Ecuador vota el regreso o no a las políticas de Rafael Correa

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Javier Arjona
Javier Arjona
Minero jubilado y militante internacionalista.

Hoy domingo se podría decidir el próximo presidente de Ecuador, o bien determinar qué dos opciones tendrían que repetir el 11 de abril. El voto es obligatorio, pero la pandemia está fuerte. Y la polarización aún más. Esa polarización la marca la división entre partidarios y detractores del ex presidente Rafael Correa.

El actual mandatario Lenin Moreno, había sido vicepresidente con Correa, y fue designado por él como sucesor en el Palacio de Carondelet. Moreno sin embargo “salió rana” a su mentor, y optó por alianzas y políticas ligadas al FMI y sus recetas neoliberales. Frente a ellas, el movimiento indígena y popular logró movilizaciones masivas en octubre de 2019, poniendo muertos, heridos y detenidos, hasta detener parcialmente el paquetazo de ajustes y recortes.

El movimiento indígena detuvo en 2019 el llamado “paquetazo”

El “correismo” no estaba entonces en condiciones para ejercer esa movilización debido a la división del partido y los problemas judiciales que llevaron a la cárcel a otro vicepresidente, Jorge Glas, o al propio Correa a una condena de 25 años de inhabilitación y varios de cárcel, condena que si no está cumpliendo es por residir en Bélgica, el país de su esposa. Cómo un partido-movimiento como Alianza País-Revolución Ciudadana ha padecido tales grados de confrontación interna, es uno de los análisis y autocríticas que el correismo tiene pendiente.

El gran asunto que vuelve a debatirse en parte en estas elecciones es el llamado extractivismo. Los gobiernos de Correa lograron recuperar ágilmente la economía renegociando la deuda externa y disminuyendo la dependencia internacional. Así lograron éxitos incontestables en un periodo de bonanza económica que beneficiaron a todas las capas sociales de Ecuador. Para este crecimiento económico también recurrieron a proyectos extractivistas de gas, petróleo y otras materias primas, incumpliendo promesas efectuadas en campaña, como dejar sin tocar algunos yacimientos petroleros situados en territorios indígenas.

Los proyectos desarrollistas desplegados por Correa llevaron al enfrentamiento de este con el movimiento indígena. En las movilizaciones en defensa del derecho al agua como bien común, Correa mandó detener al presidente de la poderosa ECUARUNARI, por entonces Yaku Pérez Guartambel, actual candidato a presidente por el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, y que antes había ganado las elecciones a la prefectura de Azuay.

También el movimiento feminista sufrió esa contradicción: crecimiento económico y mejores condiciones de vida, pero retroceso galopante de derechos de las mujeres, llegando incluso Correa a obligar públicamente a alguna de sus parlamentarias a desdecirse en sede de Asamblea Nacional sobre derechos de las mujeres.

No solo los líderes indígenas sufrieron el estilo insultante de Correa. Otra muestra de estas maneras chulescas sería denigrar al cantautor Jaime Guevara, humillándole con su escolta presidencial en pleno centro de la capital, llamándole borracho y drogadicto en su programa semanal multitudinario, y negándose a rectificar cuando se hizo saber que Guevara ni bebía ni fumaba, entre otros motivos por tener una enfermedad grave.

Hoy la ciudadanía ecuatoriana se enfrenta a tres grandes opciones. El banquero Guillermo Lasso, que propugna políticas ligadas al neoliberalismo rampante. El joven ex ministro de Correa Arauz, que auspicia un regreso a las políticas económicas del “correismo”. Y el abogado indígena Yaku Pérez (saxofinista y bicicletero en la campaña) que insiste en modelos económicos y territoriales de protección a la naturaleza.

Alberto Acosta, economista que fue ministro con Correa y expresidente de la Asamblea Nacional Constituyente, dice que el país desaprovechó durante los gobiernos de 2007-2017 la oportunidad de hacer cambios mucho más profundos en la transformación productiva y la redistribución de la riqueza, y que después el gobierno de Moreno se han agravado aún más los problemas estructurales del país, porque en medio de la pandemia la sociedad ecuatoriana no ha mostrado solidaridad con los más afectados ni respeto por un modelo de desarrollo más sustentable.

La gran pregunta es si Arauz va a seguir la misma táctica de Correa de arremeter contra el movimiento indígena y recurrir al extractivismo para financiar las políticas sociales, o si los lazos necesarios se van a restablecer optando por políticas económicas más respetuosas con la naturaleza, el territorio y la población indígena. Hay un hilo, colonial y racista, que sigue pendiente de quebrarse, que inspira algunas posiciones anti-indígenas, que llevaron a tratar de romper la Fenocin y la Conaie y otros movimientos, y que sigue dando malos resultados para Ecuador.

Ojalá que el joven Arauz sepa desprenderse de esa herencia maléfica, y sepa relacionarse mejor que su mentor, Rafael Correa, con el movimiento, las autoridades, las comunidades y organizaciones originarias del Ecuador.

Por cierto que en Cuenca, capital de Azuay, donde gobernó Yaku Pérez, hoy también celebra una Consulta Popular sobre el agua y la protección de este bien común. Con cinco papeletas sobre la explotación minera metálica a gran escala en zonas delimitadas por cuatro ríos: Tarqui, Yanuncay, Machángara, Tomebamba y Norcay.

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