Catalunya: ganaron las izquierdas

Se consolida y amplía un espacio de mayorías que está claramente marcado por las izquierdas, el republicanismo y el soberanismo

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Antes de empezar, son necesarias algunas consideraciones en términos terrenales, para saber qué ha pasado exactamente con los votos. En 2017 votaron 4,4 millones de personas, de ellas unos 2,1 millones lo hicieron por opciones independentistas. En 2021, 2,9 millones fueron a las urnas, y de estas, 1,4 millones siguieron votando opciones independentistas. El voto independentista perdió 700.000 papeletas, un tercio de los votos de hace 4 años, pero con la elevada abstención la proporción hace que se ganen décimas en el peso del conjunto. De hecho, no deja de ser curioso que la CUP pasa por delante de En Comú Podem en escaños, a pesar de obtener 5.539 votos menos que los de Albiach.

En estas elecciones marcadas por el record abstencionista realmente los dos únicos que han ganado votos son los socialistas y Vox. Como el universo de votantes es menor, sus alzas han supuesto un importante premio en escaños. ERC pierde menos que Junts y eso le permite mejorar su peso frente al partido de Puigdemont y Borrás.

Esto nos deja una fotografía en la que los partidos de izquierdas obtienen 20 puntos más que la derecha. Lo que significa que la propuesta de construir un gobierno de izquierdas puede volver a estar encima de la mesa después de una década en que parecía imposible imaginar una Generalitat sin un presidente convergente o posconvergente. Por primera vez ERC supera a su eterno rival. Esto tiene cierta relevancia cuando se han escrito montañas de artículos diciendo que el Procés solo servía para la relegitimación de CiU. La diferencia de votos entre ambas fuerzas sigue siendo mínima, pero las acusaciones de derechismo al independentismo que se hacen desde alguna parte de la prensa van a ser difíciles de sostener.

Salen reforzadas las opciones alejadas de la política del “todo o nada”, partidarias de la negociación y de dar centralidad a la gestión de la crisis social. El Procés tal y como lo hemos entendido hasta ahora se ha acabado, pero el anhelo de soberanía sigue ahí.

Otro elemento que explica el resultado de las elecciones tiene que ver con el eje izquierda-derecha, tanto dentro de los bloques como en algunas fronteras intrabloques. En el bloque independentista es difícil negar que la composición de las listas de Junts ha evidenciado que efectivamente existían posiciones ideológicas que llegaron al máximo de contradicción cuando algunos de sus consellers se posicionaron a favor de que la Generalitat fuera acusación particular contra manifestantes independentistas. Sin esta cuestión, es difícil comprender un escenario político en el que, aun habiéndose acabado el Procés, la CUP haya estado a 1 diputado de su máximo histórico de 2015 cuando eran la única opción independentista alternativa a Artur Mas.

En lo que hasta ahora era el bloque constitucionalista, el hecho de que Ciudadanos se haya arrimado a la extrema derecha en Madrid o Andalucía ha generado unas fugas en la que mucha gente ha optado por Salvador Illa como opción de gobierno no independentista, de la misma forma que muchos de estos apoyos de 2017 se han ido directamente a Vox. Es decir, el espacio de centro liberal monárquico que pregonaban los naranjas en gran parte se ha concentrado en el PSC.

Las tres opciones a la izquierda de la PSOE crecen o se mantienen

Aún así, hay que mencionar la mayor paradoja de estas elecciones. En la Europa de Draghi, Merkel, Salvini y Le Pen, en Catalunya no solo se consolida sino que se amplía un espacio de mayorías que está claramente marcado por las izquierdas, el republicanismo y el soberanismo. Aunque esto parezca difícil de imaginar, ha supuesto que las tres opciones a la izquierda de la PSOE crecen en escaños o se mantienen. Ha habido muchas claves que habrá que desentrañar en los próximos días, pero podemos aventurar algunas posibles lecturas a vuelapluma. Que ERC empiece a diversificar su perfil respecto a los posconvergentes puede ser el comienzo de una tendencia a la consolidación del sorpasso que veremos si se mantiene; la implicación de Pablo Iglesias en las elecciones ha sido influyente en la diferenciación respecto al PSC y también en relación a ERC; la denuncia de la CUP respecto de la insinceridad del gobierno de la Generalitat ha sido clave también en el campo independentista. Pero, lo dicho, hará falta análisis más reposados para buscar los motivos de estos resultados.

Habrá que ver si se consigue formar un gobierno que tenga el centro de gravedad en ese espacio de mayorías y de consenso que existe en torno al soberanismo, el republicanismo y las izquierdas. Hay una oportunidad para un giro a la izquierda del país, que se convierta en una referencia para el resto del Reino de España, como lo ha sido la Ley de alquileres aprobada por la Generalitat. Y eso dependerá de las medidas y las transformaciones que emprenda este nuevo bloque de gobernanza que podría formarse. O por decirlo como Gabriel Alomar: “és precís no ja conservar als ulls de la gent el color de la llibertat, sinó accentuar-lo. Més encara: partit qui no accentua els seus caràcters, de fet els va perdent. Qui no avança, recula” [es preciso no ya conservar a los ojos de la gente el color de la libertad, sino acentuarlo. Más aún: partido que no acentúa sus caracteres, de hecho los va perdiendo. Quien no avanza, retrocede.]
Finalmente, no podíamos acabar este artículo sin hablar de la entrada de Vox en el Parlament, que marca un hito sobre todo a nivel estatal debido al sorpasso que consigue sobre el PP. Aun así, es importante tener en cuenta que el mejor resultado histórico del PP en Catalunya fueron 19 diputados y ahora la suma de Vox, PP y C’s son 20 diputados. Y todavía más importante que esto es que aunque Vox haya penetrado en algunos barrios populares debido a su discurso sobre seguridad, donde realmente consigue sus mayores apoyos es entre las clases altas, como en el exclusivo distrito barcelonés de Sarrià-Sant Gervasi.

Así, el escenario fragmentado que dibujan estas elecciones, sumado a que la independencia no parece a la vuelta de la esquina —la CUP se ha puesto el horizonte del referéndum en 2025— posibilitan pactos que, como decíamos, eran inimaginables hasta hace bien poco. Por ello, un posible gobierno entre ERC, los Comunes y la CUP podría plantearse como fórmula de gobierno con una abstención de Junts y del PSC, o abstención de uno y voto favorable del otro. Es difícil y más sabiendo que la lógica de la intervención política estatal es aún una lógica costosa para el soberanismo y el independentismo. Veremos qué sucede, però no por complicado hay que dejar de intentarlo.

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