Necesitamos trabajadores y trabajadoras migrantes

La política debe prever un futuro basado en medidas sociales e inclusivas frente a la demagogia

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Nuria Saavedra
Nuria Saavedra
Activista feminista y LGTBI+, trabajadora social y profesora en un instituto de Xixón.

Quienes me leéis os daréis cuenta de que uno de los objetivos en mis artículos de opinión es visibilizar y concienciar sobre la interdependencia de los acontecimientos y de las personas, desde la realidad más próxima (pequeña y local) hasta la perspectiva más lejana y global.

En la última semana se está observando en Reino Unido que falta personal para trabajar en el transporte de mercancías. Pero no solo de mercancías. Hay falta de abastecimiento y las cadenas de suministro se han visto afectadas. En algunos lugares, ya se observan estanterías vacías en los supermercados. También hay escasez de profesionales cualificados de la carnicería, de la hostelería, etcétera. Pero no solo en Reino Unido, sino en toda Europa. Y tendremos que ver si esta tendencia cada vez se hace más presente en Asturias, por lo que vamos a analizar dos cuestiones. La primera es por qué se visibiliza primero en el Reino Unido, y, en segundo lugar, cuál es la causa de la escasez de profesionales.

“La dificultad actual de encontrar trabajadoras y trabajadores evidencia que quienes han estado realizando mayoritariamente este trabajo han sido personas extranjeras”

Iniciamos esta reflexión entendiendo que el lugar donde se tiene que solucionar es el espacio político, a través de la palabra. Y teniendo presente que la política debe ser previsora de lo que va a venir, no solo de forma asistencial para cubrir baches, porque, si no, sería una política ineficaz, populista, que establece medidas para contentar a la ciudadanía a corto plazo. Una política que no prevé es una política simplista que vende humo. Las respuestas inmediatas y sencillas, sin reflexión y desde las entrañas y con el sentimiento a flor de piel, son demagogas y buscan ganarse el favor popular con el fin de mantenerse en el poder. Quizá sean estos los indicadores más evidentes para diferenciar qué es ser populista, es decir, lo que el pueblo quiere oír: aunque no den soluciones reales a largo plazo, dan respuestas puntuales para evitar hostilidades y unir voluntades que, de otra manera, no se asociarían. Y muchas veces, esas acciones populistas se centran en encontrar y atacar a un enemigo común, un chivo expiatorio para canalizar la rabia y olvidarse del problema real. Seguro que conocemos algún ejemplo e incluso habremos vivido alguna experiencia que nos ayuda a entender esta forma de utilizar y manipular las frustraciones individuales, sobre todo en tiempo de crisis, con el objetivo de obtener algún rédito sociopolítico.

A la cuestión de por qué se visibiliza y cuál es la causa de la escasez de profesionales y mercancías en el Reino Unido, tenemos que tener presentes dos cuestiones: el COVID y el Brexit. La pandemia hizo que muchas personas extranjeras dejaran el Reino Unido y se volvieran a sus países de origen, porque sabían que sus visados no iban a ser renovados tras la entrada en vigor del Brexit. Consecuencia de ello es que el número de profesionales necesarios en UK ha disminuido y, por tanto, las labores que realizaban queden sin hacer. Sin duda, la visibilización de los problemas de desconexión del Reino Unido con la Unión Europea reforzará la permanencia de otros países en la Unión.

La dificultad actual de encontrar trabajadoras y trabajadores evidencia que quienes han estado realizando mayoritariamente este trabajo han sido personas extranjeras. Y también se observa que los horarios y la retribución son dos cuestiones que están en la raíz del problema. Pero el mayor conflicto, en mi opinión, está en la deriva del programa político. Aún no nos hemos dado cuenta de que, en un mundo interdependiente y globalizado, nos necesitamos. Un sistema cerrado y xenófobo, como se pretende con el Brexit, evidencia que es imposible vivir al margen. Casi ningún país podría vivir con sus propios recursos. La soberanía alimentaria no ha sido un objetivo para el capitalismo, sino todo lo contrario. De hecho, el importante incremento de los beneficios de muchas empresas ha venido por la deslocalización y la reducción de costes.

Tampoco la idea del “American First” es la solución de ningún país. Necesitamos a las personas migrantes, extranjeras. Es una realidad. El 1% de la población británica es menor de 15 años, por lo que necesitan mano de obra extranjera. Pero la ley de inmigración impide su llegada y la solución del gobierno es que sea el ejército quien lo asuma. En Asturias también podemos mirar nuestros campos o barcos de pesca, o aquellos trabajos que exigen mayor esfuerzo físico o emocional, y veremos que en ellos hay mucha población migrante.

“Yo me pregunto ¿quién va a querer ir a trabajar en un ambiente hostil hacia las personas extranjeras, por tres meses, con malos salarios, subida de precios de productos de consumo diario y condiciones laborales pésimas?”

En Reino Unido han dado marcha atrás y quieren ofrecer 5.000 visados más para que las y los profesionales regresen, pero hacen falta otros 100.000 visados. Y yo me pregunto ¿quién va a querer ir a trabajar en un ambiente hostil hacia las personas extranjeras, por tres meses, con malos salarios, subida de precios de productos de consumo diario y condiciones laborales pésimas? En España, un 20% ha cambiado de sector por problemas de turnos y salarios. En Asturias se habla de la dificultad que tiene el empresariado de conseguir personal para la hostelería. Todo esto es un indicador claro de que el problema son las condiciones para poder trabajar. Si no hay quien trabaje, no solo hay que mirar a las y los trabajadores, sino a la situación laboral legislativa y empresarial.

A nivel internacional, la ultraderecha se mueve (de forma coordinada y con recursos) fomentando el odio contra las personas migrantes y racializadas (contra todo lo diferente) y potenciando los estereotipos de las personas extranjeras (tengan o no papeles) y creando miedo con frases como “vienen las hordas musulmanas con afán de conquista”, frente a la realidad, que suele estar relacionada con la huida de la pobreza o de poder ser lo que tú eres en tu país (mujeres, personas LGTBI+, etcétera).

Concluyendo, no podemos dar soluciones simples a problemas complejos ni caer en estereotipos racistas y xenófobos. Una opción con visión de futuro pasa por potenciar lo local con políticas inclusivas de personas (trabajadoras y trabajadores) y mercancías, mejorando las cualificaciones profesionales, los horarios de los turnos por la conciliación y corresponsabilidad familiar, la igualdad salarial y la actualización de los salarios acorde a las competencias profesionales (riesgo, peligrosidad, condiciones del lugar de trabajo, esfuerzo…). Lo que estamos viendo hoy en otros países puede ocurrir próximamente aquí, si no tomamos medidas políticas y empresariales. ¿Esperamos a que llegue el problema o empezamos ya a planificar? Y, además, es fundamental que hagamos un seguimiento de las iniciativas y programas que se ponen en práctica a lo largo de su ejecución y tras su finalización, no solo como buena práctica sino para aprender de los errores y mejorar para posteriores realizaciones.

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