Cabranes recupera los mil colores y acentos de El Tenderete

Tras el parón motivado por la pandemia, el mercado social autogestionado regresó este domingo a Santolaya con un cuarto de centenar de puestos

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Doce y media del mediodía, Santolaya de Cabranes. Luce el sol, el termómetro marca 24 grados, suena en los altavoces de la plaza del Emigrante una versión instrumental del tango de Carlos Gardel Por una cabeza. Y casi en la cabecera del mercado una pareja argentina despacha los panes, la pizza y los bizcochos que nacieron pocas horas antes al calor de su horno artesano en un pueblo de Parres. En el microclima de la plaza se mezclan los olores de sus panes, pizzas y bizcochos con los de las frutas y verduras que hay en el puesto de enfrente y con los aromas del sofrito de las dos grandes paellas que la gente de Con-fusión empezará a servir a las dos de la tarde. Es el segundo domingo de mes y, fiel a lo que ya era tradición antes de la pandemia, El Tenderete recupera su cita tras un largón parón. El mercado social autogestionado cabraniego vuelve, con sus mil colores y acentos, a la capital cabraniega.

Son casi un cuarto de centenar los puestos que pueblan El Tenderete en este regreso, faltan tan sólo unos pocos. La situación impuesta por la Covid-19 “supuso un golpe para mucha gente que viene a vender sus productos al mercado. Los artesanos veían que no tenían espacios para poner a la venta su material y a los productores se les echaban a perder sus productos perecederos”, nos cuenta Aura García, una de las dinamizadoras del mercado. Buena parte de los proyectos vinculados a El Tenderete se basan en la venta directa, en el trato personal con la clientela, y la pandemia fue un lastre para algunos de esos proyectos, que estaban aún en fase incipiente.

Laura, tesorera del mercado. FOTO: Luis Sevilla

La Covid-19 también “removió bastante la organización del mercado”, comenta Laura Fuertes, otra de las dinamizadoras de este evento. Antes había cerca de media docena de personas al frente de las labores organizativas, ahora son tres mujeres las que han asumido la coordinación, si bien las tareas logísticas (limpieza, equipamientos…) las comparten solidariamente todas las personas implicadas en este mercado.

Laura, que ejerce de tesorera, es de Tinéu y llegó a Cabranes vía Alemania. Estaba allí “probando suerte” cuando un amigo de Llaviana le dijo: “Vente a Cabranes, que está superbién el ambiente que aquí se está generando”. Su amigo se refería al movimiento de repoblación del concejo protagonizado por gente neorrural procedente de un sinfín de lugares que ha encontrado en este rincón de la Comarca de la Sidra su lugar en el mundo. Gente procedente de Holanda, Italia, Bélgica, Estados Unidos o Argentina, de Andalucía, Madrid o Castilla y León, de Tinéu o de Xixón…

El alcalde de Cabranes, a la entrada de El Tenderete. FOTO: Luis Sevilla

Hablamos, a pie de mercado, de este fenómeno neorrural con el alcalde de Cabranes, el socialista Gerardo Fabián. Nos da un dato significativo: “Este es un concejo donde casi la mitad de la población son nuevos residentes”. El primer edil cabraniego señala que con la llegada de gente procedente de otros territorios se ha revitalizado el concejo, de alrededor de 1.150 habitantes, que ha vuelto a un nivel de población que no tenía desde hacía medio siglo. Consiguientemente, se ha multiplicado la matriculación de alumnado en el colegio. Atribuye ese interés en Cabranes como lugar de residencia a que “tenemos la suerte de estar en un lugar estratégico, en el centro-oriente de Asturias, con buenas comunicaciones”, pero reivindica también las políticas puestas en marcha desde el Ayuntamiento, que creó un vivero de empresas y que consiguió que todo el concejo disponga de cobertura de internet en banda ancha, aparte de que “contamos con un entorno medioambiental bien conservado”. Confía en que Cabranes continúe en esa línea de “crecimiento sostenible”, y recalca este último adjetivo porque, asegura, “ya incluso empezamos a estar un poco escasos de vivienda en alquiler en el concejo”.

Respecto a El Tenderete, dice que “apostamos por él desde el principio. No es un mercadillo al uso, es un mercado diferente”. Reconoce que supone también “un recurso turístico para dar a conocer Cabranes”.

Aura trabaja la lana con su rueca de origen polaco. FOTO: Luis Sevilla

Aura García señala que El Tenderete “ya es una marca de este pueblo”. Destaca que el mercado está abierto a trabajadoras y trabajadores autónomos y también a personas que no lo son, en cuyo caso pueden hacerse socias del proyecto y con eso “el Ayuntamiento te concede permiso de venta ambulante”. Las productoras y productores de El Tenderete provienen de diferentes localidades de Cabranes y también de otros concejos, como Villaviciosa, Nava o Parres. Artesanía, alimentación, ropa, frutas, verduras, libros y discos de segunda mano son los principales artículos que se pueden encontrar allí cada segundo domingo del mes entre las once de la mañana y las tres de la tarde.

Aura, oriunda de Madrid y vecina de Cabranes, vende artículos de lana y de piel en su puesto mientras trabaja con su rueca fabricada en Polonia y que adquirió a través de una firma catalana especializada en este tipo de utensilios. La lana con la que trabaja es autóctona, se la suministran pastores de la comarca. En un puesto próximo al suyo un colectivo animalista vende juegos de habilidad construidos artesanalmente y camisetas serigrafiadas de temática anarquista y animalista para recaudar dinero destinado a un refugio de animales en el concejo de L.lena. Diego Vázquez, una de las dos personas que atiende el puesto, comenta que llevan tres años y medio acudiendo a El Tenderete y destaca que este mercado “es muy acogedor, aquí hay muy buen ambiente. Esto es un lugar de encuentro”.

Camisetas serigrafiadas para financiar un albergue de animales en L.lena. FOTO: Luis Sevilla

Buena parte de las personas que hay detrás de los tenderetes son neorrurales, gentes que en un momento determinado decidieron darle un giro copernicano a sus vidas, abandonando la ciudad por el campo, cambiando un país por otro o reinventándose profesionalmente por completo. Ese es el caso de Silvina Fernández y José Luis Cándida, la pareja al frente del horno artesano Pachamama, de la localidad parraguesa de Bode. Ambos nacieron en un pueblo cercano a Rosario, la tercera ciudad más poblada de Argentina, y vinieron a parar a Asturies tras sucesivas estancias en Madrid, Girona, Fuerteventura y Aranda de Duero.

Silvina es médica pediatra y tras ejercer durante diez años en distintos centros sanitarios, en 2012 la despidieron del Hospital Francisco Grande Covián, de Les Arriondes, porque, según le dijeron después de cinco años de trabajo allí no le podían homologar su título argentino. Ella y su marido aprendieron el oficio de panaderos y, con sus dos hijos, decidieron quedarse en el medio rural porque “siempre nos gustó el campo”. En su puesto ofrecen pan, galletas, bizcocho y pizza, básicamente. “Personalizamos los panes”, explica; los tienen de harina de trigo, de centeno y de escanda, y en su horno los hacen por encargo a gusto del consumidor. “Echamos madrugadas enteras haciendo pan”, afirma, y a pesar de las muchas horas de trabajo y de que gana menos que como profesional sanitaria asegura que nunca volvería a su anterior trabajo. Al obrador que tienen en su casa han unido recientemente un huerto ecológico “en un pedacito de finca que compramos”.

Silvina y José Luis, en su puesto. FOTO: Luis Sevilla

Pachamama ya cuenta con una red de distribución propia con la que José Luis y Silvina llevan sus productos a más de una docena de establecimientos de Parres, Cangues d’Onís, Piloña, Nava, Llanes, Uviéu y Xixón. Los ingresos que les aporta El Tenderete no son, pues, determinantes para ellos, pero “le tenemos mucho cariño a este puesto, nunca dejaremos de apoyar a las chicas de El Tenderete porque les estamos muy agradecidos”. Cuentan con orgullo que participan en el mercado desde que se inició, en junio de 2013.

Íñigo echa el arroz para la paella de carne. FOTO: Luis Sevilla.

El cocinero Íñigo González atiende los fogones de las dos monumentales paellas, una de carne y otra vegana. “A las dos de la tarde están listas. La gente forma fila, se lleva su ración y después devuelve el plato y el cubierto para que sea sostenible ambientalmente”, informa. El arroz es ecológico y los demás productos son de cercanía, porque con su actividad la cooperativa Kikiricoop, fundada por él y por otras cuatro personas hace cinco años en Santolaya, quiere “generar vida rural, mundo rural”. La cooperativa tiene dos líneas de trabajo: el cátering ecológico Con-Fusión y la elaboración, distribución y venta de Asturcilla, una crema de cacao y avellanas de producción ecológica. Admite que “la pandemia nos ha afectado, como a todos”, aunque en su caso los efectos se han visto minimizados por el hecho de que tienen venta online a través de su página web, donde ofrecen La Cesta Neopaisana, una variada oferta de platos, salsas y postres elaborados en su obrador del vivero de empresas de Cabranes: cremas de verduras, legumbres, patatas guisadas, diversos tipos de carnes, pastas, bizcocho…

No le quitamos más tiempo a Íñigo, que debe mantener la atención en las paellas. A los mil colores y acentos de El Tenderete se suman a esa hora los mil olores que envuelven la plaza del Emigrante, una denominación que homenajea a las gentes de Cabranes que en otros tiempos se marchaban en busca de nuevos horizontes y de una vida mejor. Ahora las aguas de la Historia fluyen en sentido contrario y gentes procedentes de otras tierras llegan al concejo para espantar el fantasma de la despoblación. Y El Tenderete forma parte de ese nuevo comienzo.

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