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365 días en bici

‘La bici engancha’ es la conclusión de tres gijoneses que participan en el festival ’30 días en bici’. Contamos sus historias de amor al pedal.

Lorena, Pablo y Carmen, participantes en '30 Días en Bici'. Foto: Luis Sevilla.

Carmen tiene 52 años y es profesora de música. La bici la tenía aparcada desde la infancia. Hace poco, gracias a un amigo, ha vuelto a cogerla después de muchos años sin acercarse a ella. Le gusta usarla por las mañanas, temprano, cuando la calle está tranquila, y la encuentra una opción “saludable para mí y para el medio ambiente”. Sigue teniendo miedo cuando hay mucho tráfico y echa en falta más carril bici para poder ir segura. Este es el primer año que asume el reto de “30 Días en Bici”: usar un mes entero la bicicleta cada día. Para ir a trabajar, para tomar algo con los amigos, hacer un recado, ir al cine, a reciclar o a la compra.

Carmen reciclando una botella. Foto: Luis Sevilla.

Esa es la filosofía del festival que dirige Carlos Rodríguez desde hace siete años en Xixón, y que pretende ser una invitación a perderle el miedo a usar la bici en la ciudad de manera cotidiana. “30 Días en Bici” tiene su origen en los EEUU y se celebra de manera simultánea en ciudades de todo el mundo. No se corre, no se compite con los demás, no hace falta ser un gran deportista ni venir vestido como un corredor del Tour de Francia. Cuando estamos hablando llega una señora de mediana edad a la plaza, pregunta si esto es “30 Días en Bici”. Dice que ha visto la actividad en la prensa, un paseo hasta la playa de Poniente, y que como ahora está en un ERTE y tiene más tiempo libre se está animando a probar. No tiene bici, así que se la ha pedido prestada a su hijo. “La mayoría de la gente que te vas a encontrar en 30 Días en Bici es gente así, gente normal, no grandes deportistas”, apunta Rodríguez, que este año ha tenido que modificar el festival ajustándolo a las nuevas normativas sanitarias. No habrá esta edición por ejemplo un gran “pelotón de alegres ciclistas” como el que la pasada edición reunió a 600 personas en una de las actividades. Una de las que echará de menos “el mogollón” es Lorena, graduada social, de 39 años, que repite en “30 Días en Bici”, y se declara adicta a la bicicleta: “no me bajo de ella”. La usa para ir a trabajar, para hacer compras con las alforjas o para salir de noche. Cree que entre los conductores de coche falta educación vial y respeto, y que circulan muchos mitos como el de los robos de bicicleta: “son mínimos, yo la dejo en cualquier lugar, y no pasa nada”. Considera un sinsentido que la gente se gaste mucho dinero en bicis y luego no se atreva sacarlas a la calle. Da un consejo a quien se está pensando en iniciar en los pedales y las dos ruedas: “mejor invertir en un buen candado que en comprarse una bici de último modelo”.

Lorena frente a una librería. Foto: Luis Sevilla.

Pablo va todas las mañanas a trabajar desde el gijonés barrio de La Calzada hasta Oviedo/Uviéu combinando bicicleta y tren. Sale de casa a las siete y cuarto de la mañana, llega a las siete y veinte a la estación de tren y a las ocho menos diez está en su puesto de trabajo. 35 minutos gracias a un servicio de cercanías directo, su bicicleta y sus piernas. Cuando trabajaba en Mieres cogía el coche, pero desde que está en la capital ni se lo plantea. Además de hacer ejercicio se ahorra un dinero considerable en gasolina y parkings. Tiene 44 y empezó con la bici hace no tanto. Al principio ni siquiera tenía. Usaba las bicis públicas municipales. Luego se fue enganchando, y el carril bici ayudó mucho. Al año se compraba una bici y comenzaba a usarla a diario. Lleva cuatro años haciendo el reto de “30 Días en Bici”. Considera que la “bicicleta es un invento maravilloso” que anima a todo el mundo a ir incorporando a sus vidas “poco a poco, sin prisa”. Llegó a Xixón en 2007 procedente de Madrid y ha ido notando como en la ciudad cada vez más gente usa la bicicleta y se está convirtiendo en un medio de transporte más. Aún así cree importante que los conductores se mentalicen de que “las calzadas son de todos, y no solo suyas”. También echa en falta más aparcabicis.

Pablo en el cajero del banco. Foto: Luis Sevilla.

En su polémico ensayo “Contra el running. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial” (Piedra Papel Libros, 2016), Luis de la Cruz afirma que “las bicis críticas desafían el diseño de la ciudad al promover el uso de la bicicleta, ocupan el espacio público y cuestiona la ciudad al servicio del automóvil. En cambio correr no pone en cuestión nada y al no ser conflictivo es perfecto para que sea abanderado por toda clase de políticos”. Para De la Cruz esto no debe entenderse como que los ciclistas son mejores que los ‘runners’, “solo que, en general, es hoy una práctica con mayor carga política”. De algún modo coger la bici cambia el punto de vista sobre la ciudad, hace visible la sobredimensión de las infraestructuras para los vehículos motorizados y lleva a los usuarios a preocuparse por cuestiones a las que quizá antes no prestaban ninguna atención como el urbanismo y la movilidad sostenible. También como señala el autor de “Contra el running” la bici lleva al conflicto urbano. Apostar por la bici no deja a nadie indiferente en la ciudad, y especialmente a quienes creen que el coche debe estar en el centro de la ciudad. Las nuevas medidas de peatonalizaciones y carril bici aceleradas en Xixón después del confinamiento están provocando algunas protestas vecinales y de conductores. El concejal de medio ambiente, Aurelio Martín, de IU, las defiende como imparables en un contexto de cambio climático que va a obligar a todas las ciudades a ir reduciendo tráfico y ampliando las zonas de bajas emisiones. Según Martín, toda la ciudad se tiene que ir preparando para normalizar el uso de la bicicleta, porque “ya no es un elemento de ocio sino un elemento práctico para ir al trabajo o a la compra”. Después de la manifestación “El coche no es enemigo. En el Muro cabemos todos” que convocó a varios centenares de manifestantes opuestos a los proyectos del equipo de gobierno, PP, Ciudadanos y Foro se han sumado a la iniciativa de VOX para recuperar los carriles suprimidos en el paseo marítimo.

Participantes en “30 Días en Bici”. Foto: Luis Sevilla.

Andrés tiene 48 años, trabaja como funcionario en la Dirección General de Tráfico. Es un veterano del pedal y el sillín. Durante los 90 vivió en Madrid y recuerda que los pocos ciclistas que circulaban por la Gran Vía se conocían y se saludaban. De vuelta en Xixón está satisfecho de ver que la ciudad avanza, con más carril bici e infraestructuras para ciclistas. El siguiente paso considera que es apostar por los caminos seguros escolares también en bicicleta: “a partir de los 10 o 11 años los críos ya pueden ser autónomos para empezar a ir en bicicleta al colegio”. A quienes no se ven haciendo vida cotidiana en bicicleta les anima explicando que no hagan caso a los lugares comunes que desincentivan de usarla y se animen a ir experimentando poco a poco. “Si hay lluvia se puede salvar con buen calzado y un traje de aguas, y lo del sudor es otro tópico. Con los cambios de una bicicleta y circulando a una velocidad normal nadie se agarra la gran sudada” señala Andrés, que tira de bici y tren para ir todos los días de su casa en Jove hasta su trabajo en el centro de Oviedo/Uviéu.

Andrés saliendo de comprar una hogaza. Foto: Luis Sevilla.

Le acompañamos a comprar el pan a una panadería del centro de Xixón. Hablando con la panadera surge la conversación: “Yo también vengo a trabajar en bici. La tengo ahí fuera aparcada”. La bicicleta es un arma cargada de futuro y quien prueba a ir “30 días en bici” es probable que termine enganchado los 365 del año.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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