“Las viejas estamos sustituyendo al Estado del bienestar”

La psicóloga y catedrática Anna Freixas publica su nuevo libro, 'Yo, vieja', donde apuesta por una nueva visión más afirmativa y orgullosa de la vejez

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

Anna Freixas Farré (Barcelona, 1946) es psicóloga, escritora feminista y catedrática jubilada de la Universidad de Córdoba. Ha sido galardonada con diversos premios por su labor en el ámbito de la igualdad de género, y más recientemente, en 2019, fue la primera mujer nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, Colombia.

En sus investigaciones, Anna Freixas se ha ocupado del envejecimiento de las mujeres desde el campo de la Psicología con perspectiva de género. Es considerada como una de las pioneras en el desarrollo de la gerontología feminista en España, y ha publicado diversas obras en esta línea. En la última, Yo, vieja. Apuntes de supervivencia para seres libres(Capitán Swing, 2021), apuesta por una nueva visión más afirmativa y orgullosa de la vejez. El pasado jueves, presentó este libro en la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de Uviéu, acompañada por la profesora Esperanza Fernández, en un acto organizado por la Asociación Feminista de Asturias. Aprovechando su visita a Asturies, hemos charlado con ella sobre varias cuestiones.

El título de tu libro es “Yo, vieja”. Detrás de ese “yo”, ¿qué quieres afirmar?

El libro se titula así porque tiene como objetivo naturalizar un término que significa solamente que has cumplido años. “Ser vieja” indica que estás en un momento del ciclo vital que es la vejez, lo cual no tiene en sí mismo ninguna connotación negativa, de decrepitud, de pérdida. Es decir, hay pérdidas a lo largo de toda la vida. Y en la vejez también las hay. Pero también hay ganancias. Por tanto, el objetivo es hacer una declaración de identidad orgullosa de haber llegado hasta este punto.

Históricamente, en las sociedades capitalistas han tenido más importancia aquellas personas que están en edad de productividad. Así, la juventud y la vejez han estado más arrinconadas. ¿Cómo ves este desplazamiento social?

El concepto de la productividad es un concepto que hay que revisar, porque los viejos somos también productivos, y mucho. En la crisis de 2008, fueron los y las viejas pensionistas que dieron de comer a sus hijas y nietos. Hay que entender otros aspectos de la productividad más allá del PIB, porque nunca se tienen en cuentan los trabajos de cuidados. Incluso, los y las viejas llegamos a ser más productivos que la gente joven… Aunque esto tiene que ver con nuestra sociedad, donde la juventud no logra acceder a trabajos remunerados estables que les hagan sentir que contribuyen al bienestar de una comunidad.

“Las abuelas somos palancas de libertad y pensamiento crítico”

El 15M, del que ahora se cumplen ya 10 años, sirvió para estrechar lazos intergeneracionales y compartir experiencias entre juventud y vejez, frente al prejuicio del edadismo. ¿Cómo ves actualmente las relaciones entre generaciones jóvenes y viejas?

En mi libro, invito a las abuelas a ser las que abran las ventanas de las nietas, es decir, que sean la palanca que les da la libertad. Una abuela puede proporcionarle a su nieta una libertad cuyos padres no le van a dar porque, a veces, se consideran en la obligatoriedad de educar y constreñir. Las abuelas pueden dar una perspectiva diferente, y creo que es muy importante el papel de las generaciones viejas. Las abuelas somos palancas de libertad y pensamiento crítico.

La soledad es el gran “elefante en la sala”, que todos sabemos que está ahí, pero del que nadie habla. ¿Qué alternativas se pueden dar a la soledad? ¿Podría ser la participación activa y la implicación en política una vía para tejer lazos sociales?

Sin duda, la soledad es uno de los problemas que nos une a todas las edades. Lo has dicho muy bien, creo que la participación es clave. Y puede serlo a varios niveles: en tu barrio, comunidad de vecinos, asociaciones de mujeres… Aunque esto es más complicado en el entorno rural. La sociedad tiene que ofrecer alternativas a la soledad, ofrecer oportunidades de participación a la gente de todas las edades. También es un proceso personal, hay que enfrentarse a la pregunta de “¿cómo doy el paso de salir y participar?”. En este sentido, las mujeres envejecemos mejor que los hombres porque, por nuestra tradición, tenemos más redes de comunicación, intimidad, amistad… Eso es una gran fortaleza. Cuando llega la vejez, tu red está ahí. Este es un valioso aprendizaje para los hombres también, y creo que los jóvenes están empezando a incorporarse a esa cultura del cuidado y de la creación de vínculos.

¿Y cómo se puede impulsar esa participación desde las instituciones?

Hay ya muchas redes comunes, muchos espacios de asociación de vecinos, ONGs de trabajos voluntarios sostenidos por la labor de gente mayor… En cierto sentido, los viejos y las viejas estamos sustituyendo al Estado del bienestar.

¿Qué opinas de los proyectos de cohousing? En Asturies, la cooperativa Axuntase ha sido la primera en plantear un proyecto de cohousing intergeneracional.

Los proyectos de cohousing me parecen muy interesantes. Los que yo conozco, en Europa y otros sitios, son destinados a gente mayor en los que hay apartamentos, o grupos de mujeres que deciden comprar un terreno para construir una casa… También conozco otros proyectos de estudiantes universitarios que conviven en residencias de mayores, creando vínculos cercanos y experiencias compartidas. Pero no sabía que había proyectos de cohousing intergeneracionales, y parece muy interesante.

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