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Luciano, el sindicalista que la solidaridad asturiana no pudo salvar

Hace quince años el activista, acogido por el Programa Asturiano de Derechos Humanos era asesinado a su regreso a Colombia.

Colombia es según diversos organismos internacionales el país del mundo más peligroso para ser sindicalista. Aunque los sindicatos, las huelgas y la negociación colectiva son legales en esta república latinoamericana, la violencia de los grupos paramilitares a sueldo de grandes empresarios y latifundistas hacen en la práctica del ejercicio de los derechos sindicales una actividad de riesgo. Más de 3.100 sindicalistas han sido asesinados en el país andino en los últimos 45 años. Asturies, una de las regiones con más afiliación sindical de España, también sabe mucho de represión al movimiento obrero. En la memoria colectiva del sindicalismo asturiano están la huelga general de 1917, la dura postguerra, la huelgona del 62, y claro está, la revolución de octubre 34. Hace 20 años, con el respaldo de ONG´s y sindicatos asturianos, nacía el Programa Asturiano de Derechos Humanos. Una experiencia pionera en toda la UE de acogida temporal de sindicalistas colombianos amenazados de muerte en su país que se ha extendido a otros territorios y ampliado a otras víctimas de la persecución política: activistas estudiantiles, campesinos, de organizaciones de Derechos Humanos… La iniciativa, que partió de la ONG Soldepaz-Pachakuti, se empezó a gestar en 2001 después de un viaje de una delegación asturiana a Colombia invitada por sindicatos y organizaciones sociales locales. El entonces consejero de asuntos sociales, el recientemente fallecido José García, recogió el guante lanzado por las ONG´s y puso los recursos económicos necesarios para impulsar el proyecto. Javier Arjona, de Soldepaz-Pachakuti, destaca el papel que también jugaron otras dos personas en el Principado, Carlos Madera y Reyes Otero. Con la llegada de la coalición IU-Bloque por Asturies a la consejería de Justicia y Relaciones Exteriores el programa se reforzaría, apunta Arjona, llegando a convertirse en una referencia que inspiraría experiencias similares en Euskadi y Madrid.

El sindicalista colombiano Luciano Romero, asesinado en 2005.

A trancas y barrancas, y a pesar de los cambios políticos y los recortes económicos que ha venido sufriendo en los últimos tiempos, el programa ha logrado sobrevivir a lo largo de 20 años. No es poco. En estas dos décadas Principado y Ayuntamiento de Xixón han dado refugio temporal a 125 personas. Algunas acabaron solicitando el asilo político e instalándose definitivamente en la UE, otras volvieron a su país a seguir con sus respectivas luchas. Luciano Romero, sindicalista en una de las plantas de Nestlé en Colombia fue uno de los que asumió el riesgo, y tras pasar en 2004 seis meses en Asturies regresó a Colombia para seguir con su actividad, ligada al sindicato de trabajadores de la industria alimentaria de la Central Unitaria de Trabajadores. Durante su estancia en el Principado, Romero vivió con otros compañeros en un piso de La Calzada por el Ayuntamiento, viajó contando su historia en múltiples foros, visitó la Universidad y la Semana Negra, y se aficionó a echar pachangas de fútbol en la playa de San Lorenzo. Su asesinato, recordado estos días con un mural y un acto, motivó una importante concentración de repulsa en la ciudad asturiana que le acogió durante medio año, y donde hizo buenos amigos.

Luciano en 2004 en una concentración en la Plaza del Parchís de Xixón.

El sindicalista gozaba de medidas cautelares de protección a cargo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. No sirvieron de nada. La noche del 10 de septiembre de 2005 era secuestrado en extrañas circunstancias. Al día siguiente el cuerpo de Romero aparecía sin vida en las afueras de su ciudad, Valledupar. El cadáver estaba maniatado y tenía evidentes señales de tortura. Le habían asestado 54 cuchilladas. En octubre debía acudir a Berna, Suiza, para declarar como testigo ante el Tribunal Permanente de los Pueblos. Se juzgaba a la multinacional Nestlé por su presunta complicidad con el paramilitarismo y las violaciones de los derechos humanos en sus factorías de Colombia. Entre 1986 y 2009 12 sindicalistas de Nestlé en Colombia fueron asesinados. Una macabra cifra a la que se sumaron otros tres trabajadores 2018.

Luciano durante su estancia en Xixón en 2004.

La batalla legal de su sindicato, su familia y el movimiento internacional de solidaridad con Colombia lograría sentar en el banquillo de los acusados a los asesinos de Luciano. En 2014 la justicia colombiana condenaba a los autores materiales de la muerte de Romero, al tiempo que demostraba la complicidad del Estado en el secuestro y asesinato, declarado “crimen de lesa humanidad”. La responsabilidad de los directivos de Nestlé en el asesinato no ha podido sin embargo ser juzgada. La justicia suiza sistemáticamente ha bloqueado los intentos de juzgar a la multinacional, con sede en este país. El reciente arresto domiciliario del ex presidente Álvaro Uribe, bajo cuyo mandato se produjo el asesinato de Romero, abre sin embargo una vía para que la impunidad de la que han gozado hasta ahora los crímenes de Estado en Colombia vaya tocando a su fin.

Álvaro Uribe en arresto domiciliario. Foto: Twitter.

Quince años después de su asesinato, un nuevo mural en la Casa Sindical de Xixón homenajea a Romero, que también da nombre al colectivo de colombianos refugiados en Asturies. El mural recuerda el aniversario de un Programa Asturiano de Derechos Humanos que lleva dos décadas “defendiendo la vida”, pero que necesita algo más que premios y reconocimiento para seguir siendo útil: un nuevo compromiso económico de las instituciones asturianas.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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