Fausto “el de la Camocha”

Nos ha dejado un imprescindible, pero su memoria seguirá viva siempre como parte de lo mejor del movimiento obrero asturiano

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José Manuel Zapico
José Manuel Zapico
Empleado público y secretario general de CCOO de Asturies.

Familiares, amistades, compañeros y compañeras.

Se nos ha ido Faustino Antuña, una de esas personas que dejan huella y lo ha hecho con la naturalidad y la humildad de la gente buena, que saben que la mejor manera de vivir para uno es vivir para los demás.

Fausto “el de la Camocha” era un militante ejemplar de las Comisiones Obreras, ¡sí!. Pero sobre todo, un militante de la vida.

De esos que con su quehacer diario, con su coherencia cotidiana, en el sindicato, en el partido, en la asociación de vecinos o en un club deportivo, hacen buenos los versos de Mario Benedetti en el poema “Porque cantamos”

(Ante las adversidades)


usted preguntará por que cantamos


cantamos porque llueve sobre el surco

y somos militantes de la vida

y porque no podemos ni queremos

dejar que la canción se haga ceniza.

Por eso, porque ante la melodía más triste y más oscura, aquella que sonaba en las casas de los trabajadores y trabajadoras durante la Dictadura, hombres como “Fausto”, entonaban nuevos relatos para construir un mundo mejor.

Era una de las voces que podían contar en primera persona como desde la necesidad por mejorar las condiciones laborales y sociales de este país, se organizaban las primeras Comisiones Obreras. Las que se crearon en La Mina La Camocha a finales de la década de los 50.

Él no tocaba de oído, él estaba allí, haciendo historia sin proponérselo. Porque hay que recordar, que no hace mucho, el derecho a manifestación, el derecho de huelga y el derecho a la libertad sindical, no existían como tales, y se consiguieron haciendo manifestaciones, huelgas y organizándose en sindicatos en plena clandestinidad y exponiéndose a torturas, cárcel y despidos.

Y pese al miedo y a las represalias tenían las agallas para elegir una comisión para representarlos en las negociaciones con la empresa. Y sabían bien, que había que elegir a los mejores trabajadores para que sus justas reivindicaciones pudieran ser escuchas, y él era uno de ellos.

Una comisión obrera que nace de la asamblea, con pluralidad y un objetivo común, mejorar las condiciones laborales de la mina en aquellos años. Fausto estuvo allí participando de aquel movimiento espontáneo, ayudándole a darle forma y fondo.

Pero no sólo, si en plena dictadura peleaba para que la democracia entrara en la mina, también luchaba en el barrio con el movimiento vecinal, en las calles con reivindicaciones sociopolíticas de todo tipo, en el deporte para dar una oportunidad a la juventud o llevando la voz de la ciudadanía a las instituciones. Ahí es nada!

Gracias a esos días de reivindicación de la clase trabajadora, en los que salir a la calle y protestar se pagaba con la vida, tenemos hoy democracia. Porque los derechos, no hay que olvidarlo se conquistan y se defienden en la movilización, en la calle.

Y gracias al ejemplo de personas anónimas como Fausto hoy somos el primer sindicato. Gente valiente que puso su granito de arena, que sin saberlo ayudaba a construir los pilares de lo que hoy es la organización social más grande del país, pero también los pilares de un Estado social y democrático que hay que seguir construyendo.

Porque hoy frente a las políticas del ruido y del odio, tiene que conocerse la historia de este país. Fausto, sabía que la mejor manera de avanzar, es mejorando la vida de la gente humilde, la vida de los trabajadores y trabajadoras. Luchando siempre para que las personas más vulnerables también puedan tener una vida plena, llena de seguridad.

Bertolt Brecht escribió “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Sin duda Fausto era uno de los imprescindibles, de los hombres y mujeres que nos enseñaron el camino en aquella Asturias a la que todo el mundo miraba como referente en la larga noche de la Dictadura como la luz que marcaba el camino a seguir.

Una vida de sindicalista, de vecino comprometido, de activista y compañero. Una vida plena, de la que su familia y amistades pueden sentirse orgullosos, como en el Sindicato lo estamos de él por su honestidad y buen hacer.

Nos ha dejado un imprescindible, pero su memoria seguirá viva siempre como parte de las Comisiones Obreras y de la Historia de lo mejor del movimiento obrero asturiano.

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