrá gente que lo habrá pasado peor y necesitará ayuda. Hay que tener en cuenta que el personal sanitario está acostumbrado a bregar contra el dolor y la muerte diariamente pero, a todo esto, hay que sumarle el miedo por contagiar y contagiarse. Ha sido muy duro pero se superará.

¿Le preocupa especialmente la reacción de la población infantil y los adolescentes tras el confinamiento?

No. Si alguien va a tirar para adelante después de todo esto eso son los niños, los adolescentes con la fuerza y las ganas que dan la juventud y la larga vida que les espera por delante. Me preocupan más los profesionales, los autónomos que han perdido su negocio o sus fuentes de ingresos han mermado sustancialmente tras el fin de la pandemia o los que viven del turismo y a los que esta situación les ha partido por el eje

El sector de la población más castigado por el virus ha sido el de nuestros mayores, nuestros padres y abuelos con los que este asesino microscópico no ha tenido piedad.

El núcleo más maltratado por esta infección ha sido el de mayores de 70 años. Hemos visto cómo se ha cebado con ellos de una manera despiadada pese a que hemos intentado protegerles por todos los medios posibles. Si todos deberemos seguir unas normas de comportamiento social muy estrictas ellos más aún, si cabe. Debemos seguir intentando protegerles de la mejor manera que podamos, ayudándoles en todo lo que podamos hacer por ellos en el día a día. Todo esto pasará pero hasta que esto suceda, no debemos descuidarnos en su cuidado

Mucha gente ha pasado la cuarentena trabajando desde sus casas pero han de ir paulatinamente volviendo a su puesto de trabajo habitual. Y tienen miedo por si las condiciones aun no son las más seguras. ¿Qué recomienda a todos estos profesionales?

Todo va a ser un proceso gradual, como lo está siendo la propia desescalada. Hay temores que se van a ir alejando a medida en que veamos que la epidemia está siendo controlada y de que los niveles de contagio van siendo cada vez menores. Todos estos niveles irán creciendo y con ellos disminuyendo los miedos. Ahora mismo no hay medio para sentirse más seguro que el de cumplir con los requisitos de distanciamiento, lavado de manos frecuente y uso de mascarilla, cuando las circunstancias lo requieran. No hay que olvidar que hemos ido volviendo a nuestros puestos de trabajo en la medida en que los indicadores de personas enfermas o ingresadas en UCI han ido estabilizándose. En esa medida iremos volviendo a la normalidad poco a poco.

¿Tendrá que reinventarse la psiquiatría tras el paso del COVID 19 o todavía tiene recursos suficientes para tratarnos tras el paso de todo esto?

No. Todo lo que estamos viviendo entra dentro del manejo del concepto de trauma y del concepto de trastorno post traumático que, lógicamente, es laborioso tanto a la hora de trabajar con el paciente como el lograr su completa recuperación. Hay un problema de cronicidad: llevamos muchos días confinados, viendo morir gente, día tras día, todos los días. No es un hecho puntual: un grave accidente, un atentado que es horrible pero es un flash. Esto es un goteo constante pero no deja de ser algo traumático y, normalmente, os pronósticos que tienen de recuperación son bastante altos.

Salvo que hayamos sufrido un caso cercano de fallecimiento nos daremos cuenta, cuando salgamos, que mucha gente de nuestro entorno diario, gente que conocíamos de la panadería, de la peluquería, del barrio ya no están…; a día de hoy: ¿somos realmente conscientes de la tragedia que está sucediendo?

No. Desde luego no somos totalmente conscientes de la magnitud de lo que está pasando. Todo es muy intenso emocionalmente. Desde ese familiar fallecido al que no hemos podido ir a velar a esos otros, como decías, que forman parte de nuestro día a día y que, cuando salgamos, empezaremos a echarlos en falta. Va a cambiar mucho la vida de las personas por lo que hay que ir metabolizándolo poco a poco. Lo lograremos. A base de tiempo, eso sí. Y de tranquilidad.

¿El exceso de información ha sido un lastre más que un aliado?

Los medios de comunicación tenéis una función clave, para lo bueno y para lo malo. Pero la búsqueda excesiva y compulsiva de información unida al sensacionalismo de algunos medios no ha sido la mejor de las combinaciones para según qué perfiles de gente. Pero la sociedad, en general, es madura y sabe a qué medios y a qué organismos dirigirse para obtener una información fiable, lejos de titulares que sólo buscan un click o de medios que viven de las fake news.

Una de las joyas de la corono de este país es la sanidad pública, maltratada y recortada en estos últimos años casi hasta el límite. ¿Ha funcionado, pese a todo, de la manera más adecuada?

Si, desde luego. No me cabe la menor duda de que ha funcionado a todo lo que podía dar. Y que este modelo de sanidad, pese a los recortes no se ha llegado a romper en ninguna parte del Estado. Ahora habría que aprovechar todo esto y mirar qué cambios introducir para mejorar mucho más aún para asimilarnos aún más a los modelos sanitarios públicos a los que mejor les ha ido en esta pandemia. Saber que tienen ellos que no tengamos nosotros e importarlo. A nuestro modelo hay que dotarlo de dinero, de personal y de recursos. Y blindarlo. Pero también hay que mirar donde tenemos que cambiar el modelo, a nivel organizativo, para asimilarnos a los que más éxito han tenido.

¿Estamos preparados para una segunda oleada?

Estamos a tiempo. Es ahora cuando hay que invertir en camas de hospitalización, en cama de UCI y en toda la infraestructura y equipos que esta experiencia nos ha demostrado que carecíamos. La mayoría de expertos apunta a un nuevo brote en otoño con lo que tenemos mucho tiempo aun para reforzar todos los dispositivos de salud y podremos parar el golpe

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