La loca historia de “¡A las barricadas!” en la SGAE franquista

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David García Aristegui
David García Aristegui
Autor de "¿Por qué Marx no habló de copyright?" y "SGAE: el monopolio en decadencia" juanto a Ainara LeGardon. Trabaja como analista informático.

La historia de ¡A las barricadas!, el himno de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), es útil para reconstruir cómo fue la cultura antes, durante y después de la dictadura franquista. Mucho se ha hablado de la censura, pero poco de los mecanismos concretos de represión por los cuales los artistas “desafectos al régimen” eran denunciados, juzgados y purgados en listas negras, lo que impedía que pudiesen desarrollar ninguna actividad en el sector cultural bajo la dictadura.

¡A las barricadas!, una creación colectiva desde la cárcel

En agosto de 1936, ya en plena Guerra civil, se estrenaba en Barcelona ¡A las barricadas!, que acabaría convirtiéndose en el himno de la anarcosindicalista CNT. El origen se remonta a la Varshavianka 1905, un himno revolucionario polaco escrito por el poeta Wacław Święcicki estando preso por su militancia socialista. Święcicki puso letra a La Marcha de los Zuavos, obra de autoría todavía incierta, pero que sirvió de base al poeta para crear una de las composiciones revolucionarias más populares de todos los tiempos.

El éxito de la adaptación de La Marcha de los Zuavos fue tal que pronto trascendió las fronteras de Varsovia y Polonia, para convertirse así la Varshavianka 1905 -en castellano, simplemente La varsoviana– en el himno de los revolucionarios rusos. La adaptación rusa se atribuye a un estrecho colaborador de Lenin, el polaco Gleb Krzhizhanovski, que al igual que Święcicki compuso la letra encontrándose en prisión. En el origen de ¡A las barricadas!, en principio popularizada como Marcha triunfal – ¡A las barricadas!, es crítico el papel de Valeriano Orobón Fernández, anarcosindicalista que sufrió cárcel, como la mayoría de los implicados en ¡A las barricadas!

Hay al menos dos versiones sobre el origen de la adaptación de La varsoviana. Un primer relato de los hechos es aquel donde la idea surge en un concierto dado por anarcosindicalistas exiliados, en los locales de Juventudes Libertarias de Madrid. Durante aquel concierto la compañera de Orobón, Hildegart Taege, fue traduciendo simultáneamente las letras que se interpretaban en alemán. La varsoviana impactó especialmente al periodista y fundador de las Juventudes Libertarias Jacinto Toryho, que propuso a Orobón que la canción se adoptara como himno revolucionario.

Hay otro relato de los hechos, donde el exiliado por sus ideas anarcosindicalistas Alfred Schulte canta La varsoviana en la bañera y Orobón Fernández irrumpe en el baño para averiguar qué canción era la que estaba interpretando. La letra sería traducida por Hildegart Taege y sería la base de ¡A las barricadas! Independientemente de su origen, lo cierto es que la adaptación de La varsoviana es encargada en 1936 al músico Joan Dotras Vila y sería grabada en el sello Odeón, con el Maestro Millet y el Orfeó Catalá. La partitura fue impresa y distribuida, y en ella aparece el nombre de Joan Dotras, lo que supuso su encarcelamiento posterior durante el franquismo.

En el interesante libro de Ferrán Aisa ECN 1 RADIO CNT-FAI Barcelona. La voz de la Revolución se refleja que tanto ¡A las barricadas! como el himno hermano Hijos del pueblo fueron imprescindibles en la programación de ECN 1, la emisora de la CNT-FAI, donde Jacinto Toryho tuvo un papel muy destacado en su organización.

La Comisión Depuradora de los Socios y Administrados de la SGAE

Un estudio pormenorizado de ¡A las barricadas! lo realizó la historiadora M. Encarnació Soler i Alomà. En él se aclara el oscuro origen de la obra y la represión sufrida por Joan Dotras Vila, al menos por un breve lapso de tiempo, por parte de la dictadura franquista. Encarnació Soler es, que nos conste hasta la fecha, la única académica que se ha hecho eco de la actividad de la Comisión Depuradora de los Socios y Administrados de la SGAE.

Esa comisión era la encargada de decidir qué autores podían beneficiarse del cobro de derechos de autor y cuáles no. Hay que hacer notar que si un autor no percibía derechos de autor sus obras no pasaban a dominio público: el dinero generado simplemente se repartía entre el resto de socios, entre ellos Francisco Franco con el pseudónimo de Jaime de Andrade, nombre con el que el dictador firmó la novela “Raza” que inspiró la película del mismo título.

El libretista Manuel Fernández Palomero fue el encargado de denunciar a los socios que él consideraba desafectos al régimen, como fue el caso de Dotras Vila por su vinculación a la CNT, con la que colaboró en diferentes producciones debido a su contacto previo con Toryho. El proceso a Dotras Vila comenzó en 1939 y no finalizaría hasta 1941. Ante el temor de ir a la cárcel, el compositor reconstruyó su trayectoria y afirmó que “en agosto de 1936 bajo amenazas de elementos anarquistas me vi obligado a armonizar e instrumentar con destino a una película documental la canción polaca titulada La Varsovienne, obra para mí desconocida hasta aquella fecha”.

Dotras fue añadiendo elementos en sus declaraciones, hasta lograr que fuera creíble que en realidad fue un quintacolumnista (espía para el bando franquista). Para apuntalar este relato renunció a los derechos de ¡A las barricadas!, relatando que desde el principio no había buscado ningún tipo de atribución (recordemos que su nombre es el único que aparece en las partituras que se editaron) pero que desde CNT-FAI no se había atendido a sus peticiones.

El estudio de la historiadora Encarnació Soler finaliza en 1942, cuando Dotras reingresa a la SGAE franquista, renuncia a los derechos de cualquier obra realizada durante la Guerra civil y es nombrado catedrático y posteriormente director del Conservatori Municipal de Música de Barcelona. ¡A las barricadas! quedó como una obra en dominio público.

Pero el periplo de Dotras no finaliza ahí, y afortunadamente otra historiadora ha reconstruido parcialmente los pasos del Dotras franquista, este ya perfectamente integrado en la dictadura y sus peculiares industrias culturales.

El Dotras franquista

La historiadora Marta Ruiz Jiménez, responsable de la web Trienio Liberal, consultó las ediciones del ABC de la época para reconstruir los pasos del arreglista que renegó de su papel en ¡A las barricadas!Dotras gozó de cierta popularidad como auto y al ir afianzándose dentro en la dictadura, llegó de manera natural algo muy deseado por los autores de la época: la asunción de cargos de responsabilidad dentro de la SGAE franquista, de la que fue en principio purgado.

El final de Dotras es el peor que podría imaginar: acabó implicado en uno de los numerosos casos de malas prácticas y corrupción de los que ha adolecido la SGAE en su larga y accidentada historia, con escándalos recurrentes y problemas económicos de todo tipo. Nada que sorprenda viendo la historia de la entidad de gestión con cierta perspectiva.

Tanto el funcionamiento concreto de la ¿interesadamente? olvidada Comisión Depuradora de los Socios y Administrados de la SGAE, así como de los entresijos de la SGAE en el tardofranquismo y su despegue al disolverse el Sindicato Nacional del Espectáculo en el que se encuadraba están todavía por escribir.

Pero el caso del himno anarcosindicalista ¡A las barricadas! y todas las personas relacionadas con su creación nos recuerdan dos cosas: que la autoría es de todo menos algo simple. Y que la historia de la SGAE franquista y su maquinaria represiva está todavía por contar.

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