“Las desigualdades en salud tardan mucho tiempo en desaparecer”

Ana Fernández Somoano ha coordinado en Asturias una investigación nacional que vincula la `privación socioeconómica´ con un mayor riesgo de mortalidad

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Ana Fernández Somoano, profesora ayudante doctor en el área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Oviedo, ha coordinado en Asturias la investigación del proyecto MEDEA3. Tras dos décadas de trabajo, la institución científica acaba de publicar el Atlas de la Mortalidad, una exhaustiva investigación que establece el riesgo de mortalidad por catorce causas distintas en los barrios de 26 ciudades españolas.

Los datos reflejan el peso de los factores socioeconómicos en el riesgo de mortalidad. Aunque la tendencia es a la baja en casi todas las enfermedades, Fernández Somoano incide en la importancia de remediar las desigualdades en el acceso a la salud.

De los datos del estudio se extrae la conclusión de que la privación socioeconómica es la causa principal tras los índices más altos de riesgo de mortalidad. ¿Qué factores concretos inciden en que eso sea así?

No hicimos un análisis concreto, porque este es un estudio ecológico. Lo que sí vemos es que hay una asociación entre residir en un barrio con mayor privación y tener un riesgo de mortalidad más alto. Pero este tipo de estudios no nos permiten concluir que la causa de la mortalidad sea justamente esa privación o menor nivel socioeconómico.

¿Y qué factores disminuyen el riesgo de mortalidad?

Todos los recursos que puedan promocionar a las personas que vivan en esos barrios más afectados y hagan las ciudades más habitables, con más zonas verdes. También programas de educación para la salud, para reducir hábitos no saludables como el tabaco o el alcohol. Permitir el acceso a toda la población a servicios sociales y culturales, a una mayor educación y una mejor alimentación.

¿Han detectado en Asturias alguna tendencia en los datos diferente a las que se observan en el resto de España?

La verdad es que no. Vemos que no todas las causas de mortalidad que estudiamos tienen un patrón claro en las tres ciudades. Pero cuando existe un patrón claro, sobre todo para los hombres, sí que aparece la evidencia de que son las zonas con mayor privación las que tienen más riesgo de mortalidad. En mujeres, en cambio, esa distribución del riesgo de mortalidad es más homogénea.

Y las enfermedades más asociadas a esos patrones son las mismas que se ven en otras grandes ciudades. En los hombres cáncer de pulmón, EPOC, SIDA o cirrosis; y en las mujeres diabetes, demencia o ictus.

¿Hay alguna diferencia significativa entre los datos de Oviedo, Gijón y Avilés?

En Oviedo se ve perfectamente, sobre todo en hombres, ese factor de la privación. Sin embargo, en Gijón y Avilés se nota más el riesgo de mortalidad en los barrios industriales y las residencias obreras. En Gijón y Avilés no es tanto la privación, aunque también.  En ese sentido, es mucho más claro el patrón de mortalidad en Oviedo.

Es interesante porque, cuando hacemos otros estudios de incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares en las tres ciudades, nos salen las mismas zonas con mayor riesgo para esas patologías. Y si te fijas en los mapas del covid también te salen esos barrios en las tres ciudades.

“Hay una tendencia descendente de riesgo en prácticamente todas las causas de muerte”

¿La contaminación atmosférica es también un factor a tener en cuenta?

Sí, uno de los objetivos del estudio es evaluar si los factores ambientales están influyendo en la distribución de la mortalidad. Pero lo que estamos viendo más es el patrón de la privación económica. Seguramente la contaminación también influirá, porque estas enfermedades son multicausales, y no sabemos qué factor lo está determinando más.

Es llamativo que, en Somió y otros barrios ricos del este de Gijón, el riesgo de mortalidad sea muy bajo para los hombres, pero es de los más altos de la ciudad para mujeres. ¿Cómo se explica esto?

A eso contribuye que el cáncer de pulmón está aumentando en mujeres de clase alta por contraposición a lo que ocurre con los hombres, donde esa enfermedad aparece en los de clase social más baja. La tendencia es inversa.

El cáncer de pulmón es una de las pocas causas de muerte cuyo riesgo está aumentando en las tres ciudades. El cáncer de mama uno de los más frecuentes, y no se asocia con privación económica. Sigue también una tendencia inversa.

¿Hay algo más que quiera destacar sobre el estudio?

No todo es negativo. Vemos una evolución temporal con una tendencia descendente de riesgo en prácticamente todas las causas de muerte, y eso va haciendo que se atenúen las desigualdades. Pero hay que poner el foco en las desigualdades, que siguen existiendo. Las desigualdades se siguen observando y hay que seguir insistiendo en eso, porque las desigualdades en salud tardan muchísimo en borrarse.

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