Nuevos fondos, ¿viejos errores?

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David Alonso
David Alonso
Es geógrafo. Ha sido concejal de Xixón Sí Puede.

Empieza el año, un año que viene frio y a estas alturas, la mayor parte de nosotros ya está al tanto de la llegada de un nuevo maná económico desde Europa y de los intentos de todas las regiones por recibir su trozo del pastel. Obviamente, también Asturias. Más allá de las lógicas consideraciones de lo necesario de dichos fondos ante la incertidumbre económica y social que nos está dejando la terrible pandemia, además de las certezas en cuanto a la salud pública, estos fondos europeos llegan a los territorios con unos principios similares a con los que han llegado otros: lograr una mayor cohesión social, generar empleo estable y decente, permitir un mayor desarrollo tecnológico, ayudar con una transición energética justa e inclusiva y mejorar la capacidad de gestión de la Administración Pública. Básicamente, que nuestra región no caiga con este último revés, que mejore, que nadie se quede atrás y que seamos un poquitín más verdes. Pero para que estás mágicas palabras se cumplan, no vale con repetirlas y agitar la varita mágica, sino que precisan de un trabajo y de una buena voluntad que en realidad, no hemos visto en anteriores ayudas.

Básicamente, que nuestra región mejore, que nadie se quede atrás y que seamos un poquitín más verdes

En Asturias, estas últimas décadas de subvenciones europeas, de fondos de varios tipos, no han logrado modificar el sistema productivo, ni reorientar nuestra economía y aún menos fijar población o influir sobre nuestra pirámide demográfica. Al contrario, somos menos, más viejos que hace 20 años y nuestras referencias económicas se han ido quedando por el camino. Frente a esto, el “establishment” asturiano sigue pintando nuestra región de un color irreal.

El despilfarro de decenas de millones de euros de origen europeo que se ha dado en nuestra región ha avanzado aún más en el descrédito de la política para la mayor parte de los ciudadanos, que ha visto como ingentes cantidades de dinero se han utilizado para parchear problemas concretos y totalmente sincrónicos en lugar de utilizarlos para lo que son, cuidar el presente, pero sobre todo, preparar un futuro para la región. Si ponemos la mirada en el presente, el Gobierno de Asturias ya ha establecido un Comité Asesor para la gestión y discusión de los proyectos que podrían entrar. De momento, se desconoce qué proyectos tienen en mente, pero por lo que se intuye, mucho de ese dinero volverá a alimentar los monstruos del pasado, bajo las palabras que todo lo limpian de desarrollo sostenible, nuevas energías, habitabilidad, comunicaciones e infraestructuras, y se volverán a olvidar de la realidad, de la aplicación de esas palabras. Es necesario fijar población y pensar mucho más allá de cuatro años y del rédito en las urnas. Y con esto me refiero a que beneficiaría más la salvajada de “pagar” para quitar el peaje del Huerna y asfaltar las carreteras regionales que seguir soñando con nuevas autovías o “pagar” para poner los filtros necesarios en la industria siderúrgica que queda que seguir anunciando y promocionando lo verde que somos, cuando nos están envenenando.

Sería más conveniente pensar en generar empleo estable y de calidad que en sueños grandilocuentes dignos de los faraones, de los que ya tuvimos bastantes ejemplos. Es necesario dejar atrás el “hay que gástalo, que si no se pierde” y que daba lugar a todo tipo de despropósitos. Asturias agoniza y tenemos una oportunidad de oro para revertir el proceso pero es necesario que, quienes administran los fondos, piensen en la región y en la gente que la compone; piensen en lo que somos, sin falacias políticas, y en lo que queremos ser. Es necesario dotar de realidad a los planes y proyectos.Para ello, es imprescindible realizar unas políticas públicas enfocadas al futuro y esto contradice la necesidad de los políticos de sus hazañas “se vean”, se nombren, que sean tangibles de manera inmediata y que de esta forma, sus esfuerzos sean recompensados en las urnas. La inversión como concepto queda muy lejos de sus intenciones. Corremos el riesgo de convertirnos en un decorado de cartón piedra de lo que pudimos ser y lo que realmente seremos

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