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Indalecio Prieto: un socialista liberal y españolista

Tras borrarlo del callejero madrileño, VOX propone que también desaparezca del de Oviedo, ciudad natal del histórico líder del ala moderada del PSOE.

El socialista carbayón Indalecio Prieto.

Las derechas madrileña y ovetense han cogido el relevo de la izquierda en la Ley de Memoria Histórica para saldar algunas cuentas con el pasado trágico de España a cuenta del callejero. La dignidad democrática exige que los familiares de los represaliados durante el franquismo puedan localizarlos y darles el descanso y el reconocimiento merecidos, ya que el anterior régimen lo hizo con los suyos durante cuarenta años. Y que el Estado lo garantice por encima de las reticencias de los propietarios de los terrenos en los que están las fosas y los cadáveres, sean particulares o ayuntamientos. Sin embargo, el tema del callejero se ofrece a ciertas arbitrariedades y no se sabe a dónde puede llevarnos.

La pretensión de borrar la memoria de Largo Caballero e Indalecio Prieto, por sus responsabilidades orgánicas durante la guerra y algunas declaraciones vertidas, es como mínimo exagerada. Fueron muchos los que en aquellos momentos asumieron diversas responsabilidades, cada uno en su lado, a partir de las cuales protagonizaron determinadas acciones más o menos discutibles. Pero lo que procede es delimitar el carácter criminal de las mismas. Si no discriminamos lo jurídico de lo político, no quedará ningún nombre en nuestras calles.

Resulta chocante que la derecha se cebe con Indalecio Prieto, un dirigente socialista que representaba el ala más moderada y españolista de su partido

Resulta chocante que la derecha se cebe con Indalecio Prieto, un dirigente socialista que representaba el ala más moderada y españolista de su partido, con un carácter, eso sí, decidido y sin complejos: era buen bilbaíno de crianza, y carbayón de nacimiento.

La agrupación ovetense de Vox se basa en su participación en la Revolución de Asturias de 1934. Al respecto, cabe recordar que Prieto, en su exilio mexicano, se arrepintió de su participación, que la FSA no lo conmemora y que el largocaballerista Araquistáin lo definió como un “error necesario” en Marxismo y socialismo en España.

Prieto en un mitin.

Un levantamiento revolucionario siempre conlleva excesos. A veces, la represión aún más. Así fue en Asturias. Es cierto que la CEDA ganó las elecciones de noviembre de 1933 y que a pesar de ello Gil Robles aceptó que Alcalá Zamora nombrara Presidente del Consejo a Lerroux, entendiendo que su participación gubernamental podía considerarse como precipitada. Casi un año después, Gil Robles exigió la entrada de su partido en el Gobierno: tenía derecho a ello, teniendo en cuenta además que él no se reservaba ninguna cartera. No queda claro si los socialistas, cuando convocaron la huelga general, conocían los nombres de los tres representantes de la CEDA que iban a ser ministros. No lo sabremos por la prensa socialista, porque estaba censurada. Fueron tres juristas: el navarro Aizpún, el barcelonés Anguera de Sojo y el extremeño Giménez Fernández. Representaban la línea más moderada y democristiana de la CEDA. Anguera de Sojo participó en la elaboración del Estatuto catalán de 1932, y Giménez Fernández, como nuevo Ministro de Agricultura, se negó a derogar la reforma agraria del bienio progresista, modificando sólo algunos aspectos. Con la perspectiva actual, organizar una huelga general revolucionaria por la entrada en el Gobierno de estos tres hombres resulta una exageración.

Placa en la casa natal de Prieto en el Oviedo Antiguo.

Pero hay que tener en cuenta también el contexto: un ambiente de violencia política, con una dualidad de clases muy marcada, y una capacidad de movilización por parte de los actores políticos y sindicales irreconocible hoy en día. A eso hay que añadir a Hitler en Alemania, Mussolini en Italia y sobre todo Dolfuss en Austria, el dictador nacionalcatólico que unos meses antes había reprimido con dureza un levantamiento socialdemócrata en Viena. La CEDA, también nacional y también católica, se debatía entre el impulso moderado que quería impulsar Gil Robles y el más radical de algunos sectores, presionados por Renovación Española y Falange. Pero no aclaraba su lealtad a la República, y sus juventudes hacían ostentación de simpatías extremistas. En ese contexto de extensión del fascismo por Europa, una parte del proletariado se negó en rotundo a su entrada en un Gobierno republicano.

Era buen bilbaíno de crianza, y carbayón de nacimiento.

Es cierta la participación activa de Prieto en la revolución, que podríamos calificar de accidental por la defección de Largo Caballero, el supuesto Lenin español. De hecho, los líderes revolucionarios asturianos, Belarmino Tomás y González Peña, eran prietistas. A pesar de que representaban un ala moderada del PSOE, dadas las circunstancias dieron un paso al frente. Pero para revisar con un consenso general su memoria histórica hay que delimitar, insisto, el alcance criminal de sus acciones. Y eso es lo que tiene que demostrar Vox.

Hay otra variable que hace que la iniciativa resulte sorprendente, precisamente cuando las derechas españolas van como Diógenes buscando el socialista partidario de la unidad nacional. Aquí tienen al más señero: Prieto fue el dirigente que mejor encarnó un socialismo españolista que iba más allá de la lucha por la democracia y la igualdad social, ya que lo vinculaba a la identidad española. El hecho de proceder de una región con un fuerte nacionalismo integrista, así como sus relaciones con el liberalismo bilbaíno, le ayudaron a comprender el nacionalismo español de raíz liberal y democrática de Cádiz.

Su discurso del 1 de mayo de 1936 en Cuenca es todo un canto al socialismo nacional, hasta el punto de que a José Antonio Primo de Rivera le pareció cercano a su programa. Prieto aclara, ya en sus Palabras al viento del exilio, que “lo nacional ha sido siempre musa de mi propaganda y de mi conducta, de todos mis actos”. Recuerda también un mitin en Bilbao en 1911, en el que defendía la defensa por parte de los socialistas de “los intereses del respectivo sector local o regional sin otras limitaciones que las impuestas por el supremo interés de la patria”.

Prieto fue el dirigente que mejor encarnó un socialismo españolista

La primacía de la variable nacional sobre la de clase indica tres características del pensamiento de Prieto: primero, su liberalismo, que le lleva a rechazar el materialismo marxista (en contra de lo que dice Vox); segundo, una preocupación por el destino del país y por los intereses generales de los españoles en clave regeneracionista; tercero, poner la lucha por la democracia por encima de la lucha por la sociedad socialista, o dicho de otra manera, la reforma política a la revolución social. Asimismo, su preocupación regeneracionista le llevará a valorar el papel del Estado y a sintetizar socialismo y política nacional a través de políticas públicas conducentes a la cohesión social. Por ejemplo, las desarrolladas en el Ministerio de Obras Públicas mediante grandes infraestructuras. La socialdemocracia en Prieto es síntesis entre Estado, nación y socialismo: el verdadero patriotismo, el verdadero nacionalismo español, es la cohesión social. En este sentido, no dudó en defender la centralización de algunas competencias, especialmente en materia económica, que creía básicas para garantizar la igualdad de todos los españoles.

La socialdemocracia en Prieto es síntesis entre Estado, nación y socialismo

Prieto se distinguió en su porfía contra los nacionalismos subestatales, aunque defendió un sincero autonomismo y la compatibilidad de los fueros con el constitucionalismo liberal español. Fuerismo liberal sí, nacionalismo no. Para él, el bizkaitarrismo era incompatible con cualquier régimen democrático: el PNV no defiende los fueros, sino la versión más retrógrada de los mismos; no defiende el autogobierno vascongado, sino los privilegios derivados del mismo, y las Diputaciones Forales que gobierna no respetan la autonomía municipal. En abril de 1918, Prieto expone ante las Cortes que los fueros constituían “una anticipación de casi todas las conquistas liberales modernas”, añadiendo que “una parte del espíritu liberal y democrático de los Fueros vascongados está incorporada ya a la Constitución del Estado”. Y de los nacionalistas dice: “estos señores son unos impugnadores de estos preceptos democráticos de los Fueros incorporados a la Constitución, porque esos señores son, antes que nada, antiliberales, profundamente antiliberales”.

Esto es lo que la derecha quiere borrar: el pensamiento y la trayectoria de un español patriótico, decidido y honesto. Derecha e izquierda, en general, están desvirtuando la memoria de mucha gente con sus polémicas de patio de colegio. No le hacen ningún favor a la Historia si la usan como elemento de confrontación política. Luego nos hablarán de las preocupaciones reales de los ciudadanos.

Daniel Guerra
Escrito por

Politólogo. Doctor en Ciencias Políticas y de la Administración (UNED). Autor de "Socialismo y cuestión nacional en España, 1873-1939" (Editorial Académica Española, Madrid-Berlín, 2012) y "Socialismo español y federalismo, 1873-1976" (KRK Ediciones y Fundación José Barreiro, Oviedo, 2013).

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