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Villar Mir, artífice de la privatización hospitalaria, jurado del Premio Princesa de la Concordia a los sanitarios

El marqués, íntimo de Juan Carlos I, e implicado en los papeles de Bárcenas, ha hecho de la sanidad uno de sus mejores negocios.

El marqués de Villar-Mir con Juan Carlos I. Foto: Casa Real.

El Premio Princesa de Asturias de la Concordia a los sanitarios españoles es una decisión inteligente tras seis largos años de escándalos, errores y fallos comunicativos por parte de la Casa Real. El último discurso a la nación de Felipe VI, en plena pandemia, y sin menciones a la corrupción de su padre, constituyó uno de los mayores patinazos de la Monarquía desde su restauración en España por el franquismo. Con el Premio Princesa a los sanitarios la Casa Real tratará de recuperar parte de su centralidad política en una crisis que le ha ido dejando en manos de la derecha y la ultraderecha. Aunque cada premio tiene su propio jurado independiente, la mano de Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación Princesa, una profesional inteligente, empeñada en la modernización de los Premios y en asociarlos a los valores progresistas, no parece ajena a este intento de relacionar a los prestigiados sanitarios, con los desprestigiados Borbones. Está por ver si se consigue lograr el consenso social deseado, ya que algunos sanitarios ya han mostrado su disconformidad con un premio que consideran una operación puramente propagandística.

En el acta del premio, el jurado destaca que los trabajadores de la salud pública y privada, “con su heroico espíritu de sacrificio, y asumiendo graves riesgos y costes personales, incluso la pérdida de la propia vida, se han convertido ya en el símbolo de todas las personas, instituciones y empresas enfrentadas a esta pandemia, reconocido como tal con constantes muestras de agradecimiento y solidaridad no solo por el conjunto de la sociedad española, sino también en el ámbito internacional”. La mención expresa a la salud privada no es casual. Entre los miembros del jurado, poblado de políticos, empresarios y aristócratas, destaca un nombre propio, el de Juan Miguel Villar-Mir, marqués de Villar Mir, título concedido en 2011 por su buen amigo Juan Carlos I, y uno de los constructores más involucrados en la privatización de la sanidad madrileña.

Villar-Mir, propietario del grupo empresarial del mismo nombre y de la constructora OHL, así como patrono de la Fundación Premios Princesa de Asturias, es un viejo conocido de los movimientos en defensa de la sanidad pública. Como Florentino Pérez, miembro del patronato de los Premios Princesa, y otros grandes constructores, el marqués y sus empresas han sido grandes beneficiadas del proceso de privatización de la sanidad pública. Existen varias vías para ello. Una de las más frecuentes es construir hospitales a cambio de gestionarlos durante 30 años. En tiempos de austeridad presupuestaria ha sido una formula socorrida, ya que así las administraciones no tienen que desembolsar de golpe grandes inversiones, sino que pueden pagarlas a plazos. “Funciona como una hipoteca” señala el médico Javier Padilla, autor del libro sobre la privatización sanitaria ¿A quién vamos a dejar morir?, en el que explica cómo a cambio de adelantar el dinero para edificar el hospital, los constructores firman con la administración contratos leoninos que suponen que durante tres décadas la comunidad autónoma tenga que financiarles con un presupuesto anual creciente, la subida del IPC, más dos puntos, pase lo que pase en la economía. “Por eso cuando llegó la última crisis y hubo que hacer ajustes estos recayeron en la pública, ya que los contratos de los hospitales de gestión privada están totalmente blindados” señala Padilla. Otra cuestión importante en el negocio de sanidad privatizada. Se cobra por paciente. Por lo que a los hospitales de gestión privada les interesa que haya un movimiento de personas permanente circulando por sus instalaciones. “No les interesan las estancias hospitalarias largas, que son muy costosas, sino operaciones sencillas y consultas externas” apunta Padilla, que explica que este tipo de gestión privada se ha generalizado en Madrid con los gobiernos del PP.

Hospital Rey Juan Carlos de Móstoles, financiado por la Comunidad de Madrid, y gestionado por las empresas de Villar-Mir.

Recientemente los periodistas Gorka Castillo y Miguel Mora publicaban en un reportaje de CTXT titulado “¿Quién manda en la privatizada sanidad madrileña?” que los hospitales de Valdemoro, Torrejón, Collado Villalba y Móstoles-Rey Juan Carlos supusieron “un negocio redondo para la constructora OHL, propiedad del marqués de Villar Mir, buen amigo del rey emérito y símbolo de las puertas giratorias del franquismo a la Transición y la democracia”. El grupo Villar Mir gestiona también hospitales en Castilla y León y Castilla La Mancha, en Canadá y otros países, así como residencias de mayores, pisos tutelados y los servicios de atención a domicilio de un buen número de ciudades españolas.

Villar Mir figura en los papeles de Bárcenas como donante de 100.000 euros al PP, cuatro días después de quedarse las obras de la M-30

Ingeniero de profesión, Villar Mir fue ministro de Hacienda entre diciembre de 1975 y julio de 1976, con Carlos Arias Navarro en la presidencia, en uno de los últimos gobiernos del franquismo, el que reprimió la huelga general de Vitoria-Gasteiz, en la que cayeron muertos 5 obreros. Allí fue donde comenzó a trabar buenas relaciones con el Jefe del Estado, convirtiéndose en amigo íntimo de Juan Carlos I. En 1987 compra por el precio simbólico de una peseta la constructora Obrascon a Altos Hornos de Vizcaya. Ese será el inicio del gigante OHL. Un pequeño, pero importante detalle, que quizá explique ese precio tan ridículo: Villar Mir había sido 20 años antes presidente de Altos Hornos de Vizcaya. Siempre bien relacionado con el poder, tanto durante la dictadura como durante la democracia, su nombre figura en los papeles de Bárcenas como responsable de donaciones ilegales al PP. Villar Mir figura en las anotaciones del tesorero del PP como donante de 100.000 euros en B cuatro días después de quedarse con una obra en la M-30 de 25 millones. Su nombre también ha aparecido en los sumarios de la Gürtel y la Púnica. Su habilidad para esquivar las condenas, en todo caso, solo parece comparable a su habilidad para hacer buenos negocios.

Javier Padilla, médico: “para las constructoras los hospitales son un negocio estable y seguro”

Padilla señala que al mundo de la sanidad, aparentemente tan alejado de la construcción, llegó de la mano de Esperanza Aguirre. Para este médico dejar la sanidad en manos de los constructores entraña múltiples peligros, entre ellos una planificación del servicio, no en función de las necesidades de los ciudadanos, sino de los constructores. Los hospitales dan dinero, la atención primaria no. “A los constructores lo que les interesa es construir y que haya obra” explica este médico de familia en un centro de salud de Fuencarral.

Hospital de Collado-Villalba

Desde inicios del siglo XXI todas las grandes constructoras españolas han ido entrando en el negocio de los servicios públicos, y allí donde han podido en el de los hospitales. “Para las constructoras los hospitales son un negocio estable y seguro, riesgos”, expone Padilla, que prefiere hablar más de “parasitación privada al sector público”, que de la llamada “colaboración público-privada” de la que suelen presumir y hacer gala Isabel Díaz Ayuso y el PP madrileño. Un último detalle, las condiciones laborales en los hospitales gestionados por Villar Mir y otros constructores son significativamente peores que en los públicos. Los sanitarios no son trabajadores públicos, sino personal contratado, cobran menos y trabajan más. Según una sentencia de marzo de este año dictada por la sala social del Tribunal Supremo, tendente a igualar las condiciones de unos y otros profesionales, los hospitales privados y concertados, o de gestión privada, como los de Villar Mir, deben 120 horas anuales a cada uno de sus empleados.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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