Tres retos para la resituación del movimiento vecinal

Necesitamos ser capaces de ver más allá, de preveer los conflictos y las situaciones futuras, de marcar la agenda social y política de nuestros barrios y ciudades.

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Adrián Arias
Adrián Arias
Adrián Arias (Xixón, 1988). Abogado. Activista vecinal. Ha sido Presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales en Xixón (2016-2020) y en la actualidad es asesor de la Delegación de IU-GUE/NGL en el Parlamento Europeo.

Las transformaciones sociales y económicas que nuestros barrios y ciudades han vivido en los últimos años han revolucionado totalmente nuestro entorno. Volver a hablar el mismo “idioma” que hablan nuestros vecinos y vecinas es a día de hoy clave para afrontar con éxito los retos que el movimiento vecinal tiene por delante si quiere volver a ser un movimiento influyente, como lo fue en décadas pasadas.

El movimiento debe renovar sus organizaciones y ser capaz de adaptarse a las nuevas realidades

El primer reto es renovar sus organizaciones y ser capaz de adaptarse a las nuevas realidades. Los liderazgos en ocasiones cesaristas, envejecidos y fuertemente masculinizados, han dado paso (aun de forma muy débil) a liderazgos más colectivos, inclusivos y que tienden a descentralizar portavocías, representatividades y esquemas piramidales. Organizativamente, el movimiento vecinal tradicional tiene que entender que nuestros barrios y ciudades son mucho más plurales, transversales y menos cohesionadas que los que conoció el asociacionismo en sus años gloriosos. Entender que “ya no somos el ombligo del mundo”, que ya “todo no tiene que pasar por nosotras” o que “hay más vida social que la asociación vecinal” es el primer paso para poder superar una crisis del movimiento asociativo vecinal, que ha convertido en auténticos eriales lugares que antaño eran fuertes núcleos de activismo.

El segundo reto es acertar con los proyectos vecinales a desarrollar en tu ámbito de actuación. En un barrio de nueva construcción, con población joven, sin apenas servicios públicos y con amplias deficiencias, la hoja de ruta es bastante sencilla, nada como el manual de instrucciones del asociacionismo de primera y segunda generación: asamblea vecinal, pancarta, movilización y activismo. El reto aparece en barrios o ciudades donde esa fase ya está más que superada y aparecen los problemas vecinales de “tercera generación”. El urbanismo, el desarrollo sostenible, la participación, la lucha medioambiental, la movilidad, la cultura, el ocio, el uso/ocupación del espacio público o la visión integral feminista de todos estos temas, aparecen como ejes fundamentales del proyecto vecinal que muchos actores del propio movimiento no han sabido o no han querido entender.

El tercero de los retos es saber responder a las necesidades, a ser versátiles y adaptativos al entorno. Pero no sólo quedarse como primera línea de resistencia y respuesta ante desahucios, racismo, xenofobia, machismo, lgtbifobia, exclusión social o otras formas de violencia estructural contra nuestras vecinas y vecinos. Ser capaces de ver más allá, de preveer los conflictos y las situaciones futuras, de marcar la agenda social y política de nuestros barrios y ciudades.

El reto es escuchar siempre “ese hermoso run-run”: “Nos quieren en soledad, nos tendrán en común”.

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