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Opinión

Nuestra alegre Juventud

El objetivo parece que es encontrar un culpable: primero le tocó el turno al 8-M, ahora a la juventud.

El objetivo parece que consiste en encontrar un enemigo. Primero le tocó el turno al 8-M, tuvimos que asistir atónitos a las acusaciones desde ciertos sectores de que las movilizaciones feministas habían sido responsables de propagar el terrible virus que afecta de forma tan dura al conjunto del Estado y del planeta. Ese mismo día, hubo competición de fútbol, estadios llenos y no hubo acusaciones.

En estas semanas parece que el blanco ha cambiado, ahora son los y las jóvenes los que están en una diana permanente.  Cualquiera que vea una campaña reciente de algún consistorio o autonomía o de un informativo de los grandes emporios comunicativos podrá creer que nuestra alegre juventud vive ajena a la crisis sanitaria y gastando las horas de botellón en botellón. Cualquier excusa es buena para culpabilizar sin hacer autocrítica.

Nuestra alegre juventud viaja con rumbo a ser una nueva generación perdida entre pobreza y precariedad

Nuestra alegre juventud ha sido la más golpeada por la crisis económica si hablamos de destrucción de empleo y el futuro no parece alentador. Los y las estudiantes más jóvenes estuvieron confinados sufriendo un cambio brutal en sus relaciones sociales y rutinas, durante ese tiempo apenas se trabajó la gestión emocional ni se preparó una buena comunicación para el proceso de ‘nueva normalidad’. No cuesta nada admitir que se cometieron errores en tareas de comunicación, pero la autocrítica suele ser ajena a los despachos.

Es lo que tiene llevar tantos años ignorando las políticas de juventud, que no se conoce la realidad juvenil. ¿El problema es sólo de la juventud? ¿Todas las personas adultas actúan con responsabilidad?

Extender la crítica a la juventud como ente abstracto es también incluir en el mismo saco a una mayoría social responsable y a otros tantos que han trabajado en primera línea durante los meses más duros, algunos en condiciones muy precarizadas o voluntarios y voluntarias de entidades juveniles y sociales que han dado respuestas más rápidas que la Administración, esa misma que ahora criminaliza.

Las campañas paternalistas y amenazantes suelen producir efectos contrarios a sus objetivos iniciales. Sin embargo, campañas en positivo, que trabajan la sensibilización y el compromiso colectivo siempre han resultado ser más efectivas y más si en su confección participa la parte afectada. Concienciación, pedagogía, intervención y como último recurso: sanción.

Campañas en positivo, que trabajan la sensibilización y el compromiso colectivo siempre han resultado ser más efectivas

Pido compromiso colectivo y responsabilidad, porque mientras acusamos a la juventud en caliente, sin análisis, reflexión ni autocrítica, también nos olvidamos de que hay contagios en entornos familiares, laborales, deportivos o próximamente quizás en espacios educativos. Y al calor de la acusación y del estío, nuestra alegre juventud viaja con rumbo a ser una nueva generación perdida entre pobreza y precariedad, y tristemente esto parece no preocupar a nadie.

Álvaro Granda
Escrito por

Presidente del Conseyu de la Mocedá del Principau de Asturies

3 Comentarios

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