“El nacionalismo es una sustancia adictiva”

El historiador y colaborador de "Nortes" Pablo Batalla presenta en Xixón su nuevo ensayo: "Los nuevos odres del nacionalismo español".

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

“Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón”. La letra de Marta Sánchez para el himno español, y sobre todo ese “Y no pido perdón” son el punto de arranque de “Los nuevos odres del nacionalismo español”, el nuevo ensayo de Pablo Batalla que este jueves presentó en la Casa del Libro de Xixón acompañado por Victor Muiña, director de la revista digital La Soga. El historiador y colaborador de Nortes señala que cuando en 2018 Sánchez estrenó su particular versión del himno nacional en el Teatro de la Zarzuela “la gente aplaudió a rabiar”. Para Batalla “El Y no pido perdón entroncaba con la imagen de España como fortaleza asediada por una formidable conspiración internacional. Una conspiración que cuenta con una quinta columna que ataca a España desde dentro”. “Si España está asediada por sus enemigos perdir perdón es un gesto de debilidad que no se puede consentir” razona Batalla, para quien el nacionalismo español ha hecho de la celebración del 12 de Octubre su perfecta contraposición al Orgullo Gay como gran fiesta de la izquierda contemporánea, más allá de los límites del movimiento LGTB: “Si el Orgullo es el desorden festivo y la celebración de la diversidad, el desfile militar de la fiesta nacional es la celebración de la jerarquía, el orden y la virilidad tradicional”.

Víctor Muiña y Pablo Batalla FOTO: Luis Sevilla

La llamada “década prodigiosa del nacionalismo español” que arrancaría con el gol de Iniesta en el mundial de 2010 y seguiría hasta el Procés y la eclosión de Vox, se ha caracterizado, en opinión de Batalla, por una idea cada vez más agresiva y excluyente de lo español, que esconde los conflictos y la desigualdad social en el seno de España, generando una unidad nacional frente a un enemigo exterior o interior. El historiador se fija en la memoria de 1492 como ejemplo de esa radicalización del nacionalismo español. “El imaginario de la hispanidad y de la conquista de América pasa de una cosa más o menos naif como el encuentro de culturas a otro que remite a imperio y civilización” señala Batalla, para quien el nacionalismo es una “sustancia adictiva”, una “nueva religión” que proporciona “un nuevo repertorio de mártires, esperanzas, héroes y textos sagrados”. Siguiendo con la comparación con las religiones, el autor de “La virtud en la montaña”, apunta que estas “necesitan teólogos, pero también misioneros que simplifiquen la doctrina”. Según Batalla el nacionalismo español tendría ambos niveles, adaptados a diferentes públicos, tanto “un producto exitoso, pero erudito”, como el libro de Elvira Roca Barea, pero también los cuadros históricos de Ferrer Dalmau, las novelas de Pérez Reverte y productos audiovisuales como cine, series y videojuegos.

Para Batalla este rearme del nacionalismo es común a todo el mundo y se trata de un fenómeno relacionado con la globalización: “Nada de lo que pasa en España pasa solo en España. Macron ha pasado de pedir perdón por el colonialismo argelino a enorgullecerse del imperialismo”.

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