La Güestia, roller derby con mucho remango

Ser mujer, calzarse unos patines y practicar un deporte de contacto tiene mucho de reivindicación política: feminismo, antirracismo, antifascismo, inclusión. Las jugadoras del Roller Derby La Güestia lo tienen claro

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

Ponerse unos patines con una determinada edad siendo mujer para practicar un deporte de contacto como el roller derby es un acto de reivindicación política. Así lo afirman las jugadoras de La Güestia, equipo asturiano con cuatro años de vida que, con la pandemia, ha experimentado un aumento de jugadoras por el que ya sobrepasan la treintena.

El roller derby forma parte de esos deportes minoritarios que encima cuenta con otro hándicap, ser prácticamente femenino (aunque hay algunos hombres que lo practican y también existen equipos mixtos). Estos dos inconvenientes son los que le imprimen el carácter: se trata de un deporte surgido en EE.UU. en los años 30 para dar el salto a Europa unas décadas después y que lleva por bandera ser feminista, antirracista, antifascista, que respeta la diversidad de cuerpos y las identidades sexuales. Los equipos suelen estar autogestionados y no compiten en una liga federada al uso.

Foto: David Aguilar Sánchez.

“Este deporte surgió por un grupo de mujeres cansadas de ese tipo de deporte para mujeres que era bonito, sin contacto. Querían un deporte de contacto, femenino, y aquí estamos nosotras. Les gustaba patinar y lo crearon para romper con los estereotipos de que los deportes femeninos no son de contacto. Y esto nos anima mucho más”, explica Nerea Insua.

En el caso de La Güestia sus fundadoras se sintieron identificadas con estos valores, a los que suman la defensa del asturiano y la ruralidad. De hecho la sede la tienen en Bimenes después de un peregrinaje por varias canchas, la mayoría en Xixón, pero de las que las echaron. “Hay mogollón de infraestructuras infrautilizadas en la zona rural y ésta es más nuestro rollo. Ya veis el poli que hay aquí y nos acogen encantadas. Venir aquí fue un poco por ideología y también obligadas por las circunstancias. En realidad estamos a media hora de coche, que compartimos y llevamos ya tres años aquí. Muy guay”. La que lo explica es Carmen Álvarez Fernández, una de las fundadoras que se acercó a este deporte, junto con otras compañeras, “porque empezamos a verlo por redes y nos llamó la atención. Nos gusta el rollo del patinaje y de los patines. Y también porque era un poco distinto, con contacto, que parece que patines y contacto suena un poco raro, éste más de cuerpo a cuerpo, pero no es agresivo ni violento; de hecho hay un mogollón de normas y está muy controlado. Y cuando sales de la pista, ya todo eso es cero”.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Tras esa primera atracción llegó la fase de investigación donde te empapas de todo lo relacionado con el roller derby: “indagamos en los valores que promovía y nos motivó que sea un deporte hecho por y para mujeres. Hay algún paisano, pero el 95% de las personas que lo practican son mujeres. El tema de la diversidad de los cuerpos nos parece también muy interesante, porque no hay un cuerpo estandarizado para jugar a roller derby, sino que valen todos”. Y luego está la inclusividad, ya que es de los pocos deportes “donde las mujeres trans y no binarias están incluidas dentro del deporte femenino sin discusión. El antirracismo, antifascismo es un pack muy apetecible, al menos para todas las que estamos aquí. Aparte de hacer deporte, tiene más cosas. Y para nosotras es importante la politización del deporte, no venir solamente a entrenar y marchar para casa después de sudar”.

Éstas son las señas de identidad de un deporte con carácter, reivindicativo, vistoso y con mensaje. “Al final está todo politizado. Te puedes hacer un poco la loca y pensar que estás fuera de la política, que no el partidismo, pero realmente desde que te levantes todo lo que hay en la vida son decisiones políticas. Y el hecho de que el deporte intente estar un poco apartado de esto porque te venden que hacer deporte es nada más hacer un esfuerzo físico, una sudada… al final todo es política. El hecho de que las mujeres tengan en el deporte una visibilidad prácticamente nula es política. El hecho de que no tengas acceso a canchas es política, que te den los peores horarios, que vayas a las gradas y oigas según qué cosas, qué actuaciones, también es política. Entonces o te posicionas, o intentas pasar como rozándolo”, expone Carmen.

Foto: David Aguilar Sánchez.

El no someterse a normas externas federadas, sino al hecho de autogestionarse, permite que las personas migrantes sí puedan participar en una competición nacional. “Lo importante es participar, estés o no nacionalizada; lo mismo con la inclusividad de las personas trans. Nadie te va a pedir una analítica, que te operes. Eso creo que ya es una manera de politizarlo. Yo creo que casi todos los aspectos que convivimos en el roller derby es política, que no te dejen entrenar en pistas porque no eres un deporte de los que salen en la tele”, explica Nerea.

De hecho, aclara Alba García, “los estatutos recogen este tipo de comportamientos racistas, fascistas… que son motivo de expulsión del equipo tras pasar por asamblea. Eso está especificado”. “Sí, en los nuestros y en los de la WFTDA (la asociación internacional que marca un poco las normas del roller derby) y esos puntos están ahí en común para todas. Y eso lo hacemos más o menos visible en las equipaciones, en las acciones del día a día, intentamos sacar comunicados de apoyo, como el Día del Orgullo, apoyar la Oficialidá. Lo importante y lo que nos ocupa la mayor parte del tiempo es el deporte, pero viene acompañado de más cosas”, añade Carmen.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Además de la reivindicación juega un papel importante la visibilización, aunque lamentan que no vaya más gente a verlas. Mujeres que superan la treintena, “tuvimos una época que no teníamos a nadie menor de 30” destaca Nerea, sobre patines no deja de causar cierta expectación desde el sesgo de género.

Sólo se precisa ser mayor de edad para su práctica, aunque cuentan que en algunos países ya empieza a haber categorías inferiores, como en EE.UU. o Alemania. “Nosotras tenemos de todas las edades. De hecho hay alguien aquí que nació en el 2000; ¡cómo puede ser…!” comenta Carmen entre las risas de las compañeras. “Pero eso mola mucho. Nos sacamos veinte años y estamos jugando en el mismo equipo y no hay diferencia. La gente flipa cuando se entera y te dice pero ¡cuántos años tienes! Y juegas dándote de hostias, ¿en serio? Qué pasa: tengo brazos, piernas y cabeza, puedo hacer lo mismo y lesionarme igual que otra. ¿Qué pasa, que cuando cumples 30 ya no puedes hacer esto, pero puedes hacer zumba o gimnasia de mantenimiento?”, reivindica Nerea.

No hay límite de edad que, en muchas ocasiones, es más un estado mental. “Hay mucha gente que te va a juzgar fijo, está el rollo de qué haces haciendo eso, dándote de hosties en pantaloncitos y patines, jugando con mocines de veinte años, que queda como que eres rara… Igual que nos entra por un oído y nos sale por el otro otras cosas, también en ésta”, enfatiza Alba Marina.

Autogestión

El roller derby es un deporte de estrategia, físico, rápido. Cada equipo en pista plana dispone a cinco jugadoras: cuatro bloqueadoras o defensas y una jammer, que tiene que romper esa defensa y dar cuantas más vueltas a la pista durante dos minutos. La jammer lleva un cubre casco con una estrella y una de las bloqueadoras, la pivot, otro con una raya. Un encuentro dura dos tiempos de 30 minutos, compuestos de carreras de máximo dos minutos. No hay límite en el número de jugadoras que pueden componer el equipo, pero para poder formar parte tienen que hacer unas mínimas, tanto físicas como de conocimiento de normas.

Foto: David Aguilar Sánchez.

En el caso de La Güestia han dividido el equipo en dos grupos que, aunque entrenen todas juntas, cada una tiene ejercicios diferenciados “porque las que son nuevas que no tienen esas mínimas no pueden hacer contacto. Mientras las sacan trabajan la habilidad de patín”. Carmen, que no patina por lesión, es uno de los puntales del club y cuenta que “hay un montón de mozas que empezaron con el tema de la pandemia que están ahora preparando las mínimas. El otro día unas cuantas aprobaron el examen y ya están para jugar partidos”.

Para sacar estas mínimas tienen que hacer un examen: “no viene nadie a decirnos si pasas o no, lo hacen los propios equipos. Si La Güestia dice que esta señora está para jugar, está para jugar. Se da por hecho que hacemos lo mejor que podemos, somos todas lo suficientemente responsables como para no dejar jugar a alguien que no esté en condiciones de hacerlo. Por eso nos autogestionamos, nos autoevaluamos y decidimos quién pasa y quién no”, aclara Carmen.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Cuentan que no es que hayan jugado muchos partidos porque llevan poco tiempo, y la mayor parte de él se han dedicado más a entrenar y “enterarnos de qué va la movida, porque esto es todo autodidacta: vídeos de Youtube, pidiendo ayuda a otros equipos, que es la parte guapa de esta comunidad del roller derby. Hay un equipo en Madrid que son la leche a nivel de Europa y nos comparten información y vienen a entrenarnos, nos ayudaron a hacer el primer examen de mínimas del equipo. Tuvimos también a gente de Las ingles de acero, de Barcelona, entrenándonos. Otra vez vino una chavala de EE.UU., que nos pegó una paliza que pa qué. Tenía familia aquí y nos llamó para entrenar”, ríe mientras recuerda Carmen. Y Nerea se refiere a “una moza de Murcia que estaba de vacaciones aquí y nos pegó un toque para entrenar con nosotras. Al final te haces como turismo roller derby por todo el Estado. Te llevas los patines por donde quiera que vayas. Haces muchas redes, está guay”.

La autogestión es un elemento importante. La organización funciona por comités, de hecho hay una norma por la que todas tienen que estar integradas en alguno para ayudar en el enrejado, “para que todo el mundo aporte algo en mayor o menor medida, cada una lo que pueda, pero tienes que estar en alguno para apoyar en lo que buenamente quieras y puedas, nadie te dice en cuál tienes que estar, aunque hay veces que te empujan las compañeras porque se te da mejor una cosa. Vamos cambiando todos los años para no amodorrarse y repartir carga de trabajo. Se trata de dar espacio a otras personas que igual no tienen tanto arranque de mano pero cuando entran funcionan como el resto”, explica Carmen. A ella la proclamaron portavoz por su don de la palabra.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Los partidos que juegan están regulados por los propios equipos, no por una federación, que deciden cómo es el campeonato. El sábado 6 de noviembre jugarán en Las Palmas después de todo este tiempo pandémico paradas. En todo el estado habrá unos treinta equipos, cada uno con un recorrido distinto y algunos acaban desapareciendo o juntándose con otros para poder jugar, como es el caso este año de Cáceres-Salamanca-León.

El tema económico es complicado, como suele pasar en la mayoría de deportes no masculinos profesionalizados (y en algunos masculinos también). Aquí todo está gestionado por La Güestia. Pero esta manera de funcionar, el no federarse, lo es también “por elección”, afirma Nerea: “estuvimos muchos meses valorando las opciones que teníamos y finalmente decidimos que no era compatible nuestra ideología en el deporte con estar federada, porque todo lo que practicamos y que nos gusta del roller derby se eliminaba, o por lo menos gran parte de esas cosas. Y decidimos no hacerlo con todo lo que ello conlleva, con la parte buena y la parte mala. A día de hoy está montado el deporte de tal manera que si no estás federada tienes más dificultades”. Así que todo el tema de seguros también se lo gestionan ellas, “pero lo bueno es que nadie te dice lo que tienes que hacer”, apostilla Carmen.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Sí cuentan con un respaldo, que es ARDE, la Asociación de Roller Derby de España, donde también las asesoran y echan una mano con el papeleo, al igual que otros equipos. “Nosotras estamos dadas de alta como equipo elemental en el Principado, tenemos CIF y seguros… Todo nos lo curramos nosotras. Lo bueno es que hacemos lo que nos da la gana y lo malo que hay que currar, buscar perres y la mayor parte de las veces sale de nuestro bolsillo, más lo que podamos vender de merchandising, sacar de eventos…”.

La Güestia asume buena parte de los gastos que puede con la cuota mensual de 10€ que paga cada jugadora. En asamblea deciden qué parten asumen, por ejemplo en los desplazamientos, y qué parte pueden asumir las jugadoras. Todo en función de las necesidades y de lo que haya en caja.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Deporte para empoderarse

La mayoría afirman haber practicado algún deporte relacionado con los patines, o haber jugado con ellos. Las más mayores recuerdan aquellos Sancheski de correas y dos ejes “que las nacidas en el 2000 ya no los pillaban. “Un punto a favor es que el patín sea el de toda la vida, en este caso de bota baja”, señala Nerea.

Y luego está el derby name, el nombre de guerra. “Es lo primero que haces y es por el que te conocen en el mundo del roller derby, aunque a veces te cae el que te ponen”, y se ríen con algunas de las elecciones.

Las motivaciones por las que llegan al roller derby son variadas. Muchas ya habían practicado algún deporte, bien de equipo o individual, algunas ya tenían relación con los patines. Otras no habían hecho nada, como Nerea: “yo empecé a hacer deporte a los 30 años y hasta aquí, ahora estoy a tope, hago mogollón de deportes más gracias a esto”.

Foto: David Aguilar Sánchez.

También se da el hecho de que muchas practicaron de guajas y luego lo dejaron. En el caso de María González, que había hecho patinaje de velocidad y otros muchos deportes, estando de Erasmus en Coímbra, sobre los 20 años, la captó un llamativo cartel en el bar donde iba siempre “con una chavala rollo pin-up y fui a ver de qué iba. Y ahora a piñón con el roller derby”. Alba Fernández también supo de este deporte en un bar, “por el boca a boca porque se mueve mucho así. Me lo dijo una compi del equipo, aunque me avisó que era de contacto… ¡sí, claro!”.

Paula Morandeira reconoce que entró “por el componente social. Yo hice deporte, jugué a baloncesto, patinaje de velocidad. Pero llegó un punto que buscaba conocer gente con una base de afinidad, y aquí ya estaba marcada. El hecho de ser femenino y tal me llamó más la atención para entrar. Y fui más por ahí, aunque no había visto ni un partido”.

En el caso de Rebeca García su  llegada fue a través del corto Emburriando realizado por Puru Remangu, que tiene como protagonista al Roller Derby La Güestia. “Lo comenté con Cris. Nosotras patinábamos así por la calle, pero no hacíamos ningún tipo de deporte de patines. Vinimos a probar, nos miramos y dijimos ¡ay, esto mola mucho! Y aquí estamos”.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Alejandra Suárez no vio el corto, pero siempre practicó deporte de contacto con el balonmano. “Siempre me flipó patinar, pero lo dejé también muy de pequeña. Soy de las que entraron con la pandemia. Creo que la pandemia fue el boom del patinaje. Me pillé unos patines y me puse a buscar vídeos en youtube, porque yo quería ir al skatepark con un patinaje más agresivo, y encontré esto del roller derby por el Facebook, vine a probar y me quedé”.

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