Esto también es Avilés

Cinco itinerarios y muchas propuestas para conocer y disfrutar de la periferia rural de un concejo que necesita ampliar, proteger y conectar sus espacios verdes y naturales.

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Tania González Peñas
Tania González Peñas
Politóloga. Ha trabajado como profesora de enseñanzas medias y participa en PODEMOS desde su fundación. Primero como edurodiputada de la formación morada, y ahora como portavoz del grupo municipal Cambia Avilés. Toca el acordeón en el grupo de punk-changa "Los Pinflois".

Con 26,81 km², Avilés es el noveno concejo más pequeño de Asturies y el primero en densidad de población. Un concejo además con una amplia extensión de suelo urbanizado e industrial que deja poco hueco a los espacios naturales. Tan escaso, que los avilesinos y avilesinas cuentan con la mitad de espacios verdes por persona que Uviéu o Xixón, algo de lo que debería darse buena cuenta el Gobierno local de cara a futuras intervenciones urbanísticas, sobre todo en estos momentos en los que la importancia de contar con espacios para el esparcimiento y el ocio saludable se hace más necesario que nunca.

Pese a todos estos problemas estructurales, Avilés tiene dentro de su concejo algunas rutas muy interesantes. Aquí proponemos cinco itinerarios que combinan trayectos por espacios naturales, rurales e incluso urbanos, y a cuyo paso podemos disfrutar de elementos muy interesantes de nuestro patrimonio cultural e industrial. Ojalá la necesidad se convierta en virtud, y estos paseos de cierre perimetral nos permitan aprender un poco más a conocer y poner en valor lo que somos y lo que tenemos

Paseo de la ría, continuando por Llaranes, Bustiello y Los Canapés

La conocida como “Ruta del colesterol” es, sin duda, el itinerario más concurrido de Avilés. Siempre está la alternativa de saltar al puerto y dedicar un rato a la contemplación de la entrada y salida de barcos, operaciones de descarga de pescado, trabajos de reparación de redes y otros entretenimientos portuarios. O, simplemente, disfrutar del atardecer sobre la ría observando al fondo el Centro Niemeyer, si los colores del cielo acompañan. El paseo de la Ría está repleto de elemento de interés como la escultura “Avilés”, la fachada de las naves de Balsera, maquinaria industrial reconvertida en esculturas, o el gigante, ya apagado, de las Baterías de Cok, con una luz radiante en los atardeceres soleados y que representa gran parte de la transformación que Avilés vivió entre los años 50 y 70 con el desarrollo de la industria siderúrgica. Es un paseo de ida y vuelta, pero para quienes tengan ganas de seguir estirando las piernas, proponemos dos alternativas para su continuación, ambas adentrándose en el Poblado de Llaranes:

La primera opción es continuar el paseo junto al río Arlós, llegando hasta el complejo deportivo de La Toba e, incluso un poco más allá, hasta los restos de la antigua Azucarera de Villalegre. Pocas veces ponemos en valor la excepcionalidad de este poblado característico del paternalismo industrial que no suele pasar desapercibido para los visitantes. Llaranes cuenta (contaba) con todos los equipamientos propios necesarios para desarrollar una vida sin salir de ese barrio pegado a la fábrica. Colegios, Economato, Iglesia y una Plaza que en su día casi hacía las veces de plaza de la casa consistorial. Este itinerario concreto nos lleva en paralelo al antiguo “colegio de las niñas” y actual Colegio Público de Educación Infantil de Llaranes. Un edificio singular caracterizado porque todas sus aulas cuentan con grandes ventanales y con dos puertas de entrada: una que da acceso al centro y otra que da directamente al patio, un recurso que se ha vuelto muy útil para la organización escolar en tiempos de pandemia.

La segunda opción es continuar hasta el parque de Llaranes, pasear por la Campa de la Iglesia y seguir nuestro camino por el desconocido Bustiello, disfrutando de las panorámicas que podemos encontrar en algunos puntos. Emprenderemos el camino de vuelta por la Calle del Álamo para desembocar en Santa Apolonia y desde ahí enlazar con la Avenida Oviedo, donde nos toparemos con Los Canapés. No hablamos del centro social, sino del monumento de segunda mitad del siglo XVIII.

El otro margen de la ría: Paseo de San Xuan de Nieva.

Siempre es agradable dar un paseo por San Xuan de Nieva, disfrutando de su encanto atemporal, imaginando ese pasado preindustrial en el que Avilés era una villa pesquera. Continuaremos por el paseo junto a la Ría, pasando por debajo de la singular Peña del Caballo hasta llegar al área recreativa que hay frente a la Ensenada del Emballo, un gran lugar para disfrutar la puesta de sol.

Aquí seguramente encontraremos pescadores solitarios, en familia o grupos de amigos aplicándose con paciencia al arte de capturar calamares durante horas y horas hasta más allá del anochecer. Desde aquí podemos observar una parte de la playa de Salinas, el Peñón de la Deva y los destellos discontinuos del Faro de Avilés.

Senda fluvial del Río Magdalena volviendo por La Luz.

Comienza detrás del Pabellón de Exposiciones, donde se encuentra la Fuente Santos, construida en el año 1887, y transcurre en paralelo al Río Magdalena durante dos kilómetros a lo largo de una vega llana y solariega. Tanto la senda fluvial como esta parte más desconocida del Barrio de La Luz conservan en buena medida la esencia de la ruralidad avilesina, que podría tener un peso más significativo con una mayor apuesta política por una ciudad que siga manteniendo un pie en el campo.

Una parada obligada: la Ermita de La Luz, probablemente el mejor mirador de Avilés, con unas vistas panorámicas que nos permiten contemplar prácticamente toda la ciudad de una sola pasada.

Para quienes no tengan problema en regresar con los pies llenos de barro, una buena opción es tomar el Camino de Los Amanteles que llega directo hasta Versalles. Al inicio de este camino permanecen varias casas que han resistido la embestida urbanística previa a la crisis del ladrillo. El camino continúa por una campa que bien podría llegar a ser un espacio clave dentro de un anillo verde avilesino que rodease la ciudad aportándonos muchas otras rutas y caminos por los que desconectar de la vida urbana.

La segunda alternativa cuenta con otros elementos de interés: atravesar el parque de El Pozón, por sus jardines con rosales, estanques y nenúfares e incluso darse una vuelta por Villalegre contemplando las majestuosas casas de Indianos que pueblan el barrio. Clama al cielo el deterioro de alguna de estas construcciones, especialmente la Casa Maribona o Chalet El Puente de la Avenida Santa Apolonia, con su singular pasarela que conectaba la planta noble de la casa con la calle salvando el desnivel que hay entre ambas. Una recuperación seria del patrimonio cultural avilesino pasa por intervenir estas huellas de nuestra historia antes de que se hayan borrado para siempre.

Bosque de la Grandiella, Bosque de la Arabuya y Miranda

El Bosque de la Grandiella, contiguo al parque que lleva su mismo nombre, se inicia con un coqueto puente de madera sobre la Riega de la Ceba. La denominación de bosque quizá le quede un poco grande a esta pequeña senda arbolada, pero la continuación por el camino de El Barrial nos permitirá acceder al bosque de la Arabuya, un núcleo rural con la categoría de caserío donde viven poco más de treinta vecinos que parecen sorprendidos cuando reciben visitantes.

Este bosque es un gran desconocido, otro gran mirador de la ciudad y quizá el espacio verde que conserva una naturaleza más salvaje, con bastantes ejemplares de árboles autóctonos, especialmente carbayos y castaños.

Es importante tomar el camino en dirección a La Carriona, para no atravesar al concejo vecino de Illas, que desemboca justo detrás del cementerio. Este es otro punto de gran interés en Avilés. Ha recibido numerosos premios en concursos nacionales y entre sus panteones y esculturas, donde reconoceremos los nombres de muchas calles de Avilés, destaca la premiada estatua del Ángel de la Cripta de la marquesa de San Juan de Nieva, diseñada por Armando Fernández Cueto. Desde aquí podemos atravesar La Carriona, dar un paseo por el parque y llegar hasta Miranda, parroquia rural conocida antiguamente por sus más de mil años de alfarería negra, el asentamiento de gremios artesanales como los caldereros y por disponer incluso de un dialecto propio, el bron. De nuevo, grandes ejemplos del patrimonio cultural avilesino en peligro de extinción.

Perderse por San Cristóbal

San Cristóbal, una parroquia rural y residencial, verde, recta y llana por la que perderse durante un buen rato. A sólo unos minutos caminando desde el centro de Avilés sentimos que la distancia del mundanal ruido es exponencialmente superior a la distancia física. Quizá eso la convirtió en uno de los espacios más concurridos durante la fase de paseos temporizados durante la desescalada. Además, en San Cristóbal tenemos las mejores vistas a la Playa de Salinas en el aparcamiento-mirador que se encuentra junto al Restaurante Casa Falo.

Cinco propuestas para el ocio saludable que dibujan un escenario posible: el del impulso de un anillo verde que conecte estos itinerarios y la zona rural del concejo. Un escenario deseable, pero amenazado por una nueva expansión de urbanizaciones residenciales, así como por la Ronda Norte, la nueva infraestructura-barrera proyectada por el actual Gobierno Municipal y que supone otra circunvalación, otra división, para que Avilés sea bastante menos caminable, pero rápidamente atravesable sin salir de la autopista. La pandemia ha puesto de relieve otra vez la necesidad ciudades más humanas que reduzcan espacio al automóvil y mejoren su relación con su medio rural.

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