El revolucionario encarcelado y amnistiado por la democracia que contribuyó a fundar

Cerebro del 25 de Abril, admirador de Fidel Castro y candidato a la presidencia de la República, Saraiva de Carvalho siempre negó su responsabilidad en el terrorismo de extrema izquierda en los años 80.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

Nieto de un militar e hijo de un funcionario de correos, Otelo Saraiva de Carvalho nació en 1936 en la colonia portuguesa de Mozambique. Formado en la Academia Militar de Lisboa, combatió a los rebeldes angoleños en la larga guerra por conservar el imperio de ultramar, y paradojas de la vida, terminó convirtiéndose en uno de los artífices del proceso de descolonización. El llamado Vietnam portugués marcaría a su generación, y como otros jóvenes oficiales portugueses, a principios de los años 70 llegaría a la conclusión de que dictadura y guerra colonial lastraban el progreso de Portugal y evolucionaría consecuentemente hacia posiciones democráticas, progresistas y antiimperialistas. Con 37 años Otelo se convierte en el cerebro que planifica minuciosamente el 25 de abril de 1974. Un golpe militar que derroca sin derramamiento de sangre la dictadura más longeva de Europa. También piensa uno de los símbolo del alzamiento militar: la emisión de madrugada desde el estudio de Radio Renascença de una canción prohibida por la dictadura: Grandola Vila Morena. La composición del cantautor José Afonso servirá como señal para el inicio de la sublevación en los cuarteles contra el régimen de Marcelo Caetano, sucesor desde 1968 de Antonio Oliveira de Salazar. En unas horas Portugal dice adiós a 48 años de dictadura e inicia una revolución democrática y social que sorprenderá a todo el mundo. Será de hecho la última revolución hasta la fecha en un país de Europa occidental.

Tras el triunfo del 25 de abril, Otelo se convierte en julio de 1974 en el máximo responsable del nuevo Comando de Operaciónes del Portugal Continental. La función del COPCON será vigilar y prevenir tentativas golpistas por parte de los sectores contrarrevolucionarios, derrotados, pero latentes en la sociedad portuguesa. Esta unidad de elite, erigida en guardiana de la revolución, no tarda en frenar varias operaciones para descarrilar las reformas políticas, económicas y sociales puestas en marcha por el gobierno del Portugal revolucionario. La revolución asusta a los sectores más conservadores del Movimiento de las Fuerzas Armadas que había sido fundado clandestinamente en 1973 para derrocar a la dictadura, y que contaba con una gran pluralidad ideológica en su seno. La independencia de las colonias, la reforma agraria o el papel del Estado en la economía portuguesa habían ido resquebrajando en poco tiempo la cohesión en el seno del MFA. En marzo de 1975 Otelo y sus hombres desarticulaban el intento de golpe de Estado de Antonio de Spínola, uno de los héroes del 25 de Abril. Presidente de la Junta de Salvación Nacional tras el derrocamiento de la dictadura, De Spínola era un militar conservador, coyunturalmente alineado con los sectores democráticos de la oficialidad portuguesa, pero que descontento con el rumbo izquierdista que estaba tomando el proceso trataría de regresar al poder del que los militares más progresistas le habían apartado en septiembre de 1974.

Tras abortar el golpe de Estado de Spínola, la popularidad de Otelo se dispararía entre los sectores populares más identificados con la revolución, sobre todo en su declinación más radical. El COPCON respalda las ocupaciones de tierras y de viviendas o las reivindicaciones obreras en determinados conflictos laborales, a veces muy enconados. Para Otelo el COPCON es la vanguardia armada del MFA. Para el primer ministro desde julio de 1974, el general Vasco Gonçalves, hombre muy cercano al Partido Comunista, y partidario de una revolución más ordenada, el COPCON se comportó como una fuerza armada al servicio de los movimientos izquierdistas, asustando “a grandes sectores de una población despolitizada” y “generando divisiones en el seno del movimiento popular y del MFA” mientras no impedía el violento hostigamiento que los comunistas sufrían por parte de la derecha y la Iglesia católica en el norte del país.

“Tras abortar el golpe de Estado de Spínola la popularidad de Otelo se dispararía”

En julio de 1975 el comandante Saraiva de Carvalho visitaba en viaje oficial la Cuba de Fidel Castro. Los cubanos se disponen a entrar en la guerra angoleña de la que Portugal se está retirando. En la isla, Otelo es recibido con honores de jefe de Estado. “Cuba, Portugal, unidos vencerán” sería una de las consignas de aquella cumbre entre dos líderes de revoluciones victoriosas de uno y otro lado del Atlántico. El temor a que Saraiva, al mando de la COPCON se convirtiera en el Fidel Castro portugés de la Cuba de Europa Occidental flotaba en las elites económicas portuguesas y en las principales cancillerías internacionales. Con bastante alarmismo el periódico conservador británico The Times llegaría a proclamar en la primavera de 1975 que “El capitalismo ha muerto en Portugal”. Decir que Portugal, estado miembro de la OTAN y parte del bloque occidental, iba camino del comunismo era a todas luces exagerado, pero es cierto que en el país ibérico se debatía entonces la posibilidad de ensayar un nuevo modelo de democracia, y lo que Otelo y otros sectores del MFA tenían en mente no era del agrado de la burguesía portuguesa ni de Gran Bretaña y los EEUU.

Los comunistas hablaban de una democracia de nuevo tipo, antimonopolista, respetando el pluralismo político y la pequeña y mediana propiedad privada, pero con elementos socialistas en su Constitución. La izquierda radical, débil a nivel electoral, pero con fuerza social y en el seno del Ejército, defendía una democracia directa de asambleas populares y consejos revolucionarios, una suerte de soviets a la portuguesa. Otelo va a sintonizar mucho más con estos planteamientos. Al militar le gusta más el comunismo que los comunistas, sobre todo los del Partido Comunista Portugués. Su relación con el PCP será siempre compleja. Y viceversa. El PCP siempre le acusaría de haber hecho el juego a la derecha del MFA y del Gobierno contribuyendo a hacer caer en septiembre de 1975 al ejecutivo del general Vasco Gonçalves, el dirigente portugués más comprometido con la reforma agraria y la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía. Para Gonçalves Otelo era un frívolo que carecía de “la formación política, la lucidez, la firmeza revolucionaria y el sentido de las responsabilidades que la situación exigía” y que en los momentos críticos “no estuvo a la altura de las responsabilidades que había asumido delante de país”.

El final de Vasco Gonçalvés va a suponer un volantazo de la revolución hacia la derecha. Un giro conservador que llevará al PCP y a la izquierda radical a colaborar brevemente para tratar de fenarlo. “¿Deben regresar los militares a los cuarteles?” es la gran pregunta a la que se enfrenta Portugal en ese convulso periodo de 1975. Conscientes de que el Ejército está a la izquierda de la sociedad portuguesa, tal y como se ha puesto de relieve en las elecciones del 25 de abril de 1975, el Partido Comunista Portugués y los partidos maoístas e izquierdistas quieren de alguna forma institucionalizar el MFA para que así mantenga algún tipo de tutela sobre el proceso político para y blinde su carácter socializante, tadíamente reconocido en la Constitución de 1976. La socialdemocracia y la derecha, ganadoras de las elecciones, recelan en cambio de esta tutela del MFA, de la constitucionalización del socialismo, y aspiran a una rápida transición de Portugal hacia una democracia liberal sin homologable con la de los países de la entonces Comunidad Económica Europea.

Así están las cosas a finales de ese agitado 1975 en el que llega a sobrevolar seriamente la posibilidad de una guerra civil. El gobierno británico se prepara incluso para intervenir en caso de conflicto. El país se encuentra fuertemente dividido entre un norte derechista y un sur izquierdista. A punto de terminar un año marcado por las huelgas, las ocupaciones de tierras y empresas, las manifestaciones y contramanifestaciones, la intervención de la Iglesia católica, la CIA y la fuga de capitales, se produce el confuso y fallido golpe de Estado del 25 de noviembre. Los comunistas y los partidos de la izquierda radical se dividen ante este movimiento impulsado por un sector izquierdista y minoritario del Ejército. El PCP duda pero no lo secunda. La insurrección fracasa por la falta de apoyos políticos y militares, pero se convierte en la excusa perfecta del sector anticomunista del Ejército y el Gobierno para asestar un golpe a los partidarios de un Portugal socialista. El PCP es acusado de estar detrás de la asonada militar y de querer imponer una dictadura totalitaria, y el COPCON es disuelto y Otelo encarcelado por unos meses, acusado de complicidad con los golpistas.

El clima político ha cambiado, y las elecciones presidenciales de junio de 1976 se convertirán en un referéndum sobre si Portugal debe transitar hacia una democracia liberal o una democracia socialista. El centro izquierda y las derechas se unen para apoyar al general António Ramalho Eanes, líder del ala más liberal del MFA. El PCP y la izquierda radical están demasiado enfrentados como para consensuar un candidato común. Otelo, ya fuera de prisión, se convierte en el candidato de la izquierda maoísta y trotskista. Los comunistas por su parte presentan al único candidato no militar aquellas elecciones, Octavio Pato. Otelo logra un 16% de los votos, el doble que el candidato comunista, pero muy lejos del 62% de Ramalho Eanes. La Constitución de 1976 todavía definirá a Portugal como un país “en el camino hacia una sociedad socialista”, pero en la práctica esa opción ya está clausurada por el veredicto de las urnas.

En 1977 Otelo regresa a la cárcel. Cuando vuelve a presentarse a las presidenciales de 1980 por el Frente de Unidad Popular no llega al 2% de los votos. Como señala el historiador portugués Manuel Loff, el héroe de la revolución vería esfumarse en muy poco tiempo el capital político que había acumulado en años anteriores. En 1984 vuelve a ser detenido junto a otros 40 dirigentes del FUP acusados de estar detrás de las Fuerzas Populares 25 de Abril. Esta vez la cosa es más seria. Con una línea política similar a la del FUP, defensa de las conquistas revolucionarias recogidas en la Constitución de 1976, democracia directa y no alineamiento ni con los EEUU ni con la URSS, las Fuerzas fueron un grupo con escaso apoyo social pero gran actividad armada. Surgido en un momento de reflujo del impulso revolucionario de abril de 1974 y de inicio de las políticas de ajuste neoliberal previas al ingreso de Portugal en la CEE, las FP asesinaron a 17 personas, colocaron 66 bombas y cometierion 99 atracos a bancos, hasta su disolución en 1987. Condenado a 18 años de cárcel, Otelo solo estará en prisión hasta 1989, y finalmente en 1996 será amnistiado por el presidente de la República. Con frespecto al FP25 siempre negó su participación en este grupo armado, que tampoco pudo ser probada por la justicia, y acusó a sus viejos enemigos del PCP de haber organizado un montaje para desprestigiarlo y alejarlo de la vida política. Sin embargo él mismo reconoció la existencia de vasos comunicantes entre su partido y la organización armada, y parece más que probable que hubiera también vínculos orgánicos. El socialista Mario Soares optaría en todo caso por atender las peticiones de perdón a un mito fundacional de la democracia portuguesa como era Otelo.

En la cárcel Otelo conoce a una funcionaría de prisiones, María Filomena Morais, con la que se unirá en una relación sentimental que mantuvo desde entonces sin romper nunca con su esposa María Dina Afonso. Una bigamia que progresivamente iría normalizando y haciendo pública. Alejado definitívamente de la política se dedicó a los negocios de importación y exportación con el África lusófona, siguió concendiendo frecuentes entrevistas a medios, se declaró simpatizante del Bloco de Esquerda, y como señala Manuel Loff, sorprendentemente llegó a reconciliarse con la mayoría de sus antiguos compañeros del MFA, con los que había roto en el turbulento periodo 1975 y 1976. En una entrevista concedida al medio portugués Visao con motivo del 30 aniversario de la revolución portuguesa afirmó que le gustaría ser recordado como “Un hombre con el gran orgullo de haber sido protagonista de una acción que liberó al país de 48 años de fascismo y que siguió luchando por lo que juzgó mejor para Portugal y su pueblo”. Este domingo falleció en Lisboa a los 84 años de edad.

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