Pongámonos en pie, por nuestros derechos

Hoy no es posible un golpe de Estado militar como el del 23F, pero existen otras forma sutiles de socavar nuestra democracia.

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Nuria Saavedra
Nuria Saavedra
Activista feminista y LGTBI+, trabajadora social y profesora en un instituto de Xixón.

Hace 40 años, un grupo de guardias civiles asaltaron las Cortes bajo las órdenes de Antonio Tejero y secuestraron en el hemiciclo a los diputados y diputadas en la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, como Presidente del Gobierno. Al mismo tiempo, Valencia era ocupada por militares y carros de combate.

Al grito de “¡quieto todo el mundo!” y “¡todo el mundo al suelo!” la fuerza de las armas doblegó a quienes fueron elegidos, como representantes en la sede de la soberanía popular. Solo permanecieron de pie: Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado que se enfrentó y recriminó a los golpistas. De madrugada, el Rey Juan Carlos I emitió un discurso contra el golpe, como mando supremo de las Fuerzas Armadas. La presencia del Rey frenó la movilización de militares y civiles, organizados para dinamitar el proceso democratizador.

Han pasado 40 años de aquel golpe que fortaleció la figura del anterior Jefe del Estado, aunque hay voces críticas que le implican directamente en los preparativos del 23F. Hoy nos podemos preguntar si es posible que, ante esta situación de crisis e incertidumbre política, socioeconómica y sanitaria que vivimos, se pueda producir un nuevo golpe de Estado. El auge de la ultraderecha con planteamientos de centralismo, de nacionalismo español, de promoción de valores y actitudes ultraconservadoras, de extensión y ampliación de los negacionismos, de negación y reducción de derechos, está generando una situación de inestabilidad.

La periodista Naomi Klein en su libro “Decir no, no basta” nos explica que cuando nos situamos en un estado de shock “se abre una brecha entre los acontecimientos y nuestra capacidad inicial de explicarlos” y ese es el momento en que “mucha gente se vuelve vulnerable a que figuras de autoridad nos digan que hemos de tener miedo unos de otros y renunciar a nuestros derechos en pro de un bien mayor”. Teniendo en cuenta lo descrito podemos pensar que nos encontramos, actualmente, ante un estado de shock.

El auge de la ultraderecha está generando una situación de inestabilidad

Pero ¿esto sería suficiente y viable, hoy en día en España, para intentar llevar a cabo un nuevo golpe de Estado al estilo de 1981? No. Según la RAE, un golpe de estado es una “destitución repentina y sustitución, por la fuerza u otros medios inconstitucionales, de quien ostenta el poder político”. Algunas personas rápidamente afirmarían que no solo sería imposible sino también impensable. Otras, que añoran viejos tiempos, desearían que así fuera. Y, como siempre, un grupo minoritario se situaría en la opción no sabe o no contesta.

Provocar hechos, actitudes, discursos y relatos falseados o fake news, con el objetivo de desestabilizar un país, no es patriótico; y, podría decirse, que tampoco democrático ya que quien ejerce el poder para inducir esa crisis no es el pueblo. Tal como la historiografía va narrando, no solo los militares sino empresarios y otras personas civiles influyentes y poderosas estuvieron en la preparación del 23F.

Actualmente, aunque haya algunos movimientos dentro del mundo militar español, no sería posible llevar a cabo un golpe de Estado como el de 1981 en un contexto del siglo XXI, donde tras la Gegunda Guerra Mundial todo conflicto es neutralizado. Sin embargo, otras situaciones más sutiles y amenazadoras se podrían estar desarrollando en nuestro contexto. No tanto en cuanto a la destitución del poder político del Gobierno, sino a la sustitución del poder formal por un poder real, que se sitúa alrededor de una fuerza socioeconómica con medios poco transparentes y cuyo objetivo es conseguir beneficios que dinamiten los derechos de la ciudadanía. Derechos que los españoles y españolas hemos conseguido en Democracia.

Para concluir, habrá quien quiera volver a otros tiempos. Pero, solo en Democracia – aún con sus posibles defectos y herencias adheridas -habrá espacio para la convivencia desde las diversidades. El miedo y la violencia siempre nos ha llevado a la destrucción, como personas y como sociedad. Reforzar la inestabilidad, de forma sutil o manifiesta, es querer negar los derechos de la ciudadanía y proteger los privilegios de quienes ostentan el poder y su red clientelar. Miremos hacia delante, pongamos ahí nuestra meta, fijémonos en la Constitución Española que nos une y reformémosla lo que sea necesario para seguir caminando. Hagamos realidad el Estado Social, Democrático y de Derecho donde todas, todos y todes tenemos espacio para ser y para vivir con dignidad y respeto.

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