“Necesitamos sindicatos fuertes para garantizar que la ropa que usamos sea fabricada con dignidad”

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

Hablar de fábricas textiles parece algo muy lejano que remite a los albores de la revolución industrial, a Marx, Engels y los inicios del movimiento obrero. Sin embargo, a día hoy, el sector textil emplea a más personas que nunca en su historia: 100 millones de mujeres y hombres en todo el planeta. Víctor Garrido (Madrid, 1970) lo sabe bien. Desde la secretaría de acción sindical internacional de CCOO se ha encargado de gestionar varios acuerdos con Inditex, Mango y otros gigantes del sector. Es optimista porque tiene razones para ello. Las grandes multinacionales avanzan en dignificación de las condiciones del textil, y lo hacen presionadas por un movimiento sindical que cada vez está más coordinado internacionalmente: “la globalización y la pandemia han deteriorado las relaciones laborales y la gente tiene más necesidad que nunca de agruparse y organizarse”. Ayer estuvo invitado a un acto on line por CCOO de Asturies para hablar sobre redes de sindicalismo transnacional para pelear por trabajo decente.

Quiero comprar ropa barata, pero al mismo tiempo no quiero apoyar la explotación de las personas que trabajan en el textil en Bangladesh o Marruecos. ¿Qué hago?

Es complicado porque si dejásemos de comprar a esos países caería la producción y el empleo, y aunque sea con condiciones laborales muy malas la industria textil está sirviendo en muchos lugares del mundo para generar riqueza y empleo. Gracias al textil por ejemplo, millones de mujeres puedan acceder a un sueldo y ganar independencia económica. Ahora bien, nuestra posición como sindicato es lograr que las condiciones laborales sean dignas en toda la cadena global de suministro. Desde las tiendas en España hasta el último productor o productora, ya produzca en una fábrica, un taller o en su domicilio particular. Necesitamos sindicatos fuertes y en red para garantizar que la ropa que usamos sea fabricada con dignidad, y necesitamos lograr un ordenamiento jurídico internacional que vaya en esa línea, que por ejemplo incorpore los derechos laborales y sindicales en los grandes acuerdos comerciales. Ahí tenemos avances importantes como haber logrado formar el primer comité de empresa global de Inditex, con 7 compañeros de España y otros 7 compañeros del resto del mundo, o conseguir que Mango haga públicos todos sus proveedores. Para poder intervenir sindicalmente necesitamos transparencia e información de todas las contratas y subcontratas, y no siempre la tenemos a nuestra disposición.

En 2013 se derrumbó un edificio en Bangladesh donde estaban varios talleres textiles. Después de aquella tragedia se anunciaron muchas medidas, ¿pero realmente ha cambiado algo en la industria de la moda?

El derrumbe de Rana Plaza fue un homicidio industrial en el que murieron 1153 personas. Así fue reconocido por los tribunales en Bangladesh. A raíz de la sentencia hubo un acuerdo para mejorar la seguridad en el sector y evitar nuevos accidentes en edificios. Lo han suscrito 220 marcas que han aportado 500.000 euros cada una para hacerlo realidad. Ese acuerdo incluye un programa de inspección laboral, reformas en los edificios y garantías para la acción sindical y la negociación colectiva en las fábricas y talleres.

Acto de CCOO de Asturias con Víctor Garrido.

Otro de los problemas de la industria textil es la contaminación que produce. ¿Compramos demasiado?

Es verdad que compramos demasiado, pero es que las formas de consumir ropa han cambiado totalmente. Antes la gente compraba una camisa o un pantalón para que le durase muchos años. Ahora compra ropa cada poco y sin intención de que le dure toda la vida. Necesitamos un cambio en la manera de producir. Hace falta ir hacia una industria más sostenible, que contamine menos y que use menos agua, tanto en la manufactura como en cultivos como el algodón, que demandan muchísima. También potenciar el reciclaje. Los materiales de la ropa pueden reciclarse y servir para producir otras prendas y productos textiles.

¿Hay también una tendencia a la relocalización de la industria textil?

Europa consume cada año millones de prendas. Producirlas todas en la UE sería materialmente imposible, pero sí se percibe una cierta tendencia a producir en cercanía. Cercanía puede ser la propia Europa o países cercanos como Marruecos o Turquía. El grueso de la ropa que compramos se fábrica ahí, no en el sudeste asiático. Hoy es el 65% y en los próximos años puede seguir incrementándose.

¿Cuál es la situación del textil hecho en España? ¿Qué ha quedado de esa industria?

Mucha cerró porque los dueños no quisieron modernizarse y prefirieron vender los terrenos para construir pisos, pero sigue habiendo miles de empresas textiles pequeñas y medianas, además de Inditex que tiene 14 fábricas y genera 175.000 puestos de empleo en España. Las que sobreviven han tendido a especializarse en un producto artesanal, de diseño, con mayor calidad y valor añadido. Así fue como logramos salvar la fábrica de Loewe en Getafe, que estuvo a punto de cerrar, y que hoy produce bolsos casi artesanales, muy apreciados. Desde CCOO creemos que tener industria es fundamental para generar riqueza y empleo de calidad y seguimos defendiendo que se produzca textil en España, pero sabemos que no podemos competir con una fábrica de Bangladesh con 3.000 mujeres produciendo pantalones vaqueros. El reto del textil español es modernizarse y especializarse.

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