La insoportable levedad de Santiago Abascal

Conocí al líder de la ultraderecha española actual cuando el tipo se dedicaba a mendigar entrevistas, incluso a periodistas rojeras como yo

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Conocí al líder de la actual ultraderecha española hace siete años, en un hotel de cuatro estrellas en la capital asturiana. En aquellos tiempos Vox no tenía dónde caerse muerto, se había registrado como partido político unos meses antes, a la carrera, para poder presentarse a las Elecciones Europeas de 2015 con la aspiración de lograr un escaño rascándole votos al Partido Popular, que entonces acaparaba todo el espacio ubicado a la derecha de la socialdemocracia. Santiago Abascal Conde, que en las distancias cortas todavía iba de majo y campechano y le molaba que lo llamaran Santi, se dedicó en aquella campaña a vender su imagen mendigando entrevistas a los medios de comunicación nacionales y autonómicos. Fijaos si era patético que acabó mendigándole una entrevista a un rojeras de un medio de medio pelo como era yo…

Vox no tenía dónde caerse muerto, pero aquel proyecto embrionario del neofascismo español apuntaba maneras y ya contaba con el apoyo financiero en la sombra de unas cuantas corporaciones empresariales. Baste decir que para un mitin en Uviéu que reunió a menos de medio centenar de nostálgicos del franquismo, que acudieron con pastillas de alcanfor en los bolsillos de sus lujosos abrigos, alquilaron un salón del Hotel Barceló, el que usaba la Fundación Princesa de Asturias para la acreditación de periodistas y para otras funciones complementarias del Hotel de la Reconquista. Posiblemente alguien les dio a entender que si pillaban ese espacio podrían arañar alguna viruta de pedigrí monárquico, y de aquella lo monárquico aún era un valor al alza en su imaginaria España majestuosa, triunfal, imperial.

Vayamos al grano. En 2004 yo colaboraba con un medio digital asturiano y de izquierdas, ya desaparecido. En la campaña para las elecciones europeas de aquel año hice casi una treintena de entrevistas a otras tantas candidatas y candidatos asturianas que iban en las listas de los diferentes partidos políticos, desde la extrema izquierda a la extrema derecha. Como periodista puedo presumir de que nadie me negó la entrevista. La candidata de Vox, que iba en un puesto a mitad de la lista, me citó un fin de semana en el Hotel Barceló, donde tenían programado un acto. Me presenté al responsable de prensa y en lugar de la candidata me trajeron urgentemente a un tipo que me estrechó la mano y me dijo: “Hola, soy Santiago Abascal. ¿Necesitas declaraciones mías o una entrevista?”. “No, gracias, yo sólo vengo a entrevistar a tu candidata asturiana”, le respondí. “Muy bien, pero si me necesitas para algo estoy por aquí”, añadió el tal Abascal.

Aquel acobardado personaje acabó convirtiéndose en el cobarde abanderado de un popurrí de causas falsas: la causa falsa de que España está jodida por culpa de la población inmigrante, la causa falsa de que la monarquía es un elemento de estabilidad, la causa falsa de que hay que hacer borrón y cuenta nueva con el pasado franquista, la causa falsa de que las personas con identidades sexuales diferentes a la dominante no tienen derecho a tener derechos, la causa falsa de que a las grandes fortunas hay que regalarles una baja fiscalidad mientras las clases populares cargan sobre sus hombros con la miseria, la causa falsa de que no existe el cambio climático…

Y con ese popurrí de causas falsas le está yendo bien, en términos electorales. Pero detrás de Santiago Abascal no hay más que la insoportable levedad del fascismo, que siempre ha querido y que sigue queriendo hacernos creer que nada de lo realmente importante importa. Y lo importante es la defensa de la vida, la libertad, la dignidad de las personas, al norte y al sur del Estrecho de Gibraltar, antes y después del periodo franquista que tanto añoran esos residuos políticos de la Historia, esos vómitos de otros tiempos que representan Abascal y su horda de pijos neofascistas. Este domingo se reunirán en la plaza de Colón, con las distintas derechas y con la Fundación Francisco Franco, que ya se ha adherido al acto con entusiasmo patriótico para defender la unidad de España. Yo este domingo, a esa hora, seguramente estaré escuchando un tema de La Polla Records: ‘No somos nada’. Una canción que dice que somos las nietas y los nietos “de los obreros que nunca pudisteis matar”.

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