“La fuerza revolucionaria del cristianismo es evidente”

José María Álvarez 'Pipo' publica 'Mientras yo viva, Gaspar no morirá', un acercamiento al sacerdote y guerrillero langreano.

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Javier Arjona
Javier Arjona
Minero jubilado y militante internacionalista.

José María Álvarez, “Pipo”, (Boo, Aller, 1941) es sacerdote y autor de un nuevo libro sobre el también cura asturiano Gaspar García Laviana. En “Mientras yo viva, Gaspar no morirá”, Pipo se acerca de nuevo a la vida y obra del sacerdote langreano, guerrillero del Frente Sandinista de Liberación Nacional, muerto en 1978, durante un combate con las tropas de la dictadura de Anastasio Somoza en vísperas del triunfo de la revolución nicaragüense.

Álvarez estudió Filología romana y fue profesor de ciencias sociales en L´Entregu y luego en el IES Rio Nora de Siero. Párroco de Valdesoto-Siero hasta su jubilación, jugó durante la Transición y los primeros años de la democracia un papel clave en el movimiento vecinal, pacifista y de solidaridad con América Latina. En la actualidad se mantiene activo en el movimiento de cristianos progresistas y es uno de los impulsores del Foro de Cristianos Gaspar García Laviana.

¿Mientras yo viva, Gaspar no morirá?

Es lo que repetía Alfredo Cueto, un amigo que murió hace poco. Él fue fiel a su compromiso. Era casi de la misma edad que Gaspar, también cura y de Tuilla. Cuando Alfredo muere, yo creo que más importante que llorarle, pensé yo, es tratar de seguir las obras que él tenía entre manos, si ello me era posible. Uno no puede impedir que alguien muera, pero sí que continúe vivo su espíritu y algo de lo que él estaba haciendo. Yo he hecho mío ese empeño que él tenía de mantener viva la memoria de Gaspar.

¿Si tuvieras que explicar a gente joven, por ejemplo, de secundaria, qué les dirías: quién fue Gaspar?

Gaspar fue un gran luchador. Renunció a la vida cómoda que le daba su estado de cura y no hizo más que complicarse la vida defendiendo a los más débiles de su parroquia, a los más empobrecidos de Tola y San Juan del Sur. Todo lo que veía mal lo denunciaba, incluso ante los tribunales, como hizo en el caso del prostíbulo donde servían chicas menores, o cuando se enteró que el médico había operado tres veces a una joven de apéndice.

Fue extremadamente valiente. Se hizo guerrillero entrando en la más importante organización nacional que combatía a la dictadura de la familia Somoza, el FSLN, donde llegó a ser comandante. Ello suponía poner en peligro continuo su vida y, por otra parte, vivir en la montaña desde donde organizaban sus ataques. Esa vida era muy sacrificada. Fue solidario hasta el extremo de arriesgar su vida y terminar perdiéndola. Él había llegado a Nicaragua como misionero. Muchos dirían que los problemas de este país no eran sus problemas, pero él se implicó en ellos en alma y cuerpo. También muestra en su conducta y en sus poemas una especial sensibilidad hacia el sufrimiento, la injusticia y pobreza que laceraba sobre todo a los campesinos.

Has sido cura en El Entrego, y Gaspar había nacido por allí, en Les Roces. ¿Tiene relación con tu implicación y compromiso con la memoria sobre Gaspar?

Yo recuerdo que conocí a Gaspar. Cuando venía de vacaciones por Langreo, dos o tres veces al menos, cenó con los curas que nos reuníamos todos los viernes. Cuando murió en la lucha de liberación nacional nicaragüense, todos quedamos muy impactados. Estuve en Tuilla en su funeral. Lamentamos que D. Gabino no hubiera asistido. La Iglesia católica nunca aceptó a estos curas luchadores que se unieron a la causa de los empobrecidos, sufrientes todos los días, que eran, además, duramente reprimidos cuando a alguien se le ocurría protestar. Ahora bien, he decir que yo después de su muerte había estado metido en otros compromisos y dejé de lado el recuerdo de la muerte de Gaspar. Ya dije que no fue el caso de Alfredo Cueto. Lo que reactivó en mí el recuerdo de la figura de Gaspar fue la invitación que me hizo en el año 2007 José Ramón Pérez Ornia, director de RTPA, para participar en el documental que este ente estaba haciendo sobre el misionero muerto en Nicaragua. En aquel momento estábamos tanto Alfredo como yo en una reunión de curas y seglares que nacía por esas fechas y ya le pusimos de nombre Foro Gaspar García Laviana. Luego vino el hacer los tres juntos los libros “Gaspar García Laviana visto desde Asturias” y “Mi vida junto a Gaspar García Laviana”, este de Pedro Regalado, el compañero de toda la vida de Gaspar. Ahora esta publicación la hago en memoria de Gaspar, Alfredo y José Ramón.

La historia, más de 42 años después, si no se repasa tiende a olvidarse. ¿Sería comprensible para las generaciones de ahora la importancia, el interés y las respuestas intensas solidarias con la Nicaragua de entonces, como por ejemplo el que la discoteca de moda de El Entrego Madison acogiera un concierto masivo de Mejía Godoy cuyos fondos iban destinados a la tierra donde Gaspar murió, o que centenares de personas se fueran de “brigadistas” a cosechar algodón o café o a tratar de colaborar en la educación nicaragüense?

Yo no conozco las nuevas generaciones. Seguro que habrá jóvenes comprometidos en la solidaridad internacional. Al frente dos de mis grupos de referencia hay dos personas de unos 85 años, el cura Faustino Vilabrille, que encauza la solidaridad hacia Guatemala y África (ABOMEY, Benín, África Occidental; y NKUMBA, Ruanda). La otra persona es Matilde Díaz González de Lena, en cuyo grupo sí hay alguna persona relativamente joven. Este dirige su acción solidaria hacia El Salvador, ayudando a una institución llamada El Jacalito, que está promovida por el Movimiento Salvadoreño de Mujeres. Los jóvenes creo que necesitan líderes de edad más próxima a la suya. Eso se nota también en otros campos sociales. Nosotros, yo digo la generación del 68, en lo que yo conozco, tenemos dificultades para transmitir nuestros mensajes e inquietudes a la juventud de hoy.

“Un buen día nos llegó a tiempo completo Gaspar, de Asturias, el misionero que araba sobre el mar”, dice la canción de Carlos Mejía Godoy. En lo que has escrito tú, y en lo que han dicho otros autores, hay una valoración que se repite: ¿Gaspar ya iba condicionado y sensibilizado, o es la tremenda realidad nica, las desigualdades, el maltrato a las mujeres, la prostitución de niñas a manos de la Guardia Nacional somocista, lo que le hace cabrearse hasta dar el paso de hacerse guerrillero, o acaso ser guerrillero en aquel contexto era lo más normal para intentar revertir las injusticias?

Yo creo que Gaspar tenía ya aquí sensibilidad social que le hacía ver o descubrir los problemas que había en España. Muestra de ello es la cooperativa de vivienda que junto con Pedro Regalado promovieron en el barrio La Estrella de Logroño y su decisión de hacerse cura obrero en Madrid cuando estaba en la parroquia de San Federico, compaginando su labor pastoral con un trabajo de carpintería. Yo creo que nuestras raíces, alimentadas por el carbón de nuestras cuencas, también han colaborado a hacernos especialmente sensible a los problemas sociales. Precisamente las cuatro personas que figuramos en las tapas del libro, Gaspar, Alfredo, José Ramón y yo, somos hijos de mineros. Y los cuatro fuimos curas.

Dicho lo anterior, yo creo que lo definitivo, lo que hizo arder en llamas el corazón de Gaspar fue la situación de Nicaragua. El panorama era desolador. Lo describo en el libro. Incluso se puede leer un duro testimonio de una institución nada sospechosa: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos. Su informe es contundentemente demoledor. Hay un pueblo sufriente cuyas condiciones de vida son infrahumanas y solo señala un responsable de ello: la familia Somoza y una reducida oligarquía favorecida por ella.

Y en ese interés asturiano y español por Nicaragua, Gaspar y su muerte trágica tendría su influencia. Pero después, en 1981, cuando en la presidencia gringa Carter da paso a Reagan y se inicia una feroz guerra de agresión (incluso con financiamiento ilegal como el que muestra el proceso “Irán-Contras”, en el que se utilizaron cantidades masivas de tráfico de cocaína para financiar a los mercenarios “contras” ubicados en campamentos en Honduras; hay varias películas comerciales sobre ello), con resultado de decenas de miles de muertos y destrucción de todo el país y los principales puertos…, se produce también un rechazo mundial a esa abusiva y asimétrica guerra del pequeñito David nica frente al todopoderoso Goliat yanqui. ¿Y en esa enorme desigualdad de proporciones en cierto modo Gaspar, ya fallecido, sigue teniendo inspiración y presencia?

Creo que el P. Gaspar, así suelen llamarle en Nicaragua, será siempre un icono en ese país. Ahora bien, una cosa es el culto formalista a su persona y otra que sea referencia de las conductas, de los sentimientos, de los criterios… Hoy los dirigentes de Nicaragua reciben al mismo tiempo muchas críticas negativas y grandes alabanzas, según quien hable. Lo que sí sabemos es que la Nicaragua con la que Gaspar soñó y por la que luchó era para que fuese un país libre, justo, equitativo, un país de hermanos donde todos disfrutasen por igual de los bienes disponibles, siempre dando una atención preferente a los más necesitados. Según vayan las cosas, podremos saber el peso que Gaspar tiene en la realidad sociopolítica de Nicaragua y en sus dirigentes.

D´Escoto, Ernesto y Fernando Cardenal, fueron ministros del gobierno de reconstrucción tras el derrocamiento de la dictadura somocista que Gaspar contribuyó a destronar: Fernando fue el coordinador de una exitosa campaña de alfabetización, ministro de educación, y cuando estuvo en Oviedo llenó hasta la bandera el club de prensa. Ernesto, uno de los poetas más relevantes de América al que pudimos escuchar en su “polvo de estrellas” en Avilés, dirigió el ministerio de cultura, y prologó uno de los primeros libros de esa entidad: Cantos de Amor y Guerra del propio Gaspar, Miguel dirigió la política exterior nicaragüense en medio de la guerra de agresión, y posteriormente llegó a ser presidente de la Asamblea General de la ONU:  sin embargo, los tres fueron amonestados y represaliados por el Papa Wojtyla.

Al Papa Wojtyla le canonizaron casi nada más morir. De prisa y corriendo, diríamos. Hoy en la Iglesia católica es San Juan Pablo II. Yo creo que inmerecidamente. Nunca olvidaré la estampa del humilde cura Ernesto Cardenal, arrodillado ante un Papa amenazante que le increpaba exigiéndole que abandonara su cargo de Ministro de Cultura de Nicaragua. Quisieron los altos mandos eclesiásticos conservadores como sellar con impronta de santidad todo lo que ese Papa hizo y dijo para que fuera intocable y así seguir igual durante muchos tiempo. Hay mucha gente que no le reconoce tanto halo con el que quisieron adornar su figura. Al contrario, yo creo que fue un Papa nefasto para la Iglesia católica, principalmente porque impidió el desarrollo del Concilio Vaticano II, cercenando así la esperanza de renovación de ideas y de comportamientos que había en muchos de nosotros; se opuso con todos los medios de los que disponía, que eran muchos, a los teólogos de la liberación, lo que en última instancia era obstaculizar la praxis liberadora de muchos cristianos estaban llevando a cabo, lo que beneficiaba especialmente a los más pobres y a quienes vivían bajo dictaduras opresivas y fuertemente represivas. Miguel D´Escoto, Ernesto y Fernando Cardenal y otros muchos forman parte del victimario producido por el Papa Wojtyla. Fueron acogidos no hace mucho por el actual Papa Francisco.

Curas rebeldes en Latinoamérica. Por lo que has investigado sobre la vida de Gaspar, ¿consideras que tuvo alguna influencia de otros sacerdotes comprometidos con las luchas revolucionarias como por ejemplo el colombiano Camilo Torres?

Gaspar conoció la muerte de Camilo Torres (año 1976) unos meses antes de ordenarse sacerdote. Yo nací el mismo año que Gaspar y estaba haciendo el tercer curso de teología en el colegio hispanoamericano de Salamanca, donde había seminaristas de allá y entre ellos varios colombianos. La noticia fue también impactante y todos leímos en ese momento lo sucedido y la trayectoria que llevó al cura colombiano a hacerse guerrillero. Gaspar, que estaba en un instituto misionero con parroquias en Latinoamérica, seguro que hizo buena atención a la muerte de Camilo Torres. Ahora bien, lo que sí puedo decirte es que en el libro de Pedro Regalado sobre su vida junto a Gaspar no aparece nombrado el cura guerrillero colombiano. Lo que sí influyó en él fue la doctrina del concilio Vaticano II (1965), de algunas encíclicas como la Populorum Progessio (1967) y especialmente los llamados documentos de Medellín (1968), que recogía la doctrina del episcopado latinoamericano, cuyo líderes estaban muy en consonancia con la teología de la liberación.

La comandante Nora Astorga, que llegó a ser embajadora ante la ONU, pero falleció joven, escribió que cuando estaba embarazada de su tercer hijo, había coincidido, en la guerrilla, con Gaspar, y que este le había dicho aquello de que no llorara por su muerte, y que, si acaso que le llevara únicamente unas florsitas del campo. En otras referencias, en uno de sus poemas decía: “cuando ganemos la guerra/no vengáis compungidos a mi tumba/con rosas y claveles/rojos como mi sangre derramada/os juro que me levantaré/ y os azotaré con ellas /Solo admitiré violetas…”. Gaspar con frecuencia hace referencias a su muerte ¿era muy consciente de que se produciría?

Yo creo que él sabía que su compromiso con el FSLN era muy arriesgado, sobre todo cuando decide hacerse soldado guerrillero. Él sabía de la guerra abierta sin cuartel de los Somoza a cualquier movimiento o persona que se opusiera a ellos. Conocía a algunos de los que iban muriendo en el frente, algunos feligreses de sus parroquias, supo de la muerte de Camilo Ortega (1978), al que conoció bien, pues iba mucho por San Juan del Sur, y de tantas otras, pero la que le causó especial dolor fue la de su otro amigo Carlos Fonseca Amador, que cae en combate en 1976. Cuenta Pedro Regalado que cuando Gaspar se entera de la noticia da un grito desgarrador diciendo: “nos lo han matado”. Y llora la muerte de su amigo. Él sabía muy bien lo que suponía la lucha en la que se comprometió, cuyo lema era “Patria libre o morir”, en recuerdo de Sandino, y además que estaba en el punto de mira de la Guardia Nacional, como cuenta aquí en Asturias a sus amigos en su última venida.

Comprometidos con el pobrerío, y expresión de diversas solidaridades, han sido y son otros curas asturianos en Nicaragua (y en Guatemala y El Salvador), como José Luis Burguet, que tenía programas de televisión y radio muy avanzados, Angel Torrellas, que fundó una orquesta popular en Batahola, o Chepe Álvarez Lobo, que dirigió la enseñanza en Matagalpa, y escribió varias obras sobre el obispo Valdivieso, un obispo contemporáneo de Bartolomé de las Casas, también defensor de los indígenas nicas, y que fue asesinado por familiares del gobernador español: ¿serían expresión concreta del lema escuchado en aquellas geografías de que “entre cristianismo y revolución no hay contradicción”?

De los curas asturianos que me citas a quien conozco es a Chepe o Pepín (en nica y como llamamos también aquí a los pepes). Me regaló sus libros. La fuerza revolucionaria del cristianismo es evidente. Dan testimonio de ello, por poner un ejemplo, el largo martirologio latinoamericano y la persecución sufrida por tantos militantes cristianos, torturas incluidas, por parte de las dictaduras tan presentes en Latinoamérica. Este tipo de cristianos siempre fueron muy temidos por los poderosos. Daban consignas de vigilarlos, reprimirlos y eliminarlos, si fuera necesario. Los que están más en nuestro recuerdo son los jesuitas y laicos de la Universidad Centroamericana de El Salvador y el obispo Romero, pero representan a todos los que han luchado para restablecer el orden conculcado por la violación de los derechos humanos.

¿Gaspar a día de hoy, crees que es ejemplo o rémora para el cristianismo oficial?

Yo creo que lo que ha quedado de Gaspar en la mayoría de los cristianos que han oído hablar de él es el ser un cura guerrillero, lo que ellos desaprueban totalmente y que es razón suficiente para descalificar esta figura asturiana tan importante. No saben que a él le costó Dios y ayuda asumir el compromiso de la lucha armada. Como a todos. En este libro se trata específica y largamente este tema. Hay que saber que Gaspar lo que hizo fue ayudar a quienes estaban legítimamente defendiendo su vida con las armas, había gente que estaba siendo asesinada simplemente por reclamar sus derechos conculcados, por reclamar salarios justos para poder vivir con dignidad, por reclamar libertad, escuelas, atención sanitaria, etc. Todos sabían que la única solución era acabar por la fuerza con la dictadura somocista, implantada en Nicaragua desde hacía ya cuarenta años. Gaspar puede ser ejemplo para los cristianos de hoy y de siempre por lo que ya dije antes, al hablar de qué resaltaría yo en Gaspar hablando a los jóvenes y además, podría resaltar ahora su actitud ascética, asumiendo el sacrificio incluso de su propia vida y su mística: en el pueblo sufriente veía a Cristo mismo sufrir y creyó en aquellas palabras del nazareno cuando dijo “siempre que lo habéis hecho con uno de mis humildes hermanos, conmigo lo habéis hecho”. Se refería a aquello de dar de comer al hambriento, etc.

Dice Mónica Baltodano, que fue comandante sandinista, al presentar sus Memorias de la Lucha Sandinista: “Ahora que hay tantos cambios por los que luchar, tantas resistencias que hacer, tantas causas nobles por las que combatir, es momento de desentrañar y desplegar las banderas, los valores e ideales de aquellos, que lo dieron todo por la justicia y la libertad”. Y habla con mucho cariño de Gaspar. ¿Compartes esa opinión, es Gaspar una figura vigente para las luchas sociales del presente?

Si no fuera así nuestro empeño en mantener viva su memoria sería un mero “culto a la personalidad” que nuestra generación tanto ha criticado. Lo importante cuando recordamos a los luchadores es imitar los valores universales que ellos asumieron y les llevaron a un determinado compromiso. Pretendemos mantener viva la memoria de Gaspar para que, tal como uno entienda hoy y aquí, seamos como él sensibles ante el dolor de los indefensos, de los marginados, de los más débiles de la sociedad… y denunciemos sus causas y a los causantes, y pongamos manos a la obra para cambiar la doliente realidad y hacer un mundo donde todos podamos ser por igual de felices. Alfredo, dice en un texto suyo recogido en el libro, que Gaspar es ejemplo para todos, para jóvenes y adultos, para creyentes y no creyentes. El conjunto de los valores que él asumió y que le motivaron en su vida son universales, decía José Ramón. En Gaspar habría que añadir unos valores religiosos que lo que hicieron fue fortalecer en él los valores humanos.

Fallecía hace pocos meses el obispo Casaldáliga, quien había dedicado poemas a Monseñor Romero y al propio Gaspar.

José Ramón Pérez Ornia, y yo a través de él, mantuvimos un poco de relación con Casaldáliga con motivo de la publicación de los libros “Gaspar García Laviana visto desde Asturias” y “Mi vida junto a Gaspar García Laviana”, que se los enviamos una vez publicados. En el libro recojo unos correos que se pusieron. El obispo Casaldáliga con su poema a Gaspar simboliza a cuantos hemos reconocido la gesta del cura guerrillero asturiano y el valor de su entrega a los más empobrecidos. En cambio, otro obispo ha dicho que Gaspar no es ejemplo de nada. A su funeral no asistió quien entonces ocupaba la sede de Oviedo, como era costumbre. Tampoco el Vicario General diocesano. Ello nos dolió mucho.

Del poema quisiera resaltar cuando en él Casaldáliga asemeja el corazón de Gaspar al corazón de Jesús en pura llaga y afirma que ya vive el Amor cara a Cara, lo que significa que lo ve ya en el Cielo, en Dios. Y luego resaltar esa expresión con la que él se hace un poco asturiano al decirle tan cariñosamente a Gaspar, “hermano mío”.

¿Cómo te gustaría que se reconociera a Gaspar, como “comandante de la justicia social”, como “comandante sandinista”, como sacerdote, como “cura sandinista”, como “mártir de la revolución” que dicen en Nicaragua, como héroe revolucionario, como el “padre Gaspar”, como …?

Yo creo que lo mejor es reconocerle como lo que fue. Lo uno no quita lo otro. Fue cura-misionero, cura-obrero, cura-guerrillero-comandante-sandinista, cura-revolucionario, cura-justiciero, cura-profeta, fue un cura santo y héroe. Por todo ello yo creo, y trataremos de conseguirlo, que Gaspar García Laviana, nacido en Les Roces de El Entrego, San Martín del Rey Aurelio y vecino que fue de Tuilla en Langreo, sea declarado Hijo Predilecto de Asturias y de San Martín del Rey Aurelio e Hijo Adoptivo de Langreo y que sea promovido directamente por esas mismas instituciones. A la iglesia asturiana habría que pedirle también el merecido reconocimiento, haciéndole un funeral oficial de Iglesia presidido por el obispo, pero en las actuales circunstancias eclesiales asturianas es como pedir peras al olmo.

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