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Sobre conciliación: apuntes y preguntas

Creemos que conciliamos si podemos dejar al hijo en la guardería o al padre en la residencia e irnos a trabajar.

Ilustración: Bitxo

Conciliación. Conciliación antes, del teletrabajo y de la telescuela y conciliación durante. Conciliación, por supuesto, después. Son muchas las personas que hablan de ella: amigos, conocidos y saludados; periodistas, tertulianos y espontáneos. ¿Políticos? Necesitamos conciliar. Las familias necesitan conciliar. Sin embargo, pregunto, ¿qué es conciliación?
a. Colocar a niños, ancianos y enfermos en colegios, residencias y hospitales para que las personas que tengan trabajo, trabajen.
b. La participación equilibrada de hombres y mujeres tanto en el trabajo como en la familia.
c. Esa misma participación equilibrada lograda gracias a que los roles de hombres y mujeres han cambiado verdaderamente y ambos disponen y disfrutan de las mismas oportunidades de trabajo además de tener cubiertas las necesidades de atención, cuidado a las personas dependientes (niños, ancianos, enfermos…)
Quizá haya más definiciones. Yo planteo estas tres y sigo con las preguntas: ¿cuál de ellas se acerca más a la verdad? ¿Por qué? Y… ¿Podría darse la conciliación en este país? Aventuro otras tres posibilidades a esta última cuestión:
a. No, para ello debemos hacer un cambio radical como sociedad. Y eso no va a suceder jamás.
b. Sí, solo se necesitan más guarderías, hospitales y residencias… ¡Subvencionados!
c. Sí, para ello todos debemos asumir un profundo cambio en nuestras relaciones sociales y exigir una reforma estructural de los sistemas educativo y laboral.
Sea cual sea la respuesta, creo que para llegar a algo sólido, palpable y útil sobre este asunto, el de la conciliación, es importante tener en cuenta un detalle que se olvida a menudo o adrede. Se trata, sin duda, de la crudeza de la división social por clase, edad, origen. Y qué conste que es mi opinión (intuición, más bien) de mujer leída pero sin más autoridad que la de ser madre, amante, amiga, ama de casa, trabajadora por cuenta ajena, etc.
Los ricos o muy ricos no se plantean conciliar, les viene dado sin más: dinero, servicio, poder; los pobres o muy pobres tampoco se lo plantean, aunque por motivos muy distintos: ¿qué es conciliar cuando ni tengo trabajo o comida…?
En cuanto a los del medio… Creemos que conciliamos si podemos dejar al hijo en la guardería o al padre en la residencia, etc., e irnos a trabajar. Creemos, incluso, que estamos eligiendo libremente. Sin embargo, ¿es así? ¿Se elige libremente cuando no queda otra?
Para elegir con conciencia, voluntad y auténtica libertad, es necesario un cambio de chip o paradigma: cambio en los roles, cambio en la diferencia de clases, cambio en la voluntad y acción política…; son necesarios, por supuesto, recursos económicos y humanos, y disponer, claro, de tiempo y espacio.
Con todo eso bien establecido (y ofrecido) una familia, casi cualquier familiar, podrá sin duda conciliar. Esto es: trabajar, cuidar, amar, vivir.

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