“No creo que haya ninguna otra ciudad de estas dimensiones con tantos grandes proyectos a la espera”

Manuel Cañete repasa los principales retos que Xixón tras cumplirse su primer año como presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales.

Recomendados

Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

En la cuenca del Caudal nació, se crio y desarrolló una conciencia política que siguió cultivando desde los 26 años en Xixón, la ciudad a la que se trasladó por motivos laborales y en la que desde entonces viene desarrollando una larga trayectoria en movimientos sociales. Manuel Cañete Pantoja (Mieres, 1960) preside la Asociación Vecinal Evaristo San Miguel, del Polígono de Pumarín, que cuenta con más de 2.000 socias y socios, y desde hace algo más de un año está también al frente de la Federación de Asociaciones Vecinales de Xixón. Preside, asimismo, el Foro de la Movilidad y en el poco tiempo libre que le deja su trabajo en una empresa siderúrgica y sus militancias cultiva aficiones que van desde la fotografía a las excursiones en bicicleta, pasando por las manualidades y las artes escénicas como colaborador de La Peseta Teatro, una compañía aficionada gijonesa creada en 2000 y que ha logrado diversos galardones nacionales de teatro aficionado.

Nació usted en un Primero de Mayo. Por hacer un chiste fácil, ¿le viene de ahí su espíritu reivindicativo?

Siempre lo celebro en manifestación y yendo a comer con un amigo íntimo que también nació ese día. Me contó mi padre, que era militante del Partido Comunista, que cuando fue a registrar mi nacimiento la secretaria del juzgado le dijo: “Pero, hombre, regístrelo como nacido el día 2”. Y el insistió: “No, no, el 1 de mayo”. Nací en un pueblín de Mieres, en lo que era una explanada de Barredo, de la antigua mina Mariana, y allí estuve durante doce años, descubriendo la vida, en una casa que construyeron mis padres y otra familia que vino desde Jaén.

¿Y después se mudaron a la capital del concejo?

Sí, bajamos a vivir a Mieres, al lado del convento, enfrente del instituto. Mieres tenía una vida cultural brutal en aquellos años, a finales de los años sesenta y principios de los setenta. Yo allí empecé a moverme desde muy pronto en el entorno de las Juventudes Comunistas.

Luego se trasladó a Xixón. ¿Se instaló en el barrio del Polígono directamente?

Sí, compramos la vivienda en 1985, cuando mi mujer y yo decidimos trasladarnos. Vine por motivos de trabajo, ahí nos asentamos y ahí seguimos. El barrio surgió como un polígono residencial de viviendas y en él confluimos una amalgama de gente diversa procedente de todos los lados. Una parte se convirtió en edificios de viviendas sociales y se produjo un contraste grande entre una zona y otra; hay un Polígono con población de mayor poder adquisitivo, digámoslo así, en la parte que linda con la avenida de la Constitución, y otro menos pudiente.

¿Cómo ve la evolución del movimiento vecinal en el barrio y en la ciudad desde entonces? Da la sensación de que ha ido perdiendo fuerza en las últimas décadas.

Lo que está ocurriendo con el movimiento vecinal no es ajeno a lo que sucede con los partidos, los sindicatos y el resto de organizaciones del entramando clásico. Hay gente joven trabajando en otro tipo de colectivos nuevos, pero en los sistemas clásicos no se ha producido el relevo necesario. También es cierto que ha cambiado esa concepción industrialista que estaba tan arraigada en la ciudad y en la que los obreros se implicaban en el movimiento vecinal. Las asociaciones vecinales fueron imprescindibles para cambiar los barrios. Nada viene regalado y la presión vecinal contribuyó a cambiar los barrios. Y también resultó fundamental la labor de políticos como el alcalde José Manuel Palacio, que tenían en la cabeza transformar la ciudad.

¿Falta, pues, ese relevo generacional del que habla?

Desgraciadamente, no somos capaces de enganchar a gente nueva, no somos capaces de entender y de asumir sus necesidades, su lenguaje y sus canales de comunicación. Aunque creo que esto es un problema histórico, porque cuando yo era un guaje en Mieres nos pasaba lo mismo con las generaciones anteriores, los jóvenes teníamos unas batallas tremendas con la concepción clásica del movimiento social, sindical y político. Los mismos dirigentes políticos nos arrancaban las pancartas en las que pedíamos la legalización de las drogas o del aborto, nos decían: “¡No jodáis, esto ahora no toca!”

Citó usted hace un par de minutos a José Manuel Palacio. ¿Qué le parece que el alcalde que transformó sustancialmente Xixón siga sin tener ningún reconocimiento en el callejero de esta ciudad?

Cuando llegué aquí teníamos un familiar en el entorno de lo que hoy es la avenida de El Llano y yo alucinaba con lo que iba descubriendo allí. Siempre me quedó la idea de que era un hombre que tenía en la cabeza cambiar Gijón. Hablé de este asunto con Armando Nosti, que fue compañero suyo en Unidad Gijonesa y me preguntó qué opinaba sobre la propuesta de darle el nombre de la avenida Juan Carlos I a José Manuel Palacio. Yo le dije que iba a generar problemas en las organizaciones vecinales de la zona, porque a los vecinos les suelen rechinar los cambios de nombres de calles. Le comenté que me parecía mentira que Palacio no tuviera aún un espacio de reconocimiento en la ciudad y que en cambio alguien, saltándose todo esto por detrás, consiguiera un espacio para un Vicente Álvarez Areces.

Las asociaciones vecinales fueron imprescindibles para cambiar los barrios

¿Se inclina usted entonces por la solución de darle el nombre de Palacio a un espacio que aún no lo tenga?

Yo diría que sí. Se podría buscar en torno a la zona de la ciudad que él transformó. Estamos hablando del primer alcalde democrático. Y además fue un referente para la ciudadanía, hay que recordar que llegó a ganar por mayoría absoluta unas elecciones. No sé si tiene nombre el parque de Los Fresnos, por ejemplo, pero sería emblemático que en la zona en la que comenzó la transformación de la ciudad figurara su nombre.

Salvo en los dos mandatos de Carmen Moriyón con Foro Asturias, la Alcaldía siempre ha estado en manos socialistas. ¿Xixón sigue siendo un concejo de izquierdas?

Yo creo que sí. Desde mi concepción personal e ideológica, sin menospreciar el proceso democrático, pienso que la izquierda, cuando lo hace bien y acierta, tiene un carácter fundamentalmente social. Yo no suelo hablar de igualdad, hablo más bien de equidad. Porque la derecha también se ha apropiado del lenguaje de la igualdad. La equidad es lo que hace que uno pague más cuando tiene más. La equidad es la verdadera justicia de una sociedad. Y creo, sinceramente, que las políticas de los gobiernos de izquierdas son más inclusivas que las políticas de derechas. Por la propia concepción del liberalismo y de la derecha. Aunque, viendo a algunos exdirigentes del PSOE del pasado, llegas a dudar de que ellos persiguieran esa equidad. Un hombre que vive montado en el dólar, como se suele decir, que da lecciones de ética y de moral con un chalé y una finca en Marruecos, te hace dudar. No obstante, cada organización experimenta su propia transformación y el Partido Socialista ha vivido la suya.

¿Qué le animó a ponerse al frente del movimiento vecinal gijonés?

Curiosamente, llegué al cargo cuando yo ya iba más bien de retirada, porque llevaba muchos años aquí y ya tenía bastante con el Foro de la Movilidad y con la presidencia del Polígono. Llevo colaborando con la Federación desde 2005 con el Plan de Vías. A mí siempre me ha gustado todo lo relacionado con el urbanismo y la movilidad. Yo estaba colaborando con la Federación a través de la Comisión de Movilidad Ciclista, y cuando el arquitecto Jerónimo Junquera presentó su proyecto fui al Museo del Ferrocarril a ver la maqueta. Me chocó mucho el modelo de edificación, con aquellas torres allí plantadas. Detrás de aquello lo que había era el discurso de las plusvalías, el crecimiento urbanístico desmedido, los planes generales de ordenación sin control alguno… Así fue que todo eso hizo ‘crack’.

¿A partir de entonces se fue implicando más en la Federación?

Sí, me fui metiendo en la Federación, que vivió una época muy mala en la que estuvo teledirigida desde la estructura municipal, o al menos así lo veíamos muchos. Pasó de ser el empuje de la sociedad gijonesa a ser un instrumento en manos del consistorio, hasta tal punto que se llegaron a negociar candidaturas para la Federación en las concejalías. Hoy en día esto se puede contar: había un gobierno municipal de coalición entre el PSOE e IU, y nosotros estábamos preparando una candidatura con gente muy diversa pero muy propensa a generar un cambio. Todo vino, básicamente, a partir del famoso Plan de Vías y la barrera ferroviaria, con una forma de actuar desde el movimiento vecinal que nos parecía muy pasiva y muy poco contestatario. Estábamos preparando una candidatura y nos llevamos la sorpresa de que en otro sitio estaban negociando otra, y no era entre los propios compañeros de la Federación.

Haga una breve valoración de su primer año al frente de la Federación.

La Federación recobró el empuje y se convirtió en un referente durante la presidencia de Tita Caravera y de Adrián Arias después. Con eso llegamos nosotros, pero la pandemia lo trastocó todo. Habíamos logrado poner en marcha de nuevo la Plataforma del Plan de Vías y sacar un convenio, y ese objetivo se logró por la tenacidad y el tesón de la Federación. Ahora, dada la situación de emergencia sanitaria, estamos reinventándonos.

LA INDUSTRIA Y LA CONTAMINACIÓN

La contaminación atmosférica es un problema endémico en Xixón, con dos responsables: la gran industria y el desmedido parque automovilístico de la ciudad. Hábleme de ello.

Hay cerca de 140.000 vehículos de motor en la ciudad. Eso es un problema, pero el problemón es el de los más de 200.000 tránsitos de camiones anuales por la zona oeste, con cargas de toda índole, lo cual conlleva una constante contaminación atmosférica, lumínica y acústica. En otra cosa no, pero en informes se gasta lo que no está escrito. Con el Plan de Vías llevan gastados unos once millones de euros en informes y maquetas, que equivale a todo lo que Gijón destina a inversiones anualmente, y no han valido para nada. En informes de calidad del aire y contaminación, el Principado gasta anualmente cien y pico mil euros. En 2017, por ejemplo, debían haberse adoptado 21 medidas y se pusieron en marcha sólo cuatro, y ninguna de ellas de relevancia.

¿A las administraciones públicas les tiembla el pulso para actuar ante la gran industria contaminante por miedo a la pérdida de puestos de trabajo?

Hay una confusión tremenda acerca de la supuesta dicotomía entre trabajo y medidas contra la contaminación. En la Milla del Conocimiento, en Cabueñes, hay gente desarrollando softwares ecológicos que se pueden aplicar a las empresas contaminantes, así que pongamos manos a la obra. Eso generaría puestos de trabajo y a la larga sería una fuente de riqueza, porque permite que las instalaciones industriales puedan seguir funcionando treinta o cuarenta años más. Pero lo peor de todo, y quiero hacer hincapié en ello, es lo de El Musel, que es una infraestructura del Estado. Que en el puerto se amontonen graneles sin control alguno y que la Administración no tome medidas es de juzgado. Pero, claro, ¿cómo va a actuar la Fiscalía contra el propio Estado? Y la alcaldesa forma parte del consejo de administración de la Autoridad Portuaria. No se ha hecho ni un simulacro de planes de emergencia, a pesar de la cantidad de productos peligrosos que allí hay. Se evita, se oculta ese peligro porque saben que generaría inquietud ciudadana y abriría un debate sobre la necesidad o no de crear determinadas infraestructuras.

El Plan de Vías, la depuradora de la zona este… Siguen estancados algunos de los proyectos de mayor calado en la ciudad.

No creo que haya ninguna otra ciudad española de estas dimensiones con tantos grandes proyectos a la espera. Con la depuradora estamos pagando millones de euros de multa de la Unión Europea, pero como la abona el Estado parece que no nos cuesta dinero. Y aunque pongamos abedules en el río Piles, la mierda a va seguir bajando. El remedio no está en renaturalizar un quilómetro del curso del río, sino en actuar donde se producen los residuos. Tenemos también la Zalia, un proyecto faraónico de Areces en su momento, con el que ahora hay que devolver terrenos porque para qué los queremos. Y el Plan de Vías, que es lo más alucinante. Es como las obras de la Sagrada Familia de Barcelona. En veinte años lo único que hemos hecho aquí es tirar estaciones. Y fíjense dónde estamos: con una estación provisional que quieren pintar, una estación convertida en Museo del Ferrocarril y una gran paraje yermo en El Solarón.

Añadimos a eso una estación de autobuses impropia de una ciudad de 270.000 habitantes.

Lo de la estación es otro despropósito. Ahora están retocando el edificio, allí no hubo muertos de casualidad cuando se cayó el techo. Hace años leí una carta en el periódico de una emigrante que venía desde Bélgica y decía: “Qué tristeza volver a una ciudad donde la estación de Alsa sigue igual que cuando me fui de niña”. El tráfico de todos esos autocares en el centro de la ciudad es un foco de ruido y de contaminación, aparte de que no tiene ninguna lógica hoy en día. Pero Alsa va a querer que le hagamos la estación…

MOVILIDAD Y TRANSPORTE PÚBLICO

La peatonalización de espacios en la ciudad es otro tema no exento de polémica. ¿Cuál es su posición al respecto?

Cuando estábamos debatiendo en el Foro de la Movilidad sobre el Plan de Movilidad veíamos que en todo lo que es escribir y planificar la cosa va rodada, pero todos los expertos advertían de que el conflicto surge cuando llega la hora de la concreción y de la adopción de medidas. Por lo tanto, hay que prever un proceso de información y de educación ciudadana para que la gente lo entienda y, sobre todo, dar alternativas a la movilidad. Toda acción conlleva una reacción, y esto es lo que se está viviendo ahora con lo del Cascayu del Muro, por ejemplo. Es impopular cualquier medida que suponga quitar plazas de aparcamiento o cambiar el nombre de una calle, por ejemplo. Lo que se debe hacer es facilitar alternativas a las personas que se sienten perjudicadas por esas acciones. En el tema de la movilidad se está yendo a salto de mata, pero la gente debe entender que debemos cambiar al actual modelo. Hay que determinar por dónde va a ir el coche, por dónde va a ir el transporte público y por dónde va a ir al peatón. Y para la gente que pregunta cómo va moverse si hay peatonalizaciones la respuesta es que debemos movernos en transporte público.

Para eso sería necesario potenciar y rediseñar el transporte público urbano, ¿no?

Sí, queda aún mucho por hacer al respecto. Estamos haciendo esta entrevista ante la estación ferroviaria, en un sitio paradigmático de esta situación. Por aquí pasan sólo dos líneas de autobuses municipales, la 16 y la 18, cuando esto debería ser el centro neurálgico del transporte público. ¿Y en qué viene la gente a la estación? En taxi o en coche, porque no tienen otra forma. Por Carlos Marx, que es la vía más ancha y rápida que tenemos, no pasa ni un autobús. No hay ningún eje que cubra la estación, Carlos Marx, Pérez de Ayala y El Coto.

En el tema de la movilidad se está yendo a salto de mata, pero la gente debe entender que debemos cambiar al actual modelo.

En el capítulo de los carriles-bici sí parece que ha habido avances significativos en los últimos años.

Sí, eso es verdad, ahora no podemos decir que no hay infraestructuras para pedalear. El Polígono está circunvalado por un carril-bici, llevábamos muchos años apostando por ello. El coche quizás te da un estatus, pero la bicicleta o el patinete eléctrico son los nuevos elementos de movilidad veloces. Vas a las grandes ciudades y te das cuenta de que el automóvil no es imprescindible, en Madrid hay un porcentaje muy alto de jóvenes que ni siquiera piensan en comprar coche, tienen asumido que no van a gastarse 20.000 euros en un automóvil; porque no se lo pueden permitir por sus condiciones laborales y porque utilizan los coches compartidos, el transporte público… El tema de la bici implica un proceso cultural que lleva tiempo, pero tendrá que ir cuajando, porque ya no vale decir que aquí llueve mucho. En ciudades de Holanda, Dinamarca, Alemania o Noruega la gente usa la bicicleta aunque llueva o haya temperaturas bajo cero. La transición hacia un nuevo modelo se ha de producir. Ya no tiene ninguna lógica eso de que mi coche pueda seguir contaminando lo que le dé la gana porque lo aprecio mucho y tiene treinta años. Tú puedes tener una cosa por amor, pero tenla en tu casa.

En Xixón da la sensación de que, a pesar de contar con una buena red de carriles-bici, la conciencia ciclista es aún escasa.

Un día fui con mi bicicleta al campus universitario, donde hay un clúster sobre energía sostenible, cambio climático, movilidad y no sé qué más. Aquel día el aparcamiento estaba lleno, había coches incluso en los praos, y conté en total 22 bicicletas privadas y públicas. A continuación fui al Instituto de El Piles y allí había 60 bicicletas. Esa es la diferencia entre un centro de Secundaria donde la comunidad educativa asume que la bicicleta es un modelo guapo de movilidad y la Universidad, que vende que está haciendo no sé cuánto en movilidad. La realidad empieza creando conciencia, como hace en esta materia el Instituto de El Piles o el colegio Miguel Cervantes.

Hablemos de sanidad. ¿Se justifican por la pandemia las situaciones de desatención que están denunciando colectivos vecinales y personas usuarias en algunos centros de Salud?

Lo que estamos viendo con la pandemia es la debilidad del sistema, a pesar de que nos vendieron que teníamos una sanidad pública de la hostia. La situación de pandemia es tremenda, pero es que al principio ni siquiera había EPIs suficientes para el personal sanitario. Y además las estadísticas, que algunos ya conocíamos porque llevábamos tiempo en ello, dicen que estamos por debajo de muchos países en ratios importantes como el de médicos por habitantes y número de camas de UCI. Las políticas de recortes sistemáticos a la atención pública durante el Gobierno de Aznar fueron terribles. Ojalá a nadie se le olvide la debilidad a la que llevaron al sistema público sanitario, porque en ese proceso se perdieron cerca de 17.000 médicos, y creo que no los hemos recuperado aún por completo. La Atención Primaria no puede funcionar como una oficina bancaria o como cualquier otra dependencia que te atiende de ocho de la mañana a tres de la tarde. Debe ser un sistema mucho más dinámico en el que si necesitas ir al médico fuera de horario no tengas que acudir necesariamente a Urgencias. Un año después estamos casi con las mismas colas que cuando empezó la pandemia, y no se entiende que la teleasistencia se haya convertido en la norma, porque hay gente que está muriendo por desatención.

Estamos a punto de rematar entrevista y no hemos hablado sobre cultura, que es un tema al que le da usted especial importancia.

Es un elemento fundamental, del cual muchas veces no se acaba hablando. Desde hace años vengo diciendo que Gijón perdió esa frescura cultural que tenía antes. Con cada acto que hacemos en el barrio vemos lo mucho que la gente aprecia tener un par de horas de música, de lectura, de charla… Fue lo primero que se cercenó con la pandemia y está costando mucho recuperar el elemento cultural presencial. Cuento como anécdota que el 21 de marzo para celebrar en el barrio el Día Mundial de la Poesía con una lectura de poemas me dirigí al Ayuntamiento para pedir el permiso correspondiente y me remitieron a Cultura, a Patrimonio y a Salud Pública del Principado. Y Salud Pública me contestó diciendo que si cumplimos la normativa la competencia es puramente local. ¿No puede haber una gestión única para estos casos?

- Publicidad -spot_img

Actualidad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here