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Entrevistas

“Asturias tuvo casos cero durante semanas, pero eso no significa que el virus estuviera eliminado”

El experto en salud pública Ángel López considera que la sanidad asturiana está preparada, pero que debe mejorar la información.

Ángel López en el HUCA. Foto: Raquel Degui.

Ángel López es médico y trabaja en el servicio de medicina preventiva del Hospital Universitario Central de Asturias. Fue director general de Salud Pública durante el pacto PSOE e IU (2003-2007), en la segunda legislatura de Vicente Álvarez Areces. Experto en salud pública, hablamos con él sobre los rebrotes y el riesgo de una segunda oleada del Covid19.

¿Está Asturies preparada para un nuevo rebrote generalizado de la pandemia?

Sí y no. En la medida de lo posible tanto por acopio de material, como por diseño de circuitos, rutinas de trabajo y establecimiento de criterios sí. Ahora bien, una pandemia o una epidemia, por su propio nombre significa un fenómeno inusual que se manifiesta en una medida fuera de lo normal. Existe por tanto un nivel de incertidumbre considerable sobre cómo va a evolucionar mientras no haya un tratamiento efectivo o una vacuna que funcione.

¿Qué deberes tendríamos que estar haciendo de cara al otoño?

Por parte del sistema sanitario creo que los deberes están razonablemente hechos, aunque siempre se puede seguir insistiendo en mejorar las cosas, los medios, la formación, las habilidades… Quizá en el asunto en el que peor estamos, y no he visto muchos cambios a pesar de que todos somos conscientes de ello, es en el tema de la información, tanto la clínica y la epidemiológica como la información a los ciudadanos. En ambos frentes se puede ver que nuestro sistema no está preparado para repensarse a sí mismo ni para dar explicaciones de lo que hace, quiero decir que hacemos las cosas pero como sistema no tenemos la costumbre de evaluar rigurosa y periódicamente lo que hacemos, y eso se nota, tanto en que la ingente información clínica disponible no es explotada para mejorar nuestro conocimiento como en que la información epidemiológica es escasa y no siempre de buena calidad.

Nueva Zelanda habla de una estrategia de eliminación frente a una estrategia europea de mitigación. ¿Cuál es la diferencia?

“Mitigar”, “eliminar” o “erradicar” son términos que tienen un sentido técnico y otro propio del lenguaje común, mezclarlos puede inducir cierta confusión entre la gente. Si hablamos en términos coloquiales eliminar el SARS-COV2 no es posible de momento. Lo que se puede pretender en un territorio determinado y en condiciones favorables es tener cero casos autóctonos, a esto es a lo que se refiere Nueva Zelanda. Asturias tuvo casos cero durante varias semanas, pero eso ni significaba que el virus estuviera “eliminado” de Asturias ni que, por supuesto, lo estuviera en el resto del mundo, así que el virus puede volver en cualquier momento, de hecho nunca se ha ido. Nueva Zelanda al ser un sistema de islas con poca población y bastantes medios pueden aspirar a tener una situación muy favorable, pero de ahí a hablar de “eliminación”, en lenguaje coloquial, hay un abismo.

Entrada del HUCA. Foto: Iván G. Fernández.

¿Dónde están produciéndose los nuevos contagios? ¿Qué peligros son reales y cuáles imaginarios?

No hay nada extraño, los jóvenes, las reuniones familiares, los lugares de ocio con proximidad, son los entornos más propicios para los brotes, pero también tienen más probabilidades los ciudadanos de los los barrios pobres y el precariado (temporeros sobre todo). Yo no hablaría de peligro sino de riesgo. Me explico, en esta situación conversar con cualquiera es un peligro, pero el riesgo disminuye si hablamos a una distancia suficiente y si llevamos mascarilla y aumenta si con quien hablamos es un caso y además no lleva mascarilla. De forma automática si aumentamos los contactos entre personas la probabilidad de que un caso infecte a otros sube (el riesgo es más alto). Que tras el fin del confinamiento la probabilidad de contagio aumentaría era sabido, incluso en zonas donde la prevalencia de infectados es muy baja como en Asturias. La forma natural de expresión de ese incremento del riesgo son los brotes. El virus sigue circulando y a más contactos más infectados. Ahora bien, hemos pasado de una fase en la que la circulación del virus era libre y amplia, a otra en la que esa circulación es bastante restringida. La estrategia sanitaria que se está aplicando: detectar rápidamente los casos, hacer un estudio exhaustivo de los contactos y aislarlos hasta que se demuestre que no son infectivos es la correcta.

El médico Ángel López en el HUCA. Foto: Raquel Degui.

Respecto a lo real y lo imaginario no es fácil pronunciarse. En Asturias es probablemente cierto que hay un 2% de infectados, 2600 diagnosticados y 350 fallecidos, y también que la covid19 va a acompañarnos una buena temporada. Incluso estos números son aproximaciones. También es cierto que el impacto en salud, en términos poblacionales, no es de los peores. Aunque, nada nos garantiza que la cosa no pueda desmandarse, quiero ser razonablemente optimista respecto a lo vaya a suceder en lo próximos meses. Además, no sabemos como será la convivencia de la covid19 con el virus de la gripe y los otros virus respiratorios que suelen precederla en la temporada de invierno, quizá la sensibilización del sistema sanitario, de los ciudadanos y de los políticos debida a la covid19 pueda ser una barrera efectiva frente a ella y frente a la misma gripe, ojalá sea así, pero la posibilidad de un incremento de los brotes, aunque fueran solo importados, que no lo están siendo, podría llevarnos a una difusión comunitaria del virus con un incremento acelerado de casos e ingresos y a correr el riesgo de saturar los servicios sanitarios. Nada está dicho y nadie sabe qué puede pasar. Así que sin alarmismo hay que seguir tomándose esto en serio. Precisamente esta indeterminación es campo abonado para los bulos, la desinformación, las teorías de la conspiración… cuando hay un vacío de conocimiento sólido la imaginación puede hacer de las suyas. La creación de un clima social en el que el otro es visto como un riesgo para mi salud es de las peores consecuencias de las epidemias, en manos de todos está evitar que eso se generalice, porque comportamientos inadecuados en este sentido ya hemos visto más de uno.

“Cuando hay un vacío de conocimiento sólido la imaginación puede hacer de las suyas”

¿Se está exagerando con respecto a la responsabilidad individual y olvidando que es un problema de salud pública?

En algunos momentos y en algunos lugares pudo haber cierto exceso en este sentido. La medicina del riesgo, que es la medicina actual, pone mucho énfasis en la responsabilidad individual de los resultados en salud. Pero esta aproximación no sólo es intelectualmente insostenible, por la complejísima trama que hay tras cada resultado en salud (tanto individual como poblacional) sino claramente ineficaz. La COVID19 es un claro problema de salud pública, pero también de comercio internacional, de modelo de consumo, de distribución internacional del trabajo, de desigualdades, etc. Todo esto es cierto, ahora bien, eso no anula la responsabilidad individual, familiar, de los colectivos y las instituciones para jugar cada uno su papel. Pensar que sólo con el comportamiento individual vamos superar esta crisis es un error, pero pensar que los ciudadanos, individualmente, no tenemos ninguna responsabilidad es otro. Claro que si pedimos responsabilidad a los ciudadanos es necesario darles información accesible, comprensible, completa, rigurosa y frecuente; sobre todo es importante ir adelantando acontecimientos para que los ciudadanos estén preparados y puedan reaccionar de la forma más adecuada en cada momento. Combatir bulos también es una tarea muy relevante. Sin embargo, en todos estos frentes creo que la administración está siendo poco ambiciosa. Quizá la gestión del día a día no deja tiempo para nada más…es una debilidad clara de nuestro sistema.

“Si pedimos responsabilidad a los ciudadanos es necesario darles información accesible, comprensible, completa, rigurosa y frecuente”

¿Nos espera un escenario de desborde con el final del verano?

Si se controlan los brotes quizá tengamos una oportunidad de no aumentar el impacto sanitario y económico, pero si la circulación del virus se hace comunitaria, es decir generalizada, todas las contribuciones serán pocas para enfrentarse a él. Tendremos que proteger a los ancianos y grupos vulnerables, tendremos que ser muy finos en puesta en marcha del sistema educativo, tendremos que mantener el sistema sanitario al cien por cien y quizá a más…y tendremos que mantener el aparto productivo del país en funcionamiento porque sino lo demás se vendrá abajo. En ese escenario, que ojalá no se dé y para que no se dé, la colaboración y la responsabilidad de los ciudadanos es un ingrediente más y no de los menos importantes.

En el caso de la gente joven se ha puesto mucho el foco sobre ellos y hay una queja muy fuerte por esto por parte de los colectivos juveniles

Cualquier grupo humano tiende buscar la responsabilidad del mal fuera de él mismo. Y ciertamente algunos apuntan al comportamiento de los jóvenes como una fuente de problemas. Culpabilizar a cualquier colectivo es siempre un error; jóvenes los hay de muchas clases y en todas ellas hay personas más responsables y otras menos. Aunque los jóvenes, en general, tienen una afectación menor y una evolución mejor, también corren cierto riesgo, y lo más importante es que pueden llevar la infección a personas más vulnerables. Lo que sí es cierto es que tienen que procurar limitar el riesgo siempre que puedan. En el fondo lo que se les pide a los jóvenes es un ejercicio de solidaridad con los mayores y los grupos vulnerables. Lo más probable es que aquellos jóvenes que pertenezcan a colectivos sociales en los que la solidaridad sea un valor responderán mejor y aquellos otros con una cultura más autosuficiente y egoísta sean menos responsables, pero eso pasa en los jóvenes y en todos los demás. Sabemos que no es fácil y menos en verano, limitar el contacto con los otros, pero en este momento y hasta que haya una solución real a la covid19 el comportamiento responsable y cuidadoso de los jóvenes, y de todos en general, es nuestra mejor respuesta al virus.

La polémica campaña del Ayuntamiento de Xixón. Foto: Luis Sevilla.

¿Pueden ser las secuelas de las personas enfermas de COVID19 la hipoteca que nos deje la pandemia en el medio plazo?

Me temo que las hipotecas que nos va a dejar la COVID 19 van a ser más de una, a muchos años y con una cuota bastante alta. Quizá una de ellas sea la de los efectos a medio y largo plazo que sufrirán los afectados. De momento es pronto para ver cuál es la magnitud de ese impacto y no hay que ser excesivamente alarmista. El seguimiento de las personas que han tenido enfermedad clara o que simplemente han tenido contacto con el virus aunque hayan sido asintomáticos o con mínima sintomatología es una obligación del sistema. La COVID 19 no sólo deberá ser seguida en el tiempo, sino que como “antecedente” pasará a formar parte ya del interrogatorio general de cualquier historia clínica.

“No se pueden hacer análisis a corto porque la experiencia va evolucionando a gran velocidad”

¿Cómo valoras la estrategia sueca?

Parto de la premisa de que cualquier gobierno quiere manejar exitosamente los desafíos que se presentan y que sus asesores suelen ser personas cabales, bien formadas y razonables. Así que ni el enfoque sueco ni el de ni ningún otro país creo que se puedan despachar de un plumazo. Lo realmente importante es aprender, en la medida de lo posible, de todas las experiencias y hacer una síntesis adaptada a las condiciones locales para hacer lo mejor que esté a nuestro alcance. Ahora bien, me parece más interesante valorar cómo vamos a lidiar con un posible escenario de convivencia mantenida con el virus hasta que produzca un tratamiento o una vacuna. Y en ese ámbito las experiencias inglesa y sueca (y otras muchas) pueden sernos muy útiles, tanto para escarmentar en cabeza ajena como para aprovechar experiencias efectivas. Ni el Reino Unido ni Suecia son parecidos a España culturalmente, así que en un problema poblacional como este no es fácil hacer traslaciones directas. En España y en Suecia ni los infectados ni los fallecidos por millón de habitantes son sustancialmente diferentes, necesitamos tiempo y análisis más finos para determinar qué estrategia es la mejor en cada circunstancia. Sé que todos quisiéramos tener respuestas rápidas, claras, sencillas y fáciles de aplicar pero las cosas tienen su propio ritmo y cuanto más complejas son, más esfuerzo y tiempo conlleva dar con la solución. Además no se pueden hacer análisis a corto porque la experiencia va evolucionando a gran velocidad, así que quien ayer propuso A fue tachado de irresponsable y hoy quizá esté en la cresta de la ola, y el que ayer había propuesto B y se le había reconocido el éxito hoy tienen que lidiar con un repunte enorme de los casos. Quiero decir que las comparaciones hay que hacerlas cuando los datos sean suficientes y claros y para eso se necesita tiempo. Lo que sí hay que hacer es conocer todas las experiencias, valorarlas y aprovechar lo que podamos. Respondiendo a tu pregunta directa, la estrategia sueca en España quizá hubiera tenido unos resultados mucho peores que los que hemos tenido, porque el problema no es sólo qué estrategia es la buena, sino qué estrategia es buena aquí y ahora y no en Suecia o en Nueva Zelanda o en Ecuador o Perú.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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