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La hispanidad pudo significar otra cosa

Si las primeras reivindicaciones de la hispanidad estuvieron ligadas a pensadores progresistas, en los años 30 el concepto viraría hacia el nacional catolicismo.

Primer desembarco de Cristóbal Colón en América (1862), de Puebla y Tolín, Dióscoro Teófilo. Museo del Prado.

Hoy es 12 de octubre, Día de la Hispanidad. Como muchos términos y conceptos, ni esta fecha ni la idea ‘hispanidad’ significaron siempre lo mismo. Unamuno primero, Avelino Gutiérrez, Luis Araquistáin y Dionisio Pérez después, a través de diarios como El Sol y La Voz, popularizaron el término ‘hispanidad’ con cercanía a posiciones políticas liberales, regeneracionistas y republicanas. Celebrado por primera vez de manera oficial en 1913 (por aquel entonces como “Fiesta de la Raza”) a propuesta de la organización Unión Ibero-Americana, el Día de la Hispanidad sufrió un viraje hacia el nacional catolicismo con Ramiro de Maeztu y su influyente obra Defensa de la Hispanidad (1934), de carácter abiertamente reaccionario. No obstante, no será hasta la dictadura de Franco cuando se decrete el Día de la Hispanidad como festividad en íntima unión con el Día de la Virgen del Pilar, posteriormente “Patrona de la Hispanidad”. La historia es así: la hispanidad pudo significar otra cosa.

Ramiro de Maetzu visto por Ramón Casas.

Recientemente, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha emitido un comunicado en el que se pronuncian acerca de las declaraciones del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien pidió de nuevo a la monarquía española y a la Iglesia que se disculpen por la conquista de América, como ya hiciera en 2019. El EZLN, lejos de todo posicionamiento de ‘buenos’ y ‘malos’, acusa a López Obrador de usar a los indígenas para sacar rédito político partidista. Rechazando cualquier petición de perdón, los zapatistas afirman que España también ha tenido a Cervantes y a la República; que la Iglesia también ha tenido a Bartolomé de Las Casas y demás religiosos que caminaron al lado de los originarios sin someterlos. A este lado del Atlántico, sin embargo, los impulsos imperiofílicos de ciertas élites políticas y económicas españolas no parece que vayan a cesar. En un momento de pleno auge de la extrema derecha reaccionaria, los éxitos rotundos en ventas de artefactos ideológicos como Imperiofobia y leyenda negra, de María Elvira Roca Barea, dan hoy sus frutos: la batalla por la hegemonía cultural española y su nueva orientación hacia los neofascismos de la Internacional Nacionalista (Trump, Boris Johnson, Salvini, Bolsonaro, Viktor Orbán, etc.) están penetrando en grandes capas de la opinión pública española. Según la autora, la imperiofobia sería el prejuicio antiimperial de los pueblos perdedores de la historia, que alientan el mito de la Leyenda Negra para desestabilizar al imperio. En este sentido, López Obrador sería otra muestra más de esta imperiofobia hacia España.

rimer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, marzo de 2018 (Radio Zapatista/La Tinta/SubVersiones)

La actitud de Felipe VI, tanto en 2019 como en 2020, ante la exigencia de disculpas de López Obrador –el silencio– es el síntoma definitivo de que España, en términos de José Luis Villacañas, es una nación tardía. Una nación tardía es aquella cuyos estilos de ejercer el poder no han producido ‘efecto nación’, es decir, cuyas élites políticas no han logrado que las capas populares se identifiquen con las líneas fundamentales de la razón de Estado. En otras palabras: no han logrado ser hegemónicas. Y esto es porque las élites políticas españolas jamás han confiado plenamente en su propio pueblo.

La respuesta hipernacionalista e imperiofílica de la extrema derecha reaccionaria española es un síntoma más de ser una nación tardía: las inseguridades, debilidades y faltas de autoestima de quien, en el fondo, ignora su propia historia. No hay un imperio que tuviese más experiencia escrita por los conquistadores que el español: Pedro Cieza de León, Lope de Aguirre… Pero son eso: memorias de conquista; y, como toda memoria, es fragmentada, particular. No hay una visión general. Por tanto, para construir un relato, ya no solo de España respecto de América, o de América respecto de España; sino de España misma, es necesario un doble distanciamiento: respecto del pasado y respecto del presente. Solo porque vemos el pasado a distancia, estamos en condiciones de mirar el presente sin confusiones ni fantasmas. Es necesario construir un relato adecuado para liberarnos del poder determinante y dominador del pasado y su condición fantasmal. Y quizás esto solo se consiga con un horizonte común en el que las voces de las víctimas sean escuchadas.

Christian Ferreiro
Escrito por

Graduado en filosofía por la Universidad de Oviedo/Uviéu. Inculto cinematográfico en tratamiento. Estudia el máster en formación del profesorado para ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

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