Semblanza del alcalde José Manuel Palacio

Armando Nosti y Luis González repasan la trayectoria del ex regidor, fundador de Unidad Gijonesa, que dará nombre a la actual avenida de Juan Carlos I.

Recomendados

Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

“Parece ser que a la tercera va la vencida”, sentencia Armando Nosti. Él y Luis González, que formaron con José Manuel Palacio terna de concejales en Unidad Gijonesa (UGj) a principios de los años 90, han tratado con tres alcaldesas de dos formaciones políticas distintas en el tenaz intento de que el Ayuntamiento reconociera la labor del alcalde de la Transición incorporando su nombre al callejero de Xixón. La actual regidora, la socialista Ana González, ha decidido asumir por fin esa deuda de memoria democrática y la avenida de Juan Carlos I pasará a llevar el nombre de José Manuel Palacio. Nortes ha reunido a los dos ex ediles de UGj para repasar la trayectoria de quien fue alcalde entre 1979 y 1987, y para analizar las tribulaciones de todo este tiempo en el que no han dejado de reclamar lo que consideran “un acto de justicia y de memoria”.

Han tenido que pasar 34 años desde su salida de la Alcaldía y 16 desde su fallecimiento antes de que el consistorio anunciara que le concederá su nombre a una avenida. El único espacio público destinado a Palacio hasta la fecha se halla en el parque de Los Pericones, donde al cumplirse el primer año de su muerte, en el otoño de 2006, fue instalado un monolito con una placa que posteriormente hubo de ser reubicada tras sufrir actos de vandalismo.

José Manuel Palacio Álvarez (1930-2005) nació en La Habana y llegó a Xixón con apenas dos años, cuando su padre y su madre decidieron regresar a la ciudad en la que ambos habían nacido; fue en tiempos de una Segunda República que, nadie podía imaginarlo, moriría en poco tiempo con un golpe de Estado y la consiguiente guerra civil. Palacio desarrolló su carrera profesional como trabajador de lo que entonces era el Banco de Bilbao, y en el sector de la banca asumió también sus primeras labores sindicales. En los años 70 fue concejal, diputado en las Cortes de la legislatura constituyente y consejero de Obras Públicas y Transportes en el Gobierno asturiano preautonómico presidido por el también socialista Rafael Fernández.

José Manuel Palacio Álvarez (1930-2005) nació en La Habana y llegó a Xixón con apenas dos años

El PSOE gijonés lo escogió entre su militancia para encabezar el cartel electoral en las primeras elecciones municipales, que se celebraron en abril de 1979, y logró la Alcaldía con una mayoría simple y el apoyo de los concejales del PCA. “El pueblo de Gijón recupera el Ayuntamiento que le habían quitado hace más de cuarenta años”, proclamó tras recibir el bastón de mando de manos de Pedro Lantero, alcalde provisional durante un año. Asumió el compromiso personal de que su salario como primer edil gijonés “no superaría ni en una sola peseta lo que cobraba entonces como empleado de banca”, señala Luis González. “Yo lo conocí en una asamblea del PSOE”, recuerda, “rápidamente se creó una corriente de confianza en torno a él. Siempre me atrajo su forma de pensar”. González compartió con él aquel primer mandato, después tuvo que irse a Alicante por motivos laborales y volvieron a ser compañeros a principios de los 90, ya como concejales de UGj.

Armando Nosti, por su parte, resalta que Palacio decidió que todos los concejales de los cuatro grupos políticos con representación (PSOE, UCD, PCA y AP) tuvieran competencias en algún área de trabajo municipal. Luis González apunta que él y el único concejal de lo que entonces era Alianza Popular, Francisco Álvarez-Cascos, asumieron las de Bomberos y Medio Ambiente, como presidente y vicepresidente, respectivamente. No fueron años exentos de turbulencias y entre ellas estuvo la intentona golpista del teniente coronel Antonio Tejero, que sacudió todo el país. Al alcalde Palacio el asalto al Congreso del 23 de febrero de 1981 lo sorprendió en Madrid y se cuenta que Álvarez-Cascos, que pertenecía al partido menos distante del franquismo en la primera Corporación Municipal, contactó con él en esas horas inciertas y le dijo que se ponía a su disposición para lo que fuera menester.

En aquellos tiempos convulsos la extrema derecha, organizada políticamente en torno al nostálgico del franquismo Blas Piñar y a su partido Fuerza Nueva, amenazaba con atentar contra representantes de la izquierda local. Luis González comenta al respecto que los ultras habían hecho pintadas y proferido amenazas contra Palacio, de modo que el comisario del Cuerpo Nacional de Policía en Xixón convenció al alcalde para que accediera a llevar un agente de escolta. El regidor solía ir desde su domicilio, en la calle de Alfredo Truán, hasta el Ayuntamiento andando o en autobús municipal y el policía, vestido de paisano, lo esperaba cada mañana en el pasadizo de acceso al paseo de Begoña. En una ocasión, un conocido de Palacio vio a aquel hombre cerca del alcalde en la calle, el primer edil le informó de que se trataba de un escolta y el conocido le reveló al regidor que el policía en cuestión era militante de Fuerza Nueva.

José Manuel Palacio acometió en sus primeros cuatro años de mandato una profunda transformación urbanística del concejo más poblado de Asturies, que a finales de la década de los 70 contaba con unos 250.000 habitantes (actualmente tiene algo más de 270.000) y un sólido tejido industrial reflejado en un sector naval de media docena de astilleros en la bahía de Xixón, las empresas siderúrgicas Ensidesa o Fábrica de Moreda, la hullera Mina La Camocha, las textiles Obrerol y Confecciones Gijón y la cristalera Bohemia Española, entre otras. La ciudad había recibido en los decenios anteriores un importante caudal de mano de obra procedente de otros concejos asturianos y de territorios como Galicia, Castilla y León, Extremadura o Andalucía. Gracias a esa población inmigrante nacieron o se desarrollaron barrios al sur y al oeste, y Palacio asumió entre sus principales objetivos dignificar esos asentamientos obreros, asfaltando vías y oxigenando espacios con la creación de zonas verdes. “Tenía fijación por crear zonas verdes y parques en toda la ciudad”, afirma Nosti. Los Pericones (en El Llano, hoy en día la zona verde urbana más extensa de Asturies), el Lauredal (en La Calzada), el Cerro de Santa Catalina (en Cimavilla) y el parque del Cabo de San Lorenzo (en La Providencia) fueron cuatro ejemplos notorios de espacios abiertos que ganó para la ciudadanía.

“Conseguir el Cerro era una aspiración de la ciudad desde el siglo XIX, pero el ejército siempre decía no a la cesión”, apunta Armando Nosti. La persistencia de Palacio, y el respaldo de toda la Corporación Municipal en esa reclamación, hizo que el Ministerio de Defensa acabará vendiendo al Ayuntamiento no sólo la península que corona Cimavilla, sino también el antiguo cuartel de El Coto y el Cabo de San Lorenzo, por un total de 175 millones de pesetas, una cantidad razonable si se tiene en cuenta que sólo ocho años más tarde el consistorio, con Vicente Álvarez Areces ya como alcalde, iba a desembolsar cien millones de pesetas por el Elogio del Horizonte, de Eduardo Chillida.

Palacio también puso manos a la obra para mejorar infraestructuras en las parroquias rurales y para avanzar en la erradicación del chabolismo en la ciudad, donde a finales de los años 70 se contabilizaban un total de 353 chabolas, repartidas en diversos núcleos (Villacajón y La Muria en Tremañes, La Cábila y La Santina en El Llano…) y habitadas por población paya y gitana, tanto española como portuguesa. Con él como alcalde, Xixón recuperó con fuerza el Antroxu, convirtiéndose en la capital asturiana del carnaval. La remodelación y ampliación del estadio municipal de El Molinón con motivo del Mundial de España-82 fue otro de los logros en su primer mandato, en el que tampoco faltaron los gestos de internacionalismo; algunos periódicos de derechas, con una concepción provinciana de lo que según ellos debería ser la política municipal, no dejaron pasar la ocasión de burlarse del alcalde gijonés por sacar adelante una moción de solidaridad con el pueblo kurdo y de condena del régimen dictatorial iraquí de Sadán Huseín.

La victoria electoral más amplia

José Manuel Palacio logró en las elecciones municipales de 1983 una arrolladora victoria, con una mayoría de 17 concejales y concejalas sobre un total de 27 (Unión de Centro Democrático se quedó sin representación, Alianza Popular subió de uno a siete y el Partido Comunista bajó de cuatro a tres). Ese amplio respaldo en las urnas, que nadie ha vuelto a igualar desde entonces, y el hecho de que se fuera disipando el espíritu de búsqueda de consensos propiciado por la Transición, hizo que Palacio gobernara con más distanciamiento respecto a la oposición en su segundo mandato, aunque sin renunciar a su talante negociador. “Algunos decían de él que era indeciso, desconfiado… No es cierto, lo que pasa es que antes de adoptar una decisión se tomaba todo el tiempo necesario. Pero, una vez que decidía, lo que él decía iba a misa”, manifiesta Nosti. Niega también esa imagen de “alcalde triste” que desde algún sector interesado trataron de endosarle: “No tenía nada de triste. Le gustaba contar chistes, eran chistes malos, pero te reías por la forma en la que los contaba. Y le gustaba mucho el fútbol, se conocía a todos los jugadores”. Destaca también de él su cercanía con la gente y su capacidad de trabajo, dos virtudes que resume en un par de frases: “Había funcionarios municipales que al salir del trabajo se iban a tomar un cacharru con él. Lo llamaban El Vampiro, porque decían que no dormía nunca”.

Palacio se mantuvo fiel a los principios y a la hoja de ruta que se había fijado desde el primer mandato, pero ya estaba en marcha un proceso de involución en la forma de entender el municipalismo por parte de los partidos políticos mayoritarios. “Llega un momento en el que las empresas dedicadas a la instalación de mobiliario urbano o a la prestación de servicios a los ayuntamientos empiezan a homogeneizar las ciudades, hasta llegar a la situación actual, en la que ya no sabes si estás en la calle principal de Palencia, de Gijón o de Oviedo, porque todas tienen el mismo tipo de mobiliario, las mismas franquicias comerciales…”, apunta al respecto Armando Nosti. Las idas y venidas de contratos, las adjudicaciones y concesiones empezaban a mover mucho dinero en los ayuntamientos, y Palacio no era un alcalde dispuesto a prestarse a juegos turbios en el municipalismo.

Así se llegó, en marzo de 1987, a una anómala asamblea de la Agrupación Socialista de Gijón en el teatro de La Laboral, en la que el incipiente aparato local del partido abortó la posibilidad de un tercer mandato de Palacio. “Fue su ética lo que hizo que lo apartaran de la reelección”, sentencia Armando Nosti. Luis González define a los que urdieron la conspiración de Cabueñes como “vagos e incapaces, porque a pesar de todas las trampas que hicieron sólo pudieron ganar por 19 votos de diferencia”. Se barrunta que antes de la confrontación a Palacio le llegaron a ofrecer otro cargo político, la tradicional patada hacia arriba, aunque él no aceptó. Aquel proceso interno acabó en los tribunales, “un juez le dio la razón y pidió el censo de votantes, pero no había marcha atrás porque Vicente Álvarez Areces ya era el nuevo alcalde”, señala González, que se pregunta en voz alta lo siguiente: “¿Sería posible hoy en día un Gobierno municipal con un alcalde como José Manuel Palacio? En el mundo en el que estamos parece ser que no, pero él marcó tendencia con su buena gestión”.

Luis González: “¿Sería posible hoy en día un Gobierno municipal con un alcalde como José Manuel Palacio?”

Álvarez Areces ganó las elecciones municipales aquel año, con once concejalas y concejales, por delante de AP (siete), CDS (seis) e IU (tres). En los comicios de 1991 el PSOE aumentó en un concejal su representación, el PP al que había dado paso AP ganó dos, CDS desapareció, IU se mantuvo y, lo más significativo, José Manuel Palacio regresó a la Corporación Municipal al frente de Unidad Gijonesa con tres concejales, empatado en asientos con IU, coalición a la que superó incluso en un puñado de votos. Para ese nuevo proyecto político Palacio convocó a su antiguo compañero en el PSOE Luis González y le pidió a Armando Nosti que asumiera el número dos de la candidatura. “Nos habíamos conocido en 1969, él era enlace sindical en el Banco de Bilbao y yo aquel año entré a trabajar allí como auxiliar”, recuerda Nosti. En aquellos tiempos “hablamos muchas veces, discutimos también muchas veces. Yo me afilié a UGT y al PSOE, acabé dejando el partido cuando pidió el sí a la OTAN y más tarde también el sindicato”. No había asumido con Palacio ninguna responsabilidad institucional durante sus ocho años de Alcaldía y reconoce que le sorprendió su invitación a ir de número dos. “Yo no sabía si tenía la capacidad para ser concejal”, reconoce.

Unidad Gijonesa se presentó a las elecciones de 1991 con el regeneracionismo como bandera. “Se trataba de un partido transversal, con gente que en algún caso terminó luego en Podemos o en Ciudadanos. La mayor parte veníamos de la izquierda y teníamos ideas de izquierda. Se unió también gente simplemente atraída por la honestidad de José Manuel Palacio, gente a la que no le iba la corrupción”, señala Armando Nosti. La articulación de UGj tuvo algo de liberatorio para el ex alcalde gijonés, a juzgar por lo que opinan sus dos compañeros. “Yo diría que él nunca llegó a sentirse a gusto en el PSOE, desde el principio vio que allí había gente que no estaba por las ideas, sino buscando otras cosas”, apunta Nosti. Ahonda en esa idea Luis González, que a finales de los años 70 formaba parte de la comisión de admisión de militantes en el PSOE gijonés y recuerda que “venía gente joven, teníamos que hacerles un pequeño test para saber cuáles eran los motivos por lo que querían entrar en el partido, y los había que respondían que les habían dicho que así podrían conseguir un puesto de trabajo”.

Los resultados cosechados por UGj superaron las propias expectativas de Palacio y de los que fueron sus dos compañeros en el nuevo grupo municipal. El ex primer edil se presentó a aquellas elecciones siendo “plenamente consciente de que no iba a conseguir la Alcaldía”, y contaban con sacar como mucho uno o dos concejales. En ese segundo mandato de Vicente Álvarez Areces hicieron una férrea labor de oposición, aunque Palacio tuvo claro al final de aquellos cuatro años que sería difícil lograr siquiera un concejal para seguir en la Corporación Municipal. UGj consiguió menos de 4.000 votos en las elecciones de 1995, desapareció del Ayuntamiento y de la vida municipal.

Armando Nosti evoca otra vivencia que evidencia la honestidad de Palacio. Los tres concejales dedicaron las dietas que les correspondían del Ayuntamiento en su primer año como ediles a pagar el modesto préstamo que habían pedido a la banca para financiar la campaña electoral, mientras que las dietas de los años siguientes las repartieron entre los cuatro que formaban parte del grupo municipal. “Palacio no gastó ni una sola de las 65.000 pesetas que le correspondían y al acabar el mandato las donó al partido para la nueva campaña electoral”, comenta. Esa práctica venía de atrás, añade, “porque cuando era enlace sindical en el banco las dietas que cobraba por los desplazamientos las iba metiendo en una cuenta bancaria y al final entregó todo ese dinero al partido para financiar la campaña”. Es cierto, reconocen sus compañeros, que Palacio siempre había tenido una posición económica acomodada gracias a los bienes familiares, pero no es menos cierto que no se enriqueció en modo alguno con la actividad política.

José Manuel Palacio falleció en setiembre de 2005, a la edad de 75 años, a causa de un cáncer de pulmón que le habían diagnosticado pocas fechas antes. Al cumplirse el cabo de año de su muerte, el Ayuntamiento le dedicó el único y tibio reconocimiento público hasta la fecha. La entonces alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, y la hermana del ex regidor, Isabel Palacio, presidieron un acto en la zona más elevada del parque Los Pericones, donde fue descubierto un monolito con una placa en presencia de varios centenares de personas y con representación política del PSOE, PP e IU. Luis González dirigió unas palabras y ya entonces pidió para el ex alcalde «algo más, como que una importante calle o avenida de Gijón lleve su nombre». La alcaldesa intervino para elogiar la figura y la labor de Palacio y se comprometió a darle su nombre a alguna “nueva avenida”. El monolito en cuestión sufrió actos de vandalismo (pintadas y la colocación de pegatinas de un colectivo falangista) y Nosti se dirigió al Ayuntamiento para pedir que trasladaran la placa a la pared del cercano edificio de servicios, fuera del alcance de los vándalos.

Los dos compañeros de Palacio denuncian que, tras aquella promesa pública de una avenida, “todo fueron excusas. Nos dijo que la avenida de El Llano ni tocarla, por el daño que causaría a los vecinos el cambio de nombre”. Fernández Felgueroso “nos habló de una avenida en Tremañes, entre naves industriales. Siempre tuvieron la idea de darle un espacio para quedar bien, pero en un lugar lo menos visible posible”. La alcaldesa socialista dejó el cargo tras doce años sin dejar zanjada esa cuestión.

Tampoco con Carmen Moriyón

Tampoco resolvió ese asunto, en ocho años como regidora municipal, la forista Carmen Moriyón, a pesar de que “cuando tomó posesión puso a Palacio como ejemplo de honestidad y dijo que Gijón le debía mucho”, señala Armando Nosti. A él y a Luis González la alcaldesa de Foro Asturias les confesó que ella creía que Palacio merecía darle nombre a la avenida de El Llano. Manuel Arrieta, concejal de Mantenimiento y Obras de Infraestructura, les hizo saber que se aprobaría de forma inminente en junta de gobierno el cambio, pero entonces se produjo un imprevisto: un grupo de vecinas y vecinos protagonizaron un corte de tráfico en la avenida de El Llano para mostrar su oposición al cambio de nombre. Nosti explica que en aquella acción participaron “no más de una treintena de personas”, en un barrio que supera los 40.000 habitantes, y al frente de la protesta estaba “la entonces presidenta de la Asociación de Vecinos… que había formado parte de la candidatura municipal socialista”. A renglón seguido, el portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Santiago Martínez Argüelles (la dirigente vecinal había ido en la lista encabezada por él en las elecciones de 2011), “llamó para decir que se oponían al cambio de nombre por el perjuicio que causaría al vecindario”.

Así las cosas, Carmen Moriyón no siguió adelante con el cambio de nombre de esa avenida que, recuerda Armando Nosti, “se diseñó en época de José Manuel Palacio, que por medio de su asesor en urbanismo, Juan Álvarez, negoció finca por finca con los vecinos afectados sin necesidad de llevar a cabo expropiaciones”. Luis González lamenta la actitud de Moriyón, porque “ella tenía potestad para hacer el cambio, una alcaldesa no debería ser tan timorata”. Carmen Moriyón confesó tiempo más tarde, en un pleno municipal, que paralizaron el cambio de nombre porque “los vecinos colapsaron el buzón municipal con sus quejas. Para mí fue una frustración, porque durante estos años todas las peticiones que recibí de familiares, grupos políticos o asociaciones para homenajear a una persona con algún espacio público salieron adelante”.

Respecto a las posibles molestias que pudiera generar al vecindario un cambio de nombre, Nosti asegura que hoy en día no son muchas, porque las empresas de distribución y servicios cuentan con aplicaciones informáticas para actualizar automáticamente las direcciones en sus bases de datos, al tiempo que menciona que el PSOE, que había argumentado que no quería modificar el nombre de las vías públicas por el posible incordio que pudiera causar en la zona, no había puesto objeciones a la reorganización de la numeración de portales de la avenida de El Llano cuando era alcaldesa Paz Fernández Felgueroso. “Y el cambio de numeración sí que genera trastornos al vecindario”, matiza.

A finales de 2015, en el inicio del último mandato de Carmen Moriyón, Xixón Sí Puede (XsP) solicitó que la calle de La Merced adoptara el nombre de José Manuel Palacio. Se trataba, afirmó Mario Suárez, de “una calle en el centro discreta y relajada, como era el mismo Palacio”. El portavoz de la candidatura municipalista presentó la iniciativa en una rueda de prensa en la que estuvo acompañado por Luis González, Armando Nosti y Omar Tuero, coordinador del libro José Manuel Palacio. Otra política es posible (Glayíu, 2011), que reunía una selección de artículos de prensa que había ido publicando el ex alcalde. El pleno municipal respaldó esa propuesta con el apoyo de Foro, PSOE, XsP e IU, y los votos en contra de PP y Ciudadanos, que abogaron por darle el nombre de José Manuel Palacio a alguna vía o espacio de nueva creación en la ciudad. Una parte del vecindario y comerciantes de La Merced se opusieron y, una vez más, Palacio se quedó sin calle. El propio entorno del ex alcalde vio conveniente desistir en el caso concreto de esa vía para evitarle a su hermana, Isabel, de avanzada edad, el mal trago de que hubiera protestas relacionadas con el nombre de José Manuel Palacio.

El clamor de diversos movimientos sociales, que en el último medio año han venido exigiendo que se destierre del callejero gijonés a Juan Carlos I ante los sucesos conocidos sobre el rey emérito, parece haber facilitado las cosas. Entre los distintos nombres propuestos como relevo del monarca en el callejero (avenida de la Sanidad Pública, Ocho de Marzo, Igualdad, Xosefa Xovellanos, José Manuel Palacio…), la Agrupación Socialista de Xixón se decantó ya el pasado verano por Palacio. Podemos Equo Xixón apremió al equipo de gobierno municipal para renombrar la avenida porque, denunció su portavoz, Laura Tuero, “la imagen del rey emérito, salpicado por continuos casos de corrupción, ya no debería estar vinculada a nuestra ciudad”.

La junta de gobierno municipal anunció hace unos días el cambio de nombre de manera inminente. Armando Nosti hace “una valoración positiva, aunque los antecedentes me obligan a ser más que cauto. Si al final se confirma, y esta vez parece que sí, se habrá cerrado una etapa de ofensas y agravios a la memoria de quien hizo más por Gijón que ningún otro en los últimos cuarenta años”. El cambio de nombre de esa avenida, una de las que vertebra los barrios del oeste de Xixón entre El Natahoyo y Tremañes, supondrá el pago de una deuda que la ciudad y el concejo tienen con aquel primer alcalde íntegro y humilde que muchas de sus conciudadanas y conciudadanos aún recuerdan y añoran.

Actualidad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here