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El día que Aurora mató a Hildegart

El escritor Erich Hackl, autor de ‘Los motivos de Aurora’, y el psiquiatra Guillermo Rendueles, reflexionan sobre un crimen que hace 87 años conmocionó a la España republicana.

Erich Hackl y Guillermo Rendueles en Xixón. Foto: Luis Sevilla.

“Un día, Aurora Rodríguez comprendió que tenía que matar a su hija”. Así arranca la novela del escritor austriaco Erich Hackl “Los motivos de Aurora” inspirada en el famoso caso del asesinato en junio de 1933 de la niña prodigio del socialismo y el feminismo español Hildegart Rodriguez, por su madre Aurora. Hildegart Rodríguez Carballeira, fue la hija de soltera y experimento social de su madre, una reformista burguesa gallega que educó a su única descendiente en un estricto programa orientado a hacer de ella el prototipo de la mujer emancipada del siglo XX. Tras abandonar El Ferrol, madre e hija se afincaron en Madrid donde pudieron vivir sin lujos, pero con comodidad, gracias a la pequeña fortuna familiar heredada por Aurora.

A los dos años la pequeña Hildegart ya leía, a los trece se matriculaba en Derecho, y a los 14 era una destacada dirigente de las Juventudes Socialistas que daba mítines por toda España hablando de socialismo, educación sexual y liberación de la mujer. Después de una profunda decepción con el PSOE, Hildegart lo abandonaría para unirse al Partido Republicano Federal, formación muy minoritaria entonces, heredera del histórico movimiento federalista fundado por Francisco Pi i Margall, presidente de la I República española.

En su corta vida Hildegart llegó a escribir 16 obras, entre libros y folletos, y se relacionaría con figuras intelectuales de la talla de Gregorio Marañón o H. G. Wells, que tras conocerla en Madrid le ofreció apoyo para que la adolescente ampliara sus estudios e investigaciones en Gran Bretaña. Una prometedora carrera intelectual que truncaría su asesinato a manos de su madre, decepcionada por el deseo de su hija de vivir de forma independiente, lejos de ella, y la firme sospecha de que se había enamorado de un compañero de militancia. El juicio a la madre asesina acapararía las portadas de los periódicos de la época, y motivaría una gran controversia en el seno de la psiquiatría española acerca de la locura o no de Aurora. Finalmente sería recluida en el hospital psiquiátrico de Ciempozuelos, Madrid, donde falleció en 1955. La editorial asturiana Hoja de Lata ha rescatado la novela de Hackl, de 1987, “Los motivos de Aurora”, inédita en España hasta la fecha. Con Hackl y el psiquiatra gijonés Guillermo Rendueles, autor en 1989 del “Manuscrito encontrado en Ciempozuelos”, ensayo centrado en la figura de Aurora Rodríguez, hablamos poco antes del confinamiento sobre un episodio que conmocionó a la España de la Segunda República, y que ha dejado tras de sí una enorme bibliografía, así como una película “Mi hija Hildegart”, dirigida en 1977 por Fernando Fernán Gómez. Rescatamos ahora este diálogo cuando se cumplen 87 años del crimen.

Portada del libro editado por Hoja de Lata

¿Cómo llegaron Aurora y Hildegart a vuestras vidas?

Erich Hackl: Leyendo a Carmen Martín Gaite me encontré una referencia a Hildegat. A partir de ahí fui tirando del hilo y descubrí lo importante que había sido el caso en España. Todavía en la postguerra si una mujer era rebelde y no quería coser o hacer las cosas de la casa, se la llamaba despectivamente “Hildegart”.

Guillermo Rendueles: Conocí la historia trabajando en el manicomio de Ciempozuelos. Me tocó estar allí en el final del franquismo. Era un sitio espantoso, un psiquiátrico a la antigua usanza, donde tampoco había mucho que hacer. Allí se hablaba mucho de Aurora, una antigua enferma que formaba parte de lo que entonces se llamaba la “aristocracia manicomial”. Tenía una habitación más grande para ella sola, un piano, un gato que había sobrevivido a la hambruna de postguerra… Me puse a investigar y descubrí la historia del asesinato de Hildegart, también todos sus intentos que luego en Ciempozuelos había hecho Aurora de reformar desde dentro el hospital. Desarrolló sus propias teorías, como que todo el mundo debía pasar por el psiquiátrico antes de tener hijos. En los primeros tiempos pensaba que era ella la que mandaba y que eran los médicos los que obedecían a sus ideas. Curiosamente aunque era atea se terminó llevando muy bien con las monjas. Les escribía poemas y todo.

Imagen del sumario judicial

Para tí Erich, Aurora no está loca, pero en cambio para Guillermo sí:

E: Cuando llegó el juicio, la izquierda, para disculparla, dijo que Aurora había perdido el juicio. Ella lo negó durante todo el proceso y se enfrentó a su propia defensa para sostener que estaba cuerda. A mi precisamente como escritor me interesa eso, que Aurora no esté loca. Quiero tomármela en serio a ella y a sus razones. Para ella educar a su hija se convierte en su gran proyecto político, y cuando siente que ha fracasado en su educación decide asesinarla. Me parece que su tragedia es una tragedia muy típica de la izquierda, de esa mezcla de soledad y de frustración que se produce al no lograr cumplir unos ideales muy elevados, y que se termina volviendo en violencia contra los más cercanos en vez de dirigirse contra los enemigos.

G: La discusión sobre si Aurora estaba o no no loca generó mucha controversia en su tiempo y llegó a romper la asociación de psiquiatría. La izquierda defendía la locura, y Vallejo Nájera y los psiquiatras de derechas sostenían que era plenamente responsable de sus actos. Fue un juicio donde se utilizaron técnicas muy novedosas como el Test de Rorscharch. En mi opinión Aurora estaba completamente loca y tiene todos los rasgos típicos del pensamiento paranoide, del loco que se ve a sí mismo en el centro del mundo y que encuentra a todo lo que sucede una justificación que confirma su teoría.

Erich Hackl y Guillermo Rendueles. Foto: Luis Sevilla.

E: A mi la historia me interesaba sobre todo desde el punto de vista político. Publiqué el libro en la época de la Perestroika, cuando aún estaban en pie los países socialistas. Alguna gente lo leyó como una metáfora de cómo las viejas generaciones que han hecho la revolución oprimen a las nuevas generaciones que nacen después de la revolución y no les dejan espacio para crecer. En Cuba por ejemplo se leyó así.

G: Ahí hay algo muy interesante y es que Hildegart a pesar de tener esa madre tan asfixiante y opresiva, elige finalmente la libertad aunque sea a costa de morir. Cuando conocí el caso yo estaba muy involucrado en el movimiento antipsiquiátrico. Los antipsiquiatras teorizábamos que las madres esquizofrénicas generaban hijos e hijas esquizofrénicas. Según esa teoría si Aurora estaba loca, Hildegart debería estar como las maracas de Machín. Sin embargo no es así, Hildegart se enfrenta a su madre y elige vivir su propia vida.

Imagen del juicio de Aurora Rodríguez.

Hildegart es contemporánea de Emma Goldman, de Clara Campoamor, del feminismo europeo. Qué creéis que habría pasado con ella de no haber muerto con 18 años. Tenía interés lo que escribía o era simplemente el de una niña prodigio que daba discursos con 12 años.

G: Forma parte de un feminismo español que es todavía poco conocido. También de algunas corrientes eugenésicas muy de la época, con algunos discursos bastante terroríficos, pero que hicieron furor en la izquierda de la época.

E: He de decir que hace poco la he vuelto a releer y me gustó. En su día cautivó a la gente. Gregorio Marañón la admiraba, a pesar de que había plagiado algunos textos suyos. H.G Wells la conoció en Madrid y la consideraba una genia.

G: No sabemos qué habría pasado de haberse ido con Wells a Inglaterra. Auora llegó a decir que todo era una maniobra de los servicios secretos británicos para reclutarla como espía, y en eso no andaba desencaminada. Historias así se dieron en aquella época en el espionaje británico.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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