Asturies, la reindustrialización pendiente

La emigración juvenil, el declive de las cuencas y la defensa de una empresa pública de energía, marcan en Llangréu la tercera movilización por el futuro de la industria asturiana.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

Araceli y Jesús son de L´Entregu, rondan los 50 años y tienen un hijo de doce, Nico. Al chaval se le dan bien las ciencias. De mayor quiere ser ingeniero. Que pueda ejercer de ello en Asturies ya es otra cosa. “Queremos que pueda vivir y trabajar aquí. Estamos en esta manifestación por su futuro y por el futuro de toda la cuenca” comentan en el parque de La Felguera, mientras esperan aque arranque la tercera movilización de la campaña “Emergencia industrial. Salvemos Asturias” convocada por los sindicatos CCOO y UGT, y que llega después de otras dos, una primera en Uviéu y otra en Avilés. “Esto se acaba. Cierran los pozos, cierra la industria. O hacemos algo o la cuenca se va para abajo…” dice Jesús, que al igual que su mujer está prejubilado de HUNOSA, la histórica empresa pública minera fundada en 1967 tras la nacionalización de la minería privada del carbón por el Estado franquista. Cerca de ellos está Juan Carlos, de Llaviana. Es uno de los 500 trabajadores que quedan en la hullera, que con más de 20.000 asalariados fue durante décadas el mayor empleador de Asturies. “De aquí salían los mejores maestros industriales de España, ahora el que esté un poco preparado tiene que emigrar porque no encuentra trabajo” lamenta. La emigración juvenil, algo seguramente más naturalizado en la España vaciada, sigue siendo visto como un hecho traumático en muchas familias asturianas, que quieren para sus hijos, “que vivan donde nacieron”, como comenta Jesús.

Tras el fracaso de la iniciativa privada para reindustrializar lo que durante décadas fue una tierra de acogida y hoy es de expulsión, todas las miradas se vuelven de nuevo a la responsabilidad del Estado con un territorio que lleva años emitiendo señales de alarma. La política business friendly, “confíen ustedes en las bondades del mercado y la libre empresa”, con la que en los años 90 y 2000 se gestionaron los fondos mineros atrajo a más caza-subvenciones que a empresarios serios. Los casos de éxito se cuentan con los dedos de las manos y hoy muchos temen que se repitan los errores y la corrupción del pasado con los Next Generation de la UE. Ese maná del que todo el mundo habla pero que aún no se sabe muy bien cómo y de qué manerá se invertirá. Por eso los sindicatos apuestan ahora porque el Estado lleve la batuta del proceso reindustrializador y no liquide HUNOSA sino que la transforme en la nueva empresa pública de energía que CCOO y UGT reclaman para bajar el precio de la energía en España y favorecer así la reindustrialización asturiana.

La HUNOSA verde es la propuesta estrella de una movilización sindical con un tono muy duro con el Gobierno de Pedro Sánchez y más concretamente con las ministras de industria y transición ecológica Reyes Maroto y Teresa Ribera, a las que, uno tras otro, todos los oradores acusan de abandonar a la industria asturiana a su suerte con una descarbonización acelerada que, denuncian, ha puesto los precios de la energía por las nubes y no ha cumplido sus promesas de “transición justa”. “Queremos menos política de tuits, y más de hechos” subrrayaba al principio de la manifestación Damián Manzano, responsable de la federación de industria de CCOO de Asturies. También hay recados para las grandes empresas que se han ido yendo de la cuenca del Nalón dejando cadáveres sin enterrar en forma de suelos contaminados y esqueletos fabriles. Esther Barbón, secretaria de CCOO del Nalón, califica a Duro Felguera e Iberdrola de “latifundistas” y reclama que la administración les obligue a generar nuevo suelo y actividad industrial en los lugares en los que se instalaron durante décadas “explotando los recursos del territorio”.

Pocos jóvenes en una manifestación que justamente reclamaba futuro para la juventud asturiana, quizá porque hay pocos, porque muchos ya no están, quizá en otros casos porque no se han sentido interpelados por una convocatoria con un estilo muy alejado de una generación que mira el mundo desde otra parte. En el cortejo de la Mocedá Comunista d´Asturies un grupo de chicos y chicas veinteañeros sostienen banderas rojas y una pancarta por el futuro de la región. Son unos cuantos. Vienen de Mieres, Uviéu y Xixón. Hay estudiantes y también trabajadores como Lidia, empleada de Carrefour. Ninguno está en la industria, pero sienten estos problemas como propios. Están convencidos de que para que Asturies tenga futuro necesita “una industria fuerte y comprometida con el medio ambiente”. Green New Deal en versión hoz y martillo, y con sabor asturianista. “O eso o la emigración ye casi la única salida”. Lo dice Marina, que viene de la cuenca del Caudal. Pablo y Úrsula también forman parte de esa juventud que no se resigna y que ha apostado contra viento y marea por quedarse en el Nalón y hacer aquí su proyecto de vida. Tienen 36 años y una niña pequeña. Úrsula es gestora laboral. Pablo trabaja en Arcelor-Mittal y no le importa hacer todos los días unos cuantos kilómetros de viaje a la ida y a la vuelta. La Felguera es su sitio en el mundo, el lugar donde está su familia, su gente. Pablo explica que el declive de la cuenca no significa que sea un lugar en ruinas, decrépito y con barrios degradados… Llangréu no es Detroit. “Falta trabajo y gente joven, pero la calidad de vida ye buena” comenta. El incisivo periodista Gregorio Morán lo llamó la gozosa decadencia asturiana. Las prejubilaciones arrancadas por las últimas grandes luchas sindicales amortiguaron el declive económico, y los fondos mineros financiaron importantes obras públicas como equipamientos, parques o vías verdes que mejoraron el habitat de los concejos mineros. La vida sigue. Hay en marcha buenos planes de recuperación del patrimonio industrial, los ríos hace mucho tiempo que no bajan negros, y tanto Llangréu como Mieres gozan de una oferta cultural que ya quisieran para sí otras muchas poblaciones de su tamaño, o incluso mayores.

Anibal Vázquez es el alcalde de Mieres. Lleva gobernando desde 2011. En las últimas elecciones revalidó y amplió su mayoría absoluta. Jubilado de la minería, militante de IU y con una larga trayectoria sindical en CCOO, cree que la manifestación de esta tarde está bien, pero que hay que aspirar a mucho más para que el Gobierno se tome en serio los problemas de Asturies. Está convencido de que para que “llegue el mensaje a toda España” en otoño tiene que haber una movilización masiva, y que no sean solo los sindicatos y los trabajadores de la industria los que se manifiesten, sino toda la comunidad: “Tenemos que convencer a toda la sociedad asturiana de que nos jugamos mucho”. Echa de menos a las organizaciones empresariales en la manifestación. La patronal asturiana firmó la Alianza por la Industria, pero no parece especialmente interesada desde entonces en defender un acuerdo que va camino de convertirse tan solo en la enésima declaración de buenas intenciones por el futuro de la región. Tampoco han asistido los portavoces de los partidos conservadores, también firmantes de la Alianza, a pesar de que la movilización estaba básicamente dirigida contra el Gobierno central. Una ausencia que quizá sea un síntoma más de la histórica incapacidad de las derechas asturianas para salir de su zona de confort, ir más allá de sus tradicionales caladeros de voto, y generar una alternativa transversal y ganadora en la región

Comenta el alcalde de Mieres que nos jugamos mucho, pero hay bastantes personas en la calle que no se han enterado de la manifestación y de los motivos. En una ferretería de La Felguera les sorprende toda esa gente desfilando. “¿Por qué se manifiestan exáctamente?” comentan. Salah trabajador de la construcción, de origen marroquí, y que se ha criado en Sama, tampoco sabía de la manifestación hasta que la ha visto pasar por delante de su casa. “Lo veo bien. Hace falta empleo para la juventud, pero llevo trabajando desde la mañana y quiero pegarme una ducha y relajarme un poco” comenta cuando está a punto de entrar en el portal. Los sindicatos vuelven a demostrar una gran capacidad de convocatoria en las cuencas mineras asturianas. La manifestación es concurrida, pero el ambiente está algo apagado. Apenas nadie corea consignas. Pocos megáfonos. Incluso han desaparecido los tradicionales y molestos petardos. La tranquilidad con la que discurre todo contrasta con el fuerte despliegue policial. Una excentricidad de la delegada del Gobierno Delia Losa. Son muchos años de movilizaciones y se nota cansancio, aunque luego la gente sea disciplinida y acuda puntualmente cuando lo pide el sindicato. “Esperamos que valga para algo. Por lo menos hay que intentarlo” comenta Ángel, eléctrico de EDP, que ha venido con su hijo y su mujer. Úrsula tampoco tira la toalla, y mientras empuja con Pablo el carrito de la niña me dice: “Si vamos marchando todos de aquí no va a quedar nadie. Solo los paisaninos. Hay que aguantar”.

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