La plaza de todas: un espacio simbólico para la oficina municipal de derechos de los animales

Un lugar que sirvió para la crueldad debería ser un espacio educativo y simbólico donde el cuidado a los animales reflejara la humanidad de la población gijonesa.

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Nuria Saavedra
Nuria Saavedra
Activista feminista y LGTBI+, trabajadora social y profesora en un instituto de Xixón.

El fin de la Feria Taurina en Gijón forma parte de un proceso ciudadano que rechaza la crueldad contra los toros. El feminismo de la alcaldesa ha adelantado, probablemente, el debate en el PSOE, que ha estado dividido en este tema demasiado tiempo. Recordemos que hace años que las Juventudes Socialistas se muestran abiertamente en contra de las corridas de toros. Así, en abril de 2008, las Juventudes Socialistas de Oviedo pedían a su Ayuntamiento que, «ante la situación de deterioro de la plaza de toros de Buenavista, declare que Oviedo está en contra de los actos que suponen la tortura o muerte de los toros… y que esta se rehabilite en base a un proyecto que aspire a convertirla en un recinto para espectáculos culturales y prácticas deportivas y en un espacio de uso social, albergando, por ejemplo, un centro juvenil».

Para entender la situación actual hay que hacer un pequeño recorrido histórico desde sus orígenes. Con el primer rey Borbón, Felipe V, la nobleza española consideró que el toreo a caballo era un espectáculo cruel y abandonó la plaza. Fue entonces cuando el pueblo creó el toreo a pie, como se conoce actualmente. Posteriormente, con Fernando VII, se cerraron universidades y periódicos y, a cambio, se creó una escuela taurina en Sevilla. Esta es la esencia del «pan y toros»: menos libros y más corridas, menos universidades y más plazas de toros. Porque un pueblo analfabeto y embrutecido por la violencia y la sangre es más manejable que un pueblo formado, sensible ante el dolor de cualquier animal humano y no humano.

Si hacemos memoria de los últimos siete años en Gijón, podremos ver con perspectiva el sentir antitaurino y defensor de los derechos de los animales cada vez mayor de la ciudadanía gijonesa, en particular, y asturiana, en general.

En el verano de 2014, la empresa Circuitos Taurinos (dirigida por el empresario vallisoletano Carlos Zúñiga) organizó una clase práctica para niños en la playa de San Lorenzo, con el fin de «fomentar la tauromaquia», y dirigida por el torero extremeño Miguel Ángel Perera. Pero las concentraciones y comunicaciones en los medios de colectivos antitaurinos asturianos presionaron, y, como consecuencia, el Consistorio (presidido por Carmen Moriyón, de Foro Asturias) no concedió los permisos requeridos para dicha actividad.

En agosto de 2015, tras las declaraciones en contra de las corridas de toros de la Feria de Begoña por los efectos que tienen en las y los menores que las ven, el empresario Zúñiga declaró: «A mí no me gustan muchas de las fiestas que defienden ellos, como las del Orgullo Gay, pero no voy y lo respeto, y eso sí que hace daño a la vista de los niños».

Verdes EQUO celebró por primera vez una protesta antitaurina y pro derechos animales en el interior de la plaza de El Bibio el 16 de mayo de 2015. A pesar del movimiento ciudadano creciente, en septiembre de 2015, el Pleno del Ayuntamiento de Gijón mantuvo su apoyo a las corridas de toros con la abstención del PSOE.

Todos los años, quienes estamos a favor de los toros libres y vivos nos reuníamos para denunciar el maltrato animal, el asesinato de los toros. Hay que agradecer a ANADEL el trabajo realizado desde hace tanto tiempo promoviendo el encuentro de personas y movimiento asociativo antitaurino, con el fin común de acabar con las corridas de toros en Gijón.

La polémica de 2021 ha sido definitiva, con los toros “Feminista” y “Nigeriano” que mató el torero Morente de la Puebla. En el paseíllo, según El Mundo, el torero colgó el capote de paseo en el tendido 3, donde se ubicaban Espinosa de los Monteros y Monasterio (los capotes de paseo se entregan a una persona de confianza). Varios elementos se han puesto encima de la mesa, pues el entorno de la tauromaquia está promoviendo una cultura violenta y patriarcal: machismo, LGTBIfobia y racismo en un acto que ha sido subvencionado con dinero público para un público cada vez menos numeroso y con una ciudad cada vez más antitaurina y más destacada por la defensa de los derechos animales. A raíz de esta situación, la alcaldesa comunicó que no se dará la prórroga de concesión a la empresa que actualmente explota la plaza de toros, ni sacará un nuevo contrato. 

“La música y el peto del caballo son parte de un espectáculo que intenta ocultar el sonido de la muerte”

El mundo del toreo es, afortunadamente, muy desconocido para la mayoría, pero cuanto más lo conozco, más inhumano me parece. La música y el peto del caballo son parte de un espectáculo que intenta ocultar el sonido de la muerte y la visión de una desgarradora escena entre un toro asustado y un caballo cegado e inmovilizado, cuyo jinete tiene la intención con el puyazo de templar su velocidad y el ímpetu al salir al ruedo. Sin la música y el peto, la sensibilidad pública actual no soportaría la cruel visión de quienes son atravesados por una lanza o por unos cuernos. Ambos, toro y caballo, resultan malheridos y, en ocasiones, también el caballo muere. Asesinados en un espectáculo de sangre. Y cuando el toro mata a un torero, toda la familia del toro, comenzando por la madre, es enviada al matadero.

En los últimos años, algunas ciudades se han declarado antitaurinas y han rechazado el apoyo de las corridas con fondos públicos. En algunas comunidades se han aprobado leyes de protección animal, como la ley canaria y la balear. Sin embargo, en la última década, la tauromaquia se declaró Bien de Interés Cultural (BIC) en Castilla-La Mancha, Madrid, Murcia y Castilla y León.

La Ley 18/2013 reguló la tauromaquia como patrimonio cultural y estableció que debe ser protegida en todo el territorio nacional, de acuerdo con la normativa aplicable y los tratados internacionales sobre la materia. El artículo 149.2 de la Constitución (CE) indica que al Estado le corresponde el deber de preservar el patrimonio cultural común. Y las comunidades autónomas tienen que ejercer sus competencias de forma que las decisiones autonómicas no impidan, perturben o menoscaben el ejercicio legítimo de las competencias del Estado. Pero el Tribunal Constitucional indica que una comunidad autónoma puede regular el desarrollo de representaciones taurinas (menores, plazas permanentes y no móviles) y en el ejercicio de su competencia sobre protección de los animales, y también puede establecer requisitos para el especial cuidado y atención al toro. Igualmente, la sentencia aclara que las comunidades autónomas no tienen por qué adoptar medidas concretas de fomento en relación con las corridas de toros y otros espectáculos similares, ni tampoco mantener de forma incondicional todas las manifestaciones inherentes a las corridas de toros sin tener en cuenta otros intereses y derechos protegidos, incluso otros valores culturales, a veces contrapuestos, que tienen que ser adecuadamente ponderados.

En 2023 entrará en vigor la reforma de la Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea. Este año el Parlamento Europeo aprobó una enmienda promovida por los Verdes europeos de no apoyo a la tauromaquia y no financiación a ninguna actividad de cría que tengan relación directa o indirecta con las corridas de toros. Florent Marcellesi, coportavoz de Verdes EQUO, afirma que «la aplastante mayoría de la ciudadanía española y europea rechaza la tauromaquia. Es hora de alinear la legislación con esta realidad social y política. En coherencia con su apuesta por el bienestar animal, el Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos llamamos a respaldar plenamente esta propuesta en el Consejo Europeo (la reunión de los veintisiete gobiernos de la UE)».

La plaza de El Bibio puede dar trabajo todo el año con actividades municipales de carácter lúdico, deportivo y cultural. Primero hay que adecuarla y gastar dinero público en su mantenimiento. En Gijón hacen falta espacios públicos para servicios públicos, y la plaza es un lugar donde se pueden generar puestos de trabajo, de forma continuada, que beneficien los intereses generales y el bien común de la ciudadanía y de los animales. De hecho, una plaza que sirvió para el horror, el dolor y la crueldad debería ser un espacio educativo y simbólico donde el cuidado a los animales reflejara la humanidad de la población gijonesa. Por tanto, sería el lugar adecuado para ubicar una Oficina Municipal de Derechos de los Animales.

Termino recordando unas palabras de Emilia Pardo Bazán, en el año de su centenario: «El socialismo es una fuerza en bastantes sentidos de la palabra. Si se colocase resueltamente frente a la oleada taurina, le serviría de dique. Una propaganda [antitaurina] tan provechosa la aplaudiríamos sin reserva».

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