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Cultura

Un gran museo que nació con polémica y desinterés

El Bellas Artes de Asturias cumple cuarenta años sin resolver aún sus problemas estructurales

Museo de Bellas Artes de Asturias. Foto: Iván G. Fernández.

El consenso que alcanza hoy el Museo de Bellas Artes de Asturias, considerado con razón entre las cinco principales pinacotecas españolas, se vuelve más extraño al recordar que cuando nació, hace cuarenta años, todavía no se había ganado el corazón de los asturianos, algo que le llevaría décadas. Es más, arrancó entre el desinterés y la polémica, en un duro parto de cuyas contracciones no parece haberse aliviado del todo, a pesar de estas cuatro décadas de trabajo.

Con antecedentes como el Museo de Pintura promovido por la Academia de Bellas Artes de San Salvador de Oviedo en el siglo XIX y la colección de la Diputación Provincial ya en el XX, su origen es la Fundación Pública Centro Regional de Bellas Artes, constituida en 1969, que en 1971 adquirió como primera sede el Palacio de Velarde. La adaptación del edificio se vio condicionada por un deficiente planteamiento museológico muy cuestionado, del que estallaron todas las costuras en su enfrentamiento con la Asociación de Pintores y Escultores Asturianos, con motivo de la segunda Bienal Ciudad de Oviedo en 1978.

Finalmente, bajo un nuevo plan museológico de los que serían a partir de entonces sus directores, José Antonio Fernández-Castañón y Emilio Marcos Vallaure, el 19 de mayo de 1980 se pudo por fin inaugurar el Museo de Bellas Artes de Asturias, con la presencia del entonces ministro de Cultura, Ricardo de la Cierva. Fue con la apertura de siete salas de la planta baja, a las que meses más tarde se añadieron cuatro salas en la parte alta, llegando al poco a las doscientas obras expuestas, incluido el depósito del Ayuntamiento de Oviedo.

En la memoria que redactaron sus directores en 1983, cuentan que “los problemas derivados de la larga, y muchas veces penosa, gestación del museo” determinaron que su apertura no tuviera el eco deseado en la prensa local. Incluso hablan de una “total incomprensión”, a causa de la polémica surgida con motivo de la adquisición del retrato de Carlos II pintado por Juan Carreño Miranda, hoy una de las estrellas de la colección.

Carlos II retratado por Carreño de Miranda

El cuadro fue subastado en 1979 por la casa Sotheby’s como obra del taller de Carreño. Fue examinado por Neil MacLaren, ex conservador de la National Gallery y experto de la casa de subastas, y por Alfonso E. Pérez Sánchez, entonces subdirector del Museo del Prado y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, sin que ninguno de los dos le diera gran importancia. El comprador, por 420.000 pesetas, fue un arquitecto madrileño, que inmediatamente buscó y halló la firma autógrafa de Carreño. Dejó pasar los tres meses de retracto y llamó luego a consulta al especialista Diego Angulo, quien confirmó la autenticidad de la obra.

En agosto de 1981, el cuadro fue comprado por el Museo de Bellas Artes de Asturias y fue presentado públicamente por Pérez Sánchez con todas las bendiciones, esta vez sí, lo que estrecharía su relación con el museo asturiano. Un periódico local inició entonces una campaña asegurando que el lienzo era una copia del conservado en el Museo del Prado, conjetura absurda que se demostró falsa y no tuvo mayores consecuencias, pero hizo daño.

Grandes operaciones

Después vendría una modesta pero adecuada política de adquisiciones que daría paso ya en los años noventa y dos mil a las grandes operaciones, algunas incluso con grandes campañas mediáticas, como la emprendida a partir de 1995 para conseguir que quedara adscrita al museo la dación en pago al Principado de la Colección Pedro Masaveu. Fue un gran salto adelante para la pinacoteca asturiana, con 410 piezas de las que la mitad eran indiscutibles obras maestras, pero cerró las puertas definitivamente a la cesión de las colecciones pendientes de la corporación empresarial, en una enorme oportunidad perdida para Asturias de la que acabó beneficiándose Madrid.

Entre estas grandes operaciones figuran además las compras del Retrato de Jovellanos de Goya y el Apostolado de El Greco que acabaron en el museo. La adquisición del primer retrato que Goya había hecho a Jovellanos se produjo en el año 2000 y fue hecha por Hidrocantábrico, que se hizo con la obra en pago del impuesto de sociedades, pagando 520 millones de pesetas a la familia catalana Valls y Taberner. El Apostolado de El Greco, por su parte, fue adquirido al marqués de San Feliz, Francisco Goicoerrotea, por Aceralia-Grupo Arcelor, que compró por 3.000 millones de pesetas los doce óleos, presentados en sociedad en el Bellas Artes en julio de 2002.

Jovellanos retratado por Goya.

El artífice fue Francisco Álvarez-Cascos, entonces vicepresidente primero del Gobierno, con el apoyo del vicepresidente segundo, otro asturiano, Rodrigo Rato, que entonces era también ministro de Hacienda. Su función fue la de encontrar una empresa encargada de realizar la operación, que Hacienda diera el visto bueno y que el museo destinatario, un museo estatal al tratarse de un impuesto nacional, accediera a ceder permanentemente los cuadros al Museo de Bellas Artes de Asturias.

Tras el añadido de la Casa de los Oviedo-Portal a partir de 1982 y la ejemplar remodelación completa de ambos edificios históricos a cargo de los arquitectos asturianos Cosme Cuenca y Jorge Hevia en 1995, vendría la más reciente intervención edilicia, bajo el mandato de Vicente Álvarez Areces, muy agresiva en lo urbanístico, pues supuso el sacrificio de cinco edificios catalogados y protegidos, entre ellos dos casas-palacio de los siglos XV y XVI, una casa de origen barroco y un noble edificio del siglo XIX, obra de uno de los arquitectos más destacados de la época, Juan Miguel de la Guardia.

La primera fase de esta última ampliación, inaugurada en mayo de 2015, no por esperada fue menos controvertida, en primer lugar por los cuantiosos sobrecostes de construcción (que pasaron de 10 a 27 millones), y además porque no resuelve los problemas estructurales de la pinacoteca ovetense, sino que incluso los agrava, al contemplar una segunda fase que tal y como estaba planteada era en sí misma inasumible por descabellada y despilfarradora.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, obra del arquitecto navarro Patxi Mangado.

De hecho, la apertura se realizó con el Museo de Bellas Artes de Asturias sometido a un presupuesto de economía de guerra, sin dinero ni para contratar a los vigilantes que debían asegurar la apertura en condiciones de los tres espacios al mismo tiempo. El proyecto del arquitecto navarro Patxi Mangado tenía la habilidad de condicionar la salida de los tan ansiados depósitos a la ejecución de una segunda fase tal y como él la había planeado, con un muelle de carga con frente a la calle Santa Ana, lo que afectaría al edificio anexo al Palacio de Velarde rehabilitado en 1995 y perfectamente funcional. Tiene que haber soluciones mucho menos costosas no sólo en lo económico, sino sobre todo en lo urbanístico y en lo operativo, que no deben ser abordadas sin un amplio debate público.

Momentos más plácidos y nuevos retos

Bajo el mandato del nuevo director, Alfonso Palacio, incorporado en 2013, y el trabajo incansable de su personal, el Museo de Bellas Artes de Asturias ha ido llegando a una estabilidad que está dejando momentos menos controvertidos y éxitos más incontestables, como haber superado por primera vez las 100.000 visitas en 2018, gracias a exposiciones como la de la última gran donación que se ha hecho al museo, por parte del empresario astur-mexicano Plácido Arango, recientemente fallecido. Son 33 obras que enriquecen notablemente la colección permanente y por las que fue nombrado patrono de honor, a la altura de otros museos nacionales.

Pero eso no quiere decir que esté todo hecho, ni mucho menos. En la última reunión de su Junta de Gobierno de la pasada legislatura, cuya actividad no está teniendo continuidad en la actual entre otros motivos por el estado de alarma, se marcaron los nuevos retos del Museo de Bellas Artes de Asturias para los próximos años, aparte de la segunda fase de la ampliación.

Entre ellos está desde luego la recuperación de su presupuesto, que en 2009 superó los 4 millones de euros y ahora está en aproximadamente la mitad, a pesar de haber triplicado sus espacios y potenciado sustancialmente su actividad. Para estar a pleno rendimiento, el museo necesita 1.500.000 euros más, de los que un millón correspondería al Principado y 500.000 al Ayuntamiento de Oviedo, conforme al reparto tácito que establece que la financiación corre a cargo del primero en dos tercios y del segundo en el tercio restante. Así se podrían cubrir las plazas de personal que faltan, con total limpieza y criterio claro.

Esta dotación permitiría además recuperar el fondo de adquisiciones, sin el que cualquier museo está muerto. Para ello sería bueno que el Principado recuperara además el 1% cultural al que le obliga la Ley de Patrimonio Cultural, por cuya renuncia desde 2013 el Museo de Bellas Artes de Asturias carece de dinero para comprar obras, puesto que sus fondos se nutrían básicamente de esa partida, suplida en parte por la donación de un benefactor privado, Aureliano Menéndez.

Hay que exigir que en estas compras haya una transparencia total mediante una comisión colegiada. En general hay que velar por el cumplimiento de las normas de transparencia y buenas prácticas, no sólo en lo referente a la elección del director o los honorarios de los artistas, sino también a la estructura de gestión, las formas de contratación del personal, las relaciones con los usuarios o, lo que es quizá todavía más importante, las relaciones entre profesionales.

Una de las salas de la ampliación. Foto: Museo de Bellas Artes de Asturias.

Porque siempre es bueno contar con profesionales independientes, sobre todo pensando en que la diversidad de puntos de vista va a enriquecer cualquier propuesta que se lleve a cabo, sin perder rigor académico. Y, puesto que se trabaja con dinero público, éste se ha de repartir de la mejor manera posible, lo que incluye el cumplimiento de la Ley de Igualdad en el ámbito de la creación y producción artística.

En aquella reunión también se habló de medidas más ambiciosas todavía como el cambio de los estatutos del museo, que están completamente obsoletos. Más que reformarlos, hay que establecer un nuevo marco jurídico, quizá como fundación pública. El director señaló entonces que sería conveniente crear una Comisión para revisarlos y hacer los cambios necesarios.

Pues es imprescindible abrir los órganos de gobierno del Museo de Bellas Artes de Asturias, para que no estén en ellos sólo representantes de los partidos políticos sino también personas físicas o jurídicas que pudieran favorecer los fines del museo y sirvan para extremar los controles. Se podría invitar a la Universidad de Oviedo o las asociaciones de artistas y profesionales del arte contemporáneo, por ejemplo.

Potenciar la integración del museo en la sociedad, darlo a conocer y favorecer el incremento de sus fondos artísticos, es precisamente la finalidad de la recién nacida Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes de Asturias, que se presentó en sociedad el 5 de noviembre del año pasado. Surgida a propuesta del patronato del museo, tiene el objetivo de apoyar e impulsar las actividades de la pinacoteca asturiana desde la colaboración y la divulgación de sus colecciones y actos culturales, con la esperanza de convertirse en ese lazo de unión que en sus orígenes echaron en falta los primeros directores del museo, hoy felizmente jubilados.

Luis Feás
Escrito por

Periodista, crítico de arte y comisario de exposiciones. Ha escrito en La Voz de Asturias y Atlántica XXII entre otros medios. http://luisfeas.com/contacto/

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