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Entrevistas

“La juventud española tiene apetito de una organización amplia, transversal y progresista”

El politólogo Alan Barroso llama a construir un movimiento juvenil por la República, la justicia social y el medio ambiente.

Conferencia de Alan Barroso en la Universidad de Extremadura a principios de año. Foto: Carmen Aleu.

Alán Barroso (Santa Eulàlia de Ronçana, 1997) es graduado en Ciencias Políticas por la Universitat Autònoma de Barcelona y está cursando un máster en Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid. Comenzó su trayectoria en el activismo político militando en el movimiento estudiantil de Barcelona y haciendo vídeos divulgativos en la revista La Trivial. También ha sido portavoz del movimiento ciudadano Parlem. En la actualidad graba de manera frecuente vídeos cortos sobre la actualidad política española y los difunde en sus redes sociales (fundamentalmente Instagram y Twitter), donde cuenta con decenas de miles de seguidores que en su mayoría son jóvenes y adolescentes.

Hace unos días publicabas un tuit que tuvo muy buena acogida en el que constatabas la necesidad de una Juventud Demócrata que no le deba “nada a ningún partido” y tenga “los objetivos muy claros: empujar la democracia, la República, la transición ecológica y la justicia social”. ¿Cómo te imaginas esa Juventud Demócrata?

Yo creo, como dice nuestro refranero español, que la mejor salsa es el apetito. Por eso, cuando hablo de la necesidad de una gran organización juvenil, amplia, transversal, progresista que vaya más allá de los partidos, y la gente reacciona con entusiasmo, comparte mucho la idea y pregunta con ilusión que cuándo empezamos, no es que yo haya tenido una gran ocurrencia o que haya descubierto algo nuevo, ni mucho menos, sino que constata la existencia de un apetito voraz entre la juventud española (y no solo entre la juventud) por un espacio sano en el que poder militar, participar y socializar, y con el que empujar el futuro del país que nos tocará heredar. Y ojo, yo no hablo de un partido. La política de partidos es útil y es necesaria, pero cuando se trata de ciertas cosas siempre se queda corta. La juventud es una de ellas. La militancia juvenil no se debería encorsetar en unas siglas orientadas desde arriba por intereses partidistas que nos quedan lejos y nos incluyen en disputas que ni siquiera entendemos porque no hemos contribuido a crear. Yo no me siento cercano a las juventudes de ningún partido político, pero al mismo tiempo sí me siento muy cerca de muchos de los jóvenes que participan en ellas. Y creo, por todo lo que he podido hablar con gente muy diversa desde que lancé la propuesta, que a muchos y muchas les pasa como a mí. Existe un enorme potencial joven soterrado que está pendiente de emerger y creo que lo hará en el momento en el que podamos militar en común, sin obstáculos y haciendo de las diferencias, caminos por donde transcurrir unidos. 

¿Ves factible articular un espacio tan heterogéneo?

Claro que hacer algo así de amplio significa convivir con gente con la que seguramente no estarás de acuerdo en muchas cosas, claro que hacer algo transversal significa que tal vez no se escuchen los himnos que a ti te emocionan o no se compartan los símbolos que adornan tu cuarto. Pero es que solo en un desierto puedes gobernar en solitario. Para impulsar los cambios que necesita España (y en concreto la juventud de este país) es necesario superar fobias, rencores y roces absurdos entre partidos. Solo un proyecto joven que sepa convivir en la diferencia y empujar en la convergencia será capaz de liderar los retos a los que se enfrentará España en los próximos años. Se trata de construir algo grande, con capacidad de incidencia, que se hable de nosotros no como un simple apéndice de un partido, sino como un movimiento en sí mismo. Pero ojo, construir algo grande no es sinónimo de construirlo desde Madrid subyugándolo todo a un centro todopoderoso. Creo que lo que mejor funciona es lo que se construye desde cerca, con contacto diario, con vínculos de amistad y con un enorme cariño por lo que te rodea. La política no solo es ruido, mentiras, puñales, titulares perversos y cansancio. La política también es amistad, cariño, esperanza por un futuro mejor y amor por tu tierra y tu gente. En definitiva, yo creo que sobre todo se trata de si la juventud española quiere ser líder de un partido o líder de un país. O construir la máquina burocrática de un partido gris o construir los cuadros jóvenes que logren un relevo exitoso para llevar a cabo las reformas que España necesita. Igual que una lanza tiene su punta, un país tiene su juventud y la mejor forma de afilarla es liberando todo su potencial creativo.

“Existe un enorme potencial joven soterrado por emerger y creo que lo hará en el momento en el que podamos militar en común”

¿Crees que hay posibilidades de que surja algo así en España? ¿Existe alguna experiencia similar en la que este movimiento se podría inspirar?

El otro día hablando sobre este asunto con un amigo nos acordamos de Antoine de Saint-Exupéry cuando explicaba que para construir un barco no había que empezar por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo sino que lo primero debía ser evocar el anhelo del mar libre y ancho en la gente. Yo creo que ahora mismo en España estamos en esa misma etapa, construyendo un anhelo que tarde o temprano habrá de materializarse en un gran espacio joven. Por el momento, yo entiendo la política, como decía Anguita, como un arte agrario. Hay que sembrar, cultivar, regar, cuidar y, al final, recoger. Nada que se construya con prisa y sin cimientos sólidos tiene futuro y, si algo nos hace falta a los jóvenes, es una garantía de futuro. Por eso creo que la principal tarea, además de construir ese anhelo de mar, pasa por echar a andar y comenzar a generar esos contactos que habrán de construir lo que venga. La prudencia y la paciencia son cualidades imprescindibles en política (aunque nos cuesten más a los jóvenes) sin embargo también es cierto que el que espera desespera, y que ya es hora de dejar de esperar que nos caiga algo desde arriba y comenzar a organizarnos desde abajo. Experiencias juveniles progresistas amplias y transversales ha habido durante toda la historia. De hecho, la mayoría de cambios importantes han sido protagonizados por esa juventud organizada, o por lo menos han contado con su importante empuje. No por la juventud de un partido u otro, ni por la de una corriente ideológica u otra, sino por la juventud en su conjunto llamada a desempeñar un papel relevante en el futuro de su país. No la juventud de un partido, la juventud de un país. Sin embargo, si hay que apuntar a experiencias concretas, yo creo que asociaciones como la asturiana AMA (Asamblea Moza d’Asturies) está haciendo una labor encomiable en su territorio con escuelas de formación, jornadas de convivencia, hasta planes de ocio juvenil y sitios donde tomarte una caña entre colegas. Existen multitud de experiencias similares en lo local a lo largo y ancho de España que conjugan la necesidad de una socialización amplia, pragmática y radical con reivindicaciones políticas inaplazables. El reto es hacer de ese haz de experiencias maravillosas un ejemplo trasladable al conjunto de España.

Foto: Carmen Aleu.

De todas formas, como siempre, es más importante lo que hacemos que lo que pensamos que queremos hacer, por eso hay que abrir un periodo de construcción y diálogo. Y como decía Machado, “para dialogar, preguntad primero; después, escuchad.” Toca escuchar mucho y aprender de los que ya llevan tiempo trabajando esta hipótesis.

El diario El País publicó recientemente una crónica en la que se afirmaba que la fuga del rey emérito está relacionada con encuestas internas de La Casa Real que evidencian el gran descrédito social de la monarquía entre las personas menores de 45 años. ¿Qué tendría que hacer el republicanismo para aprovechar este contexto aparentemente tan favorable?

Erdogan, el problemático presidente turco, una vez dijo que “la democracia es un tranvía: cuando llegas a tu parada, te bajas”. Creo que para Juan Carlos I, sin ser turco pero sí problemático, la democracia también fue como un tranvía. Sin embargo, cuando llegó a su parada en lugar de bajarse se subió a otro tren, más grande, más lujoso y más insostenible que comenzó a peligrar en 2014 y que ha acabado descarrilando del todo en 2020. 

Cartel del Bloco de Esquerda portugués alusivo a Juan Carlos I.

A pesar de eso, yo no creo que el momento sea tan favorable a la república, más bien es desfavorable para la monarquía. Por faltar, nos falta hasta un horizonte de futuro atractivo. Es una mierda que tengamos que hablar de tercera república, porque eso predispone al público a pensar que hubo otras dos que vinieron antes y salieron mal. Y mientras tanto, la monarquía puede presentarse como algo que ha funcionado y ha traído 40 años de democracia, a pesar de que los españoles hayamos visto como los Borbones han salido por patas de España de manera ininterrumpida desde el siglo XIX hasta el siglo XXI.

¿No te parece que se está empezando a percibir como una institución excesivamente ligada a la derecha y la ultraderecha?

Es cierto que, a diferencia de sus años de esplendor, el apoyo a la monarquía ha dejado de ser transversal y se ha ido escorando hacia la derecha a la vez que abandonaba a la juventud. La monarquía va a tener un futuro difícil si deja de ser la monarquía española y pasa a ser la monarquía de la derecha española. Pero ese problema encuentra un reflejo perfecto en su contraparte republicana. La república va a tener serias dificultades si no logra construirse como un horizonte de futuro para una gran mayoría de españoles en lugar de permanecer como una seña de identidad de una izquierda nostálgica que vive en el pasado. Igual que para que se mantenga la monarquía hace falta una izquierda monárquica (que languidece, pero existe) también para deshacernos de la monarquía hace falta que exista una derecha republicana. El problema es que ni siquiera tenemos un PSOE republicano, como para ponernos a soñar con tener una derecha que lo sea.

Movilización republicana en Xixón. Foto: Luis Sevilla.

Sin embargo, no soy pesimista. En el PSOE se mueven cosas (declaraciones de la Presidenta navarra María Chivite, la vicealcaldesa de Valencia Sandra Gómez o el diputado Odón Elorza…) y su base electoral cada vez está más lejos de una institución que se cae a trozos. Y al mismo tiempo en la derecha cada vez hay más jóvenes que, a pesar de su ideología, entienden que la monarquía es un elemento caduco a la que dan las gracias por su labor pasada, pero a la que les cuesta defender frente a sus colegas.

“La monarquía va a tener un futuro difícil si deja de ser la monarquía española y pasa a ser la monarquía de la derecha española”

¿Crees que los jóvenes pueden convertirse en un motor de cambio republicano en España?

Yo lo siento mucho por algunos medios conservadores que insisten en la existencia de una supuesta juventud monárquica, pero no basta imaginarla para que exista. La realidad es que existen pocos jóvenes que habiendo crecido entre los 90 y los 2000 tengan aprecio por una institución que no se vota, no se juzga y que además se hereda. De hecho, incluso en las encuestas más conservadoras que están saliendo durante estas semanas para plancharle la camisa al rey, la monarquía no sale bien parada entre la juventud. No es una cuestión de impugnar el orden constitucional en su conjunto como alertan algunas voces de la derecha, es mucho más sencillo que eso. Es cuestión de que los jóvenes entienden que mantener la figura de un tipo rodeado de corrupción no es muy bueno para España. La república (o más bien la ausencia de rey) es un clamor entre la juventud, pero no por una cuestión identitaria o nostálgica respecto a una época que ya pasó, sino por puro sentido común: no pueden entender como una institución que nos representa a todos sea hereditaria, no se pueda votar y no se pueda juzgar. Tan sencillo como eso. Es normal que esto cause reticencias entre los que llevan 40 años viviendo del mismo mito monárquico, pero la juventud está siendo clara respecto a este asunto y eso va a traer, sin ningún tipo de dudas, cambios a medio plazo tanto en la posición de los partidos como del conjunto del país. La república no llegará mañana, pero probablemente llegue pasado mañana.

Movilización de Fridays For Future en Uviéu. Semeya: Iván G. Fernández

Eres muy activo en redes sociales, con una cuenta de Instagram que supera los 40.000 seguidores y una cuenta de Twitter con más de 20.000. También estás presente en otras aplicaciones como Facebook o TikTok. ¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes de hacer activismo político desde las redes? ¿Es un espacio suficientemente aprovechado por los movimientos progresistas?

Ser progresista es ser embajador de una forma de pensar, de una visión y de una perspectiva sobre el mundo que, si queremos que sea compartida por mucha gente, debemos aprender a transmitir a personas diferentes con lenguajes distintos y palabras diversas. Un tipo ruso que lideró una revolución en 1917 dijo “complicar para analizar, simplificar para actuar”. Y tenía razón. En redes sociales no estamos para escribir los análisis más inteligentes y más elaborados. Para eso tenemos otros espacios donde lo hacemos de manera espectacular (y tenemos que seguir haciéndolo, incluso más). Pero hay una disputa política imprescindible en redes sociales que te permite llegar a un público poco politizado pero ávido de argumentos para poder discutir con sus colegas a la salida de clase, en un bar mientras se toman una caña o en la sobremesa con su familia. Todos esos momentos tan cotidianos pero tan relevantes son tan o más importante que los grandes discursos del Congreso, y necesitan de argumentos que los alimenten. Las redes sociales son un espacio inmejorable para repartir ese argumentario progresista.

Una vez le leí a Clara Serra que “adaptarse al contexto es la mejor manera de ser fiel a lo que quieres decir (y hacer). La fidelidad se la debemos a los principios y a los significados, no a los símbolos ni a las palabras, sobre todo si estos símbolos y palabras se convierten en impedimentos para dar a entender nuestros significados o para transformar la realidad de acuerdo a nuestros principios”. Y no puedo estar más de acuerdo. Por desgracia, aunque en Twitter tengamos cierto músculo, hay otros espacios como Instragram, Tik Tok y, sobre todo, Youtube, en el que todavía estamos bastante flojos. Aun así, cada vez hay más compañeros que se animan a abrir brecha y la comunidad no deja de crecer cada día. Pienso en gente que está haciendo una labor maravillosa como Isabel Serrano, Pablo Fons, FurorTV, Ruben Peña, Josefine, KoinéTV, Cuellilargo… y sé que me dejo muchos por mencionar. Todavía nos queda un largo recorrido, pero creo que debemos tener esta reflexión muy presente en una época en la que los jóvenes pasan más tiempo en internet que en las calles y se socializan políticamente en las redes sociales con memes, vídeos cortos o montajes entretenidos. La pelea está aquí y hay que darla.

David Sánchez Piñeiro

Graduado en filosofía por la Universidad de Oviedo/Uviéu. Doctorando en la Universidad Complutense de Madrid. Escribe de filosofía, política y cultura en La Trivial.

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