Holm-Detlev Kohler: «El bipartidismo alemán parece definitivamente pasado»

El catedrático de Sociología de la Universidad de Oviedo/Uviéu conversa con Nortes sobre las elecciones alemanas

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Pablo Batalla
Pablo Batalla
Es licenciado en Historia. Ha sido colaborador en medios como La Voz de Asturias o Atlántica XXII y en la actualidad coordina la revista digital El Cuaderno y dirige A Quemarropa, el periódico de la Semana Negra de Gijón. Su último libro es "La virtud en la montaña. Vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista" (Trea Ensayos).

Holm-Detlev Kohler lleva años establecido en Asturias, pero sigue con atención la actualidad de su país de origen. Conversamos con él para un breve análisis de las elecciones que han puesto fin a la era Merkel.

¿Qué valoración general hace del resultado de estas elecciones que han puesto fin a la era Merkel? ¿Qué es lo que más interesante le ha parecido de lo sucedido?

Una característica de estas elecciones ha sido la volatilidad en términos de sondeos electorales. En general, se ve que la relación entre los ciudadanos y los partidos políticos es cada vez más inestable. Ya no hay esa situación de bipartidismo en la que entre el setenta y el ochenta por ciento de la población votaba de manera estable a uno de los dos grandes partidos. Eso parece definitivamente pasado; ahora hay una mayor fragmentación del voto. Ningún partido tiene más del veintiséis por ciento de los votos y para formar un gobierno hace falta una coalición de tres partidos. La Gran Coalición que ha gobernado los últimos años parece que no se va a producir. De momento, ni socialdemócratas ni demócrata-cristianos apuestan por ella.

Los Verdes llegaron a soñar, hace unos meses, con una victoria electoral vía sorpasso a los dos grandes partidos, el SPD y la CDU/CSU. Finalmente, son terceros. Obtienen su mejor resultado, pero la sensación es de batacazo.

Está a diez puntos de los dos grandes, cuando hace unos meses estaba a la misma altura que socialdemócratas y demócrata-cristianos en los sondeos. Esa bajada se debe en parte a la candidata, Annalena Baerbock, que ha protagonizado un par de escándalos, uno de ellos un plagio en un libro. No era una candidata que pudiera movilizar al voto indeciso. Y, en general, las diferencias programáticas ya no son muy grandes entre los tres grandes partidos: todos hablan de una economía en transición verde y de descarbonización. Por ese lado, Los Verdes no podían conseguir muchos votos. Además, es un partido no muy bien definido, que en regiones como Baden-Wurtemberg gobiernan con los demócrata-cristianos, pero en otras lo hacen en coalición con los socialdemócratas.

Gana Scholz y vuelve el SPD. Pero, según los análisis que se han ido haciendo, no parece que se deba a que haya un anhelo socialdemócrata en el aire, sino a que, paradójicamente, Scholz, de formas tranquilas e ideas moderadas, era el candidato más parecido a Merkel; más que el demócrata-cristiano Armin Laschet. Se deseaba continuidad, no cambio, y la continuidad la representaba él.

Sí, sí, esto parece cierto. Scholz formó parte del gobierno de Merkel en los últimos años y, efectivamente, tiene un perfil personal muy tranquilo, muy medido, muy moderado. De todos los candidatos, es el que más se parece a Merkel, y la popularidad de Merkel es indiscutida.

Alternativa por Alemania obtiene un 10,3% de los votos. Malas noticias, pero, al menos, no crecen, sino que se estancan. ¿Crees que la ultraderecha alemana ha tocado techo?

Es la primera vez en la historia de la República Federal Alemana que un partido de ultraderecha vuelve al parlamento. Ha habido un voto de ultraderecha algunas veces, pero eran candidaturas o partidos poco serios, que en las siguientes elecciones desaparecían o quedaban por debajo del umbral de entrada. AfD sí tiene un cierto voto consolidado, sobre todo en regiones del Este. Lo que pasa es que todos los demás partidos evitan cualquier coalición o cooperación con este grupo; lo marginan. Además, tiene problemas internos. Así que hay esperanza de que sea el comienzo del declive de este partido.

Die Linke ha obtenido un mal resultado. ¿Por qué?

Die Linke proviene del antiguo partido comunista de la RDA, y en la Alemania Occidental nunca ha calado bien, nunca ha tenido mucho apoyo. El apoyo de los viejos poscomunistas también se está muriendo hasta demográficamente. Cada vez quedan menos de estos viejos de la RDA y Die Linke no ha sido capaz de establecerse como una alternativa de izquierda en otras zonas de Alemania. Además, en una situación donde priman cada vez más los candidatos y cada vez menos los programas, lo tienen difícil. Hay algunas regiones del Este en las que se mantienen, pero en el resto de Alemania pierden perfil y capacidad programática.

De todos los candidatos, [Scholz] es el que más se parece a Merkel, y la popularidad de Merkel es indiscutida

FPD, el partido liberal, obtiene un 11,5% de los votos. ¿Cuál será el papel de este partido?

El de siempre: ser un posible socio pequeño de una coalición de gobierno. Hace unos años estuvo fuera del parlamento, tras pasar por una crisis, pero ahora se ha recuperado con un nuevo líder, y ha aprovechado la crisis de los demócrata-cristianos para captar sus votos. Está por ver si entra en el gobierno o no.

Hemos hablado mucho, en los últimos años, de la crisis de la socialdemocracia europea, pero nos ha pasado por debajo del radar otra crisis que ahora sí se hace notable: la de la derecha tradicional, conservadora o democristiana. La alemana se suma ahora a esa decadencia.

Alemania es un claro ejemplo de esa crisis doble de los partidos hegemónicos desde la segunda guerra mundial. Ya digo: a principios del siglo, todavía estos partidos concentraban cerca del ochenta por ciento del voto; ahora no llegan al cincuenta. Parece que será una tendencia duradera. El bipartidismo no se va a recuperar y eso hace cada vez más complicada la formación de gobiernos estables, capaces de hallar un consenso. En Alemania, por ejemplo, descartada la Gran Coalición, lo esperable es una coalición del SPD con verdes y liberales, pero es complicado, porque entre Los Verdes y los liberles hay diferencias importantes.

¿Cuáles son esas diferencias?

Los liberales quieren sobre todo reducir impuestos y gasto público; menos Estado y más mercado, pero Los Verdes quieren subidas de impuestos e inversión pública para la transición verde y más justicia social.

¿Qué coalición apostaría usted a que se va a formar? ¿Cuál le parece la más probable?

Lo más probable es que el SPD, como partido más votado, busque un acuerdo con Los Verdes y con los liberales, pero ya digo que hay esas diferencias que hacen difícil diseñar un programa común. Lo mismo vale para los demócrata-cristianos, que podrían optar por esa coalición que se ha bautizado Jamaica, democristiana-verde-liberal, pero que es más complicada todavía. La tradición, digamos, pragmática y de negociación de la política alemana nos dice que lo más probable es el Semáforo, esa coalición rojo-verde-amarillo. Pero van a ser negociaciones muy difíciles. Antes de las elecciones, había algunas esperanzas de una coalición de izquierda entre socialdemócratas, verdes y Die Linke, pero con el batacazo de Die Linke, esto ya no es posible.

Cuando se consultan mapas de incidencia del voto a cada partido, se descubre que la división de las antiguas dos alemanias sigue estando muy viva. AfD y Die Linke son fuertes en la antigua RDA, pero débiles en la vieja RFA, y al revés, Los Verdes son fuertes en la RFA pero débiles en la RDA.

La brecha se ha ido cerrando, pero sí: sigue habiendo perfiles claramente diferentes entre la Alemania oriental y la occidental. La única fuerza bien consolidada en las dos alemanias son los demócrata-cristianos, pero con la pérdida de Merkel están en un mínimo histórico; nunca han recibido tan pocos votos. Y el SPD se ha reforzado en el Este, donde antes tenía muchas dificultades. Pero sí: Los Verdes siguen teniéndolas en Alemania oriental y, por otro lado, AfD y Die Linke las tienen en la occidental.

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