“El único extremismo que hay es el de la extrema derecha”

Enrique del Teso reflexiona sobre comunicación política desde una perspectiva de izquierdas en su ensayo 'Más que palabras'.

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David Sánchez Piñeiro
David Sánchez Piñeiro
Graduado en Filosofía y doctorando en Investigaciones Humanísticas por la Universidad de Oviedo/Uviéu. Ha colaborado con medios como La Trivial, Atlántica XXII y El Salto.

Enrique del Teso (Basauri, 1960) es profesor titular de Lingüística en la Universidad de Oviedo. Poco antes del inicio de la pandemia publicó ‘Más que palabras. La izquierda, los discursos y los relatos’ (Trea, 2019), un ensayo sobre comunicación política accesible y alejado de academicismos en el que aborda algunos de los temas más relevantes de nuestra actualidad política: neoliberalismo, patria, feminismo o extrema derecha. Del Teso construye su ensayo a partir de una premisa central: “lo que determina las políticas que son posibles o imposibles es lo que la gente crea. Y lo que la gente crea tiene algo que ver con la eficacia del discurso que se le proponga”.

La izquierda piensa que tiene la verdad de su parte y que debe revelar hechos y mostrar las cosas como son. El discurso, la retórica y la comunicación política son vistas fundamentalmente como trucos de marketing o de ingeniería lingüística consustanciales a la derecha. ¿Por qué te parece errónea esta actitud del ‘que comuniquen ellos’?

Sobre todo en la izquierda más tradicional está instalada la idea de que todo lo que tiene que ver con estrategias de comunicación es la parte sucia de la política, la parte de ‘vender la moto’, del marketing. No creo que haya políticas bien hechas y mal comunicadas. Yo soy profesor, no hay clases bien dadas pero mal transmitidas, eso no puede ser. Cuando intento que mis clases sean claras y motivadoras, no estoy manipulando a nadie, estoy haciendo mi trabajo. Hay algo en la comunicación que hay que entender. En tu periódico, en tu ámbito, puedes expresarte como quieras; si eres Ministro, hablas para todo el país. Si yo comunico de tal manera que es obvio que no te estoy teniendo en cuenta, que eres invisible para mí o que no me importa lo que tú pienses, tú lo notas. Comunicarme de la manera más cercana posible a ti también es una forma de respetarte. Ahí dejas un flanco que aprovecha muy bien la extrema derecha. Es el flanco de la humildad, de decir ‘los que no somos tan listos no lo entendemos’. El caso de Bush fue donde se empezó con esto a gran escala. Aquí se dijo que se le acentuó el toque paleto tejano para acercarlo a la gente. Era algo más profundo que eso. A veces hay menosprecio en la mala comunicación, pero a veces hay esa idea que acabas de sintetizar: mis ideas son mejores y además soy franco; él tiene que ocultar lo que piensa, soy yo el que puede decir la verdad. La verdad es una puntualidad, el asunto no se reduce a eso.

Planteas en el libro que “es un error asociar la ética con una racionalidad robótica e ignorar como espurios los sentimientos” y que “la razón y la verdad solas no van a funcionar sin el aliento emocional”. ¿Crees que la izquierda maneja una noción demasiado simplista de lo que es la racionalidad humana?

La racionalidad y la emoción no están separadas en nosotros. Sé que la emotividad está muy vendida y que empalaga. Yo voy a una dependencia pública, al Ayuntamiento, tengo que hacer una gestión. ¿Cómo noto que me están tratando bien? ¿Es porque se cumpla el trámite que estoy haciendo? Si quiero comprar entradas, ¿es porque efectivamente las compro y me llevo las entradas? ¿Puede ser que se cumpla el trámite y tenga la sensación de que me trataron mal? Cada uno lo puede decir con sus propias palabras, pero intuitivamente todos nos damos cuenta cuándo alguien nos atiende bien y cuándo no. Además del trámite, quieres que te traten bien. Ahí tienes que empatizar, la gente tiene que notar que eres un semejante. Esto es muy importante. ¿Qué quiere decir tener en cuenta la emoción? Primero, si no estás legítimamente concernido, tus razones, por muy razonables que sean, son espurias. Aunque lo hagas con la mejor voluntad, cuando sólo hay ideas y no hay legítimo interés te estás alejando.

Lo que me gustaría corregir sobre todo es la actitud. Te cito dos casos recientes de error comunicativo, no conceptual. El famoso caso del chuletón. ¿Tiene razón Garzón? Toda la razón. Entre el chuletón y los bosques hay la misma relación que entre la madera y los bosques. Nos encanta la madera, está claro que si tiramos mucho de madera no hay bosques. Para que haya chuletón tiene que haber herbívoro y el herbívoro necesita pastos. Claro que Garzón tiene razón. No es esa la cuestión. Venimos de una pandemia espantosa, la gente está al límite en lo económico, en lo moral, en lo psicológico. Si ahora no estuviera prohibido fumar, por favor, no lo prohíbas. No metas a la gente en más prohibiciones que las sanitarias, deja que respire. ¿De verdad tienes que venir ahora a decir ‘coméis mal’? ¿No sabemos todos cuándo callar en la vida corriente? Si tú ves a una persona muy triste, ¿es el momento en que le das caña con algo que te molesta de ella? No, y eso no es manipular. ¿Está ahora el país más cerca o menos de entender que tiene que haber una restricción a la carne roja en algún momento? Está más lejos. No fue una equivocación conceptual, no es que Garzón sea tonto, sino que dijo algo a destiempo. Y cuidado, porque cuando la gente está tan castigada como ahora, cuidadito con la cuestión emocional. Una población en un estado emocional débil es yesca, ahí arde cualquier cosa.

En la Semana Negra estuvo aquí Yolanda Díaz con Enric Juliana, que no es Iñaki Gabilondo, es una referencia muy respetada, un señor que sabe mucho de historia y ve muy bien las cosas. Juliana dice algo como ‘esta ministra, Yolanda Díaz, habla de las cosas y la gente la entiende’. No es poca cosa. Y Yolanda Díaz dijo cosas, pero en un momento determinado dijo ‘matria’. ¿Qué ocurrió? Nadie se acuerda ya de lo que dijo Yolanda Díaz. Ni siquiera se acuerda nadie de que estaba ahí Enric Juliana. Quedó ‘matria’. ¿Cuál era la relevancia política de eso?  ‘Matria’ es un error. Reacción de la izquierda: una lista de personas ilustres que dijeron ‘matria’, con lo cual siguen repitiendo la palabra ‘matria’. ¿Pero no entiendes que esa palabra ahoga todo? Creó ruido sobre lo que ella misma había dicho. Es un error, punto.

En el libro estableces una diferencia entre subsistencia y bienestar. ¿Qué relevancia política tiene esta distinción para la izquierda?

El bienestar es todo lo que pasa de la subsistencia. La subsistencia es la comida, la vivienda, la educación, la sanidad y la vejez. El que no tiene algunas de esas cosas, es pobre. El que tiene eso, subsiste. El que tiene más que eso, tiene bienestar. Cuando digo bienestar también estoy hablando de refalfiu, de una excelencia. Que un profesor de Universidad en España viva a la subsistencia significa que la riqueza nacional se la están quedando muy pocas personas. Bienestar es la justa participación de la riqueza nacional. Y creo que en España: uno, con la riqueza objetiva del país no tiene que haber pobres; dos, nadie debería estar trabajando para subsistir. Nadie. Puedo admitir que alguien tenga dinero para ir de vacaciones a Tokio y otro tenga que ir a Cádiz. Pero eso de que no tengas ni para unos calamares fritos el fin de semana no le debería ocurrir a nadie. Sin embargo, este convencimiento cala en la gente. Le dices a la clase baja ‘¿por qué los tíos que ganan 3000 euros al mes no van a pagar su operación de apendicitis si pueden?’. El sistema que describe la Constitución no es ese. El sistema es que pagamos impuestos, unos más que otros, y recibimos los mismos servicios, no es que la clase media pague impuestos y luego pague también el servicio para que los ricos sean cada vez más ricos.

‘En España no tiene que haber pobres y nadie debería estar trabajando para subsistir’

El dinero lo es todo. Por eso, cuando me hablan de extremismo, insisto: como hecho político solo hay un extremismo, que es la extrema derecha. Puede ser que haya gente de izquierdas muy radical, lo sé. Pero como hecho político no existe, porque no existe una Unión Soviética ni dinero que lo respalde. La extrema derecha está muy financiada. Y el dinero hace que un ‘mindundi’ como Abascal tenga mucho éxito comunicativo. El dinero lo es todo.

Sugieres que en el discurso de la izquierda el componente expresivo debería ser sustituido por una estrategia transversal, que se resume en dos puntos: “intentar convencer a gente que no comparta la ideología propia” y “no mencionar la ideología como argumento de lo que se propone”.

De la transversalidad se habló mucho y está muy manida. Podemos empezó como un partido muy transversal, tanto que asustó mucho a la derecha. El cabeza pensante de la transversalidad era Errejón. Ahora Podemos es el equipo menos capaz de conseguir el apoyo de alguien que no se identifica ideológicamente con él. Eso quiere decir que es lo opuesto a la transversalidad. Vamos a suponer que a mi ideología podemos llamarla ‘socialismo’. No puedo vender a la gente el socialismo y, en la medida en que me aceptes que es mejor el socialismo que el neoliberalismo, dame la razón en que hay que cerrar la enseñanza concertada… La ideología, como el sentido del humor y la cultura, se me tendrá que notar. Yo no la oculto. No puedo decir de mí mismo que soy gracioso, ni puedo decir de mí mismo que soy culto.

‘Podemos empezó como un partido muy transversal, ahora es el menos capaz de conseguir apoyo de alguien que no se identifica ideológicamente con él’

Cuando hablamos de igualdad en el salario, por ejemplo, ¿lo que yo quiero decir es una igualdad radical? No, nadie dice que todo el mundo tenga que cobrar lo mismo. Cuando hablo de igualdad entre blancos y negros, ¿de qué igualdad hablo? Radical y extremista, blancos y negros iguales, sin matices. Hombres y mujeres iguales, sin matices. Si yo soy rico y mi hija enferma y tú no eres rico y tu hija enferma, ¿cómo de iguales tienen que ser la atención sanitaria de una y otra? Radicalmente iguales. Tú no puedes aceptar que te digan que tu hija no va a tener la atención sanitaria máxima que se pueda permitir el país. No dije ‘izquierda’ ni ‘socialista’, pero hay mucha gente que me puede dar la razón en esto que estoy diciendo. 

Y cuando hablo de enseñanza concertada lo mismo. Cuando se segrega el sistema escolar es una desgracia para el país. España tuvo dos impulsos de universalización de la enseñanza. Uno fue en el tardofranquismo con los tecnócratas del Opus Dei, cutre y tercermundista, del que salió mi generación, y otro fue el del PSOE de los 80. Eso fue bueno para el país. Cuando yo empecé a estudiar la carrera en el año 77 mi padre era peón. Yo no pagaba la matrícula porque estaba becado, pero costaba la quinta parte del sueldo de mi padre. Ahora mismo, cualquiera que vaya a la universidad paga una matrícula que está muy por encima del sueldo de mucha gente. La España del 77 era bastante más pobre que la España actual. Ahora es más desigual. De aquella no digo que fuera fácil, pero no era tan raro que gente que venía de clase baja se hiciera ingeniero o médico. Ahora es mucho más difícil y España es más rica. En todo este discurso que te estoy echando, ¿dije ‘socialismo’ o ‘izquierda’? Espero que se me haya notado, pero no es eso lo que comunica con la gente.

A lo mejor no estás de acuerdo conmigo en muchas cosas o ni siquiera te consideras una persona de izquierdas, pero puedes darme la razón en esto o puedo conseguir que confíes en mí para gestionar. Es obvio que tienes que convencer a más gente que los que dirían tener tu misma ideología. Esos dos sentidos de transversalidad me parecen fundamentales. Claro, practicar una transversalidad que llegue a ser una verdadera asepsia ideológica no, me parece que eso está bastante claro. Hay un detalle en el que creo que Pablo Iglesias y los estrategas de Podemos no reparaban y es curioso. Cuando se enfrentaban en el Parlamento Pablo Iglesias y Rajoy estaban los dos especialmente brillantes y ocurrentes, pero por una razón: los dos sabían que no se disputaban ningún voto. Ninguno estaba amenazado por el otro porque, claro, se suponía que entre Podemos y el PP estaría el PSOE. No señor, Rajoy tiene que notar que le estás dando en las rodillas. Eso no quiere decir que te derechizes, quiere decir que no hagas tan necesario compartir tu ideología para darte la razón. Era una mala señal. Cuando más daño hizo Podemos a los de arriba fue cuando notaban que incluso gente conservadora lo veía como un movimiento regeneracionista.

Esa transversalidad fue el reverso de lo que hizo siempre Izquierda Unida, con todos mis respetos. Su argumento siempre era geopolítico. ¿Por qué te tengo que votar? ‘Porque somos de izquierdas’. ¿Y por qué nunca fue imaginable que entraseis en un gobierno en Madrid? ‘Porque éramos de izquierdas y el PSOE no quería serlo’. Siempre izquierda, siempre izquierda.

‘Cuando más daño hizo Podemos a los de arriba fue cuando incluso gente conservadora lo veía como un movimiento regeneracionista’

Escribes que “es bueno que una parte de nuestros esfuerzos y de los recursos que damos por buenos tengan que ver con el compromiso e implicación con nuestro país” y añades que “los internacionalismos apátridas nunca fueron reales”.

Hay corrientes de izquierdas que creen en una especie de internacionalismo, que la nación es algo que hay que trascender. Antes utilicé expresiones como ‘la justa participación en la riqueza nacional’. ¿Por qué digo nacional? ¿Por qué tengo que ser yo mejor que un profesor de Universidad de Etiopía? Hay otra izquierda, en cambio, que se engancha a la idea de soberanía nacional y sin darse cuenta acaba acostándose con la extrema derecha. ¿Qué es esto del ‘potro domesticable’? Querer eliminar la emoción grupal es tan inútil como querer eliminar la estructura familiar. No puedes, está en nuestra naturaleza. Además, no hace falta. Necesitamos mecanismos de apego, es decir, necesitamos el cariño que no hay que merecer. 

¿Por qué creo que si enfermo y no puedo trabajar se me tiene que ayudar? Coño, porque soy de este grupo y me tiene que proteger. Hay muchos restos neandertales que fueron mutilados 20 años antes de morir. Eso quiere decir que un neandertal mutilado sobrevivía en el grupo y eso lo tomamos como una señal inteligente de humanidad. La emoción grupal va a existir siempre, siempre vas a buscar a afines que te protejan, sitios donde puedas decir lo que quieras y que de eso no dependa que te sigan aceptando o no. Es el bienestar que tenemos con los amigos de toda la vida. Si estoy en un país que me margina me juntaré con los de mi raza o con los de mi religión y en vez de Constitución tendré un rabino, pero la emoción de tribu va a existir siempre. ¿Por qué digo que es domesticable? Porque es configurable en Estados democráticos. No tiene por qué ser algo tribal. Cuanto más altruismo interno haya, más hostilidad potencial hay hacia fuera. Cuanto más soy del grupo, más ajeno me es el otro. Pero eso es configurable. La religión no. Históricamente los dos grandes mecanismos de identificación grupal son la religión y la nación, pero la religión no admite configuración democrática.

No va a haber nunca una democracia planetaria. Lo que sí se puede conseguir es que tengas Estados que se organizan en supra-Estados y que haya una especie de justicia internacional. De la misma forma que en el núcleo de mi familia tengo el mismo derecho que mi hermana, a escala mayor tengo el mismo derecho que los ricos de mi país. Al neoliberalismo le estorba la nación, porque implica siempre reglas. Lo que quieren las empresas es que no haya reglas. Cito el ejemplo paradigmático de cuando se quiso poner Eurovegas en Madrid. Llega el señor Adelson y dice ‘¿qué es esto, aquí hay leyes? Yo quiero que las leyes sean las mías’. Apple y Google no quieren Estados que les molesten. Los neoliberales como Vargas Llosa y compañía venden eso como una superación de la tribu. No les gusta que la nación se configure como un Estado, porque el Estado no sólo te protege del opresor de afuera, sino también del de dentro.

‘Al neoliberalismo le estorba la nación, porque siempre implica reglas. Apple y Google no quieren Estados que les molesten’

Te refieres al feminismo como el “discurso progresista que está siendo más estratégico y eficaz” y aseguras que cada 8 de marzo “se engrasan todas las pendientes resbaladizas hacia todas las críticas a la sociedad desigual del neoliberalismo”. ¿Qué tiene que aprender la izquierda del feminismo?

El feminismo crea una reacción furibunda como pocas porque es un golpe fuerte al sistema. Ahora mismo, una mujer entre los treinta y tantos y cerca de los cincuenta está soportando tres generaciones: está atendiendo a sus hijos, está atendiendo a su marido y está atendiendo a los padres de su marido y a sus propios padres. Como saques del sistema todas esas horas de asistencia a la dependencia hay una quiebra. El sistema no puede asimilar la igualdad de la mujer sin que haya una modificación del sistema. Además es una perturbación cultural bastante fuerte. Curiosamente, lo que más perturba es la parte más débil del machismo, porque es la que nos golpea a todos. ¿La parte más fuerte cuál es? Los crímenes machistas. ¿Qué trabajo me cuesta a mí, que no maté a ninguna mujer ni cuento hacerlo, ir a una manifestación contra crímenes machistas y además gritar? ¿Desigualdad salarial? Por favor, en qué cabeza cabe… Cuando entramos en niveles más bajos de machismo, en los cuales entramos todos -estereotipos que cultivamos, ciertas formas paternalistas, incluso la forma de sentarnos desparramándonos y todo eso- empiezo a ponerme de mal humor: ‘ya estamos, ahora me van a  decir cómo tengo que sentarme, ya me empiezan a tocar los huevos’. La igualdad de la mujer es algo que agita muchos aspectos cotidianos, pero también estructurales.

Luego tiene el efecto, muy temido por la Iglesia y por la derecha, de pendiente resbaladiza. Como entremos en la igualdad de género de repente se mete la idea de una sociedad estructurada y ellos lo que quieren es una sociedad a granel. El ideal de ellos es Blade Runner: empresas que son más grandes que el Estado, un Estado del que solo queda la policía y un montón de gente superviviente a granel. Un movimiento como el feminista hace mucho daño, sobre todo porque además es un buen modelo de organización, con todas sus contradicciones.

El concepto que utilizas en el libro de ‘pendiente resbaladiza’, la idea de que las diferentes conquistas emancipadoras se retroalimentan y que unas conducen a otras, ¿es la antítesis de la ‘trampa de la diversidad’?

Hay que tener mucho cuidado de no confundirse de enemigo, el enemigo no son los veganos. Y si no hay movimiento obrero, no es por los veganos. Daniel Bernabé lo pone como algo que está ocurriendo ahora. Perdona, yo tengo unos años y las folcloradas izquierdistas las viví siempre. Yo empecé a estudiar en el 77 y de aquella todos los progres llevaban un bolso caqui con una pegatina de ‘nuclear no, gracias’. Llevábamos botas camperas y se llevaba mucho estar ‘depre’ por lo mal que estaba todo. Era una colección de imposturas que siempre hubo en la izquierda. 

Hay cosas que son injustas. El movimiento obrero históricamente es muy machista. Lo siento, pero las mujeres tienen que tener su sitio, son la mitad de la población. Los homosexuales también, coño. ¿Te estorba? Pues no te tiene que estorbar. No me vengas con folkloradas sueltas que andan por ahí para decirme que eso destroza el movimiento obrero. Al movimiento obrero se lo cargó que no hay Unión Soviética. No es que yo sea pro-soviético, pero sé muy bien el efecto que hacía en Occidente, cualquier revolución era viable si a la Unión Soviética le convenía. ¿Ahora qué miedo van a tener? Las primeras medidas planetarias ultraliberales de Reagan son de cuando cayó el muro de Berlín. Me parece que Bernabé  equivoca el disparo.

¿Cómo valoras el balance provisional del gobierno de coalición?

Desde el punto de vista histórico hay algo muy importante. Desde la Transición para acá, Izquierda Unida no solo no entraba en los gobiernos, sino que era un tabú. No podía entrar. Convergència lo sabía, el PNV lo sabía, todo el mundo lo sabía. La entrada de Podemos, salga bien, mal o regular, quiere decir que, de ahora en adelante, puede ser. Eso lo cambia todo. Incluso una persona que no es muy de izquierdas como Pedro Sánchez puede formar gobierno con Podemos -o con lo que sea que esté ahí a la izquierda- y puede negociar leyes con Bildu. Hay que tomarse esto en serio. A pesar de que creo que Errejón tiene las ideas y la estrategia más claras que Iglesias, aquí siempre le di la razón a Iglesias. A Errejón le valía un gobierno del PSOE con Podemos como socio preferente e Iglesias dice ‘no, yo quiero Ministros comunistas en el gobierno’ ¿Ministro de Consumo? Me vale, pero en el Consejo de Ministros, sobre todo que se rompa ese tabú.

El Gobierno, evidentemente, es un gobierno neoliberal. Nadia Calviño es la imagen de tranquilidad para el neoliberalismo. La política educativa es neoliberal. Podemos no está como para subirse mucho a la parra, porque tampoco puede amenazar con unas elecciones. Si dijeras que está al alza, venga, rompe el gobierno a ver qué tal te va en unas elecciones. Pero no es así. Es evidente que el gobierno hizo algunas cosas de la agenda de la izquierda. Algunas simbólicas y a destiempo, como la exhumación de Franco. Digo a destiempo porque a quién se le ocurre hacerla en periodo electoral. Claro que se queda corto el gobierno de coalición. Hay muchas cosas que no están. No sé lo que van a hacer en la segunda parte de la legislatura, pero siendo una derecha más tímida que la verdadera derecha no vas a ganar. 

‘El Gobierno hizo algunas cosas de la agenda de la izquierda, pero se queda corto’

¿Crees que puede ser diferencial el ‘factor Yolanda’?

Yolanda es un paso realista. Podemos ya no es Podemos. Ahora es Izquierda Unida mejorada y en ese plano Yolanda es mejor, genera menos rechazo. No sé cuánto puede movilizar. Cae bien en toda la izquierda y es una persona a la que es raro que no se respete. La derecha intenta meterse con ella pero tímidamente. El problema es que una cosa es eso y otra que generes votos. Pablo Iglesias electrizaba mucho. Ahora la izquierda necesita movilización. La cuestión de la movilización es muy importante porque cuando tus acólitos gritan en el bar crean un efecto contagio. Te pongo un par de ejemplos. La última vez que Felipe González ganó las elecciones no debería haberlas ganado. Estaba hundido. Aparte de que era una personalidad política muy fuerte, ¿qué hizo cambiar la tendencia? Pues que de repente saltan con que Baltasar Garzón entra en sus listas. Garzón en aquel momento era un intocable, como el rey de entonces. Eso no dio votos al PSOE por sí mismo, pero subió la moral de la tropa socialista. 

Cuando la extrema derecha dice que a Podemos lo financia Irán, no pretende que se lo crea la gente, basta con que lo repitan. Eso provoca mucha movilización entre los suyos y esa movilización da muchos votos. Pablo Iglesias creaba mucho rechazo, pero movilizaba mucho. No sé si Yolanda va a movilizar o no. Pablo Iglesias cometió un error estratégico en su momento, que fue una de las razones por las que se bloqueó el ascenso de Podemos. Fíjate en lo que pasa con la derecha: en el momento más dulce de Ciudadanos, Albert Rivera irritó al PP, pero no a sus votantes. Abascal insulta a Casado, pero no ofende a sus votantes. Pablo Iglesias llegó a irritar a los votantes del PSOE. Cuidado, cuidado, cuidado. Tienes que ver a través de los líderes quiénes están detrás. Nunca llames tontos a los votantes. Los simpatizantes del PSOE estaban enfadados con Podemos. Ese paso no lo puedes dar.

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