La glamurosa propaganda con la que los ricos nos joden la vida

Forbes y numerosos medios vitorean a las cien grandes fortunas españolas, que han incrementado en casi un 20% su riqueza durante la pandemia que ha empobrecido a millones de personas

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Según la glamurosa lista Forbes, los cien españoles y españolas más ricos se han enriquecido aún más en el último año. Mientras la crisis derivada de la pandemia empobrecía a millones de sus ‘compatriotas’ a los que ahora les resulta todavía más difícil llevar viandas a la despensa, pagar el alquiler o la hipoteca del piso, encender la calefacción en invierno o afrontar gastos cotidianos de transporte o medicamentos, ese centenar de personas a las que les huele el aliento a perfume de lujo han visto cómo se incrementaba su riqueza en casi un 20% en el cómputo general.

La introducción de la noticia en la glamurosa página web de Forbes no tiene desperdicio: “Esta lista es imprescindible para analizar cómo están saliendo de la crisis del covid, pues su fortaleza es la nuestra: siete de cada diez euros que generan las grandes fortunas a través de sus empresas vuelven al tejido empresarial, lo que revierte en más trabajo y más riqueza para el país. No lo están haciendo nada mal: los 100 españoles más ricos han aumentado este año su patrimonio en 20.620 millones de euros”. ¿Perdona? ¿Multimillonarios “saliendo de la crisis”? ¿”Su fortaleza es la nuestra”? ¿Su ganancia implica “más trabajo y más riqueza para el país”?

Encabeza la lista Amancio Ortega, que ha aumentado su riqueza en 10.000 millones en un año de pandemia. Le sigue su hija y heredera, Sandra Ortega, que es 700 millones más rica que en 2020. El tercer puesto lo ostenta Rafael del Pino Calvo-Sotelo, presidente de Ferrovial, que ha incrementado su fortuna en 900 millones; su hermana María del Pino Calvo-Sotelo, presidenta de la Fundación Rafael del Pino y segunda accionista de Ferrovial, figura en el puesto nueve de la lista, con una riqueza que ha pasado de 1.900 a 2.200 millones en un año.

Los palmeros de los millonarios tienen una lectura fácil para todo esto: entonan el estribillo de que estas grandes fortunas se han hecho a sí mismas y que son el orgullo de la ‘marca España’. Tiene guasa que al emperador y a la emperatriz del imperior textil los relacionen con la ‘marca España’ cuando las tiendas de Inditex están plagadas de etiquetas ‘Made in Bangladesh’ o ‘Made in India’, con todo lo que ello implica: prendas confeccionadas por mano de obra explotada, infantil en algunos casos, en países donde la ausencia de derechos laborales, la inframiseria de los salarios y la baja fiscalidad hacen que resulte mucho más rentable fabricar allí lo que luego venden en España y en Europa. El Mundo Today, con esa fresca permisividad que concede el humor, ofreció hace un tiempo el titular que mejor define al cabeza de lista de Forbes: Amancio Ortega dona 20 euros a un restaurante del que se fue sin pagar un menú de 40. Como publicaba ayer Público, el tal Amancio ingresa en un día por dividendos el equivalente al salario medio de más de 26.000 trabajadoras y trabajadores españoles; si hacemos el cambio de euros a rupias y a sus empleados asiáticos la comparativa sería mucho más obscena. Amancio Ortega ha donado cientos de millones de euros para equipamiento sanitario, sí, pero hay que insistir en el titular de El Mundo Today: qué más da que dejes una generosa propina si te vas sin pagar la cuenta.

Palmeros, papanatas, publicistas de los millonarios los hay de toda condición. Unos embellecen esos titulares de prensa que estos días vitorean a los multimillonarios españoles de la lista Forbes ponderando no sé qué virtudes. Otros nos ponen a parir en redes sociales a quienes nos atrevemos a exigir, o a insinuar siquiera, que el tal Amancio no debería hacer donativos para buscar el aplauso fácil (de los palmeros, papanatas, publicistas de los millonarios), sino actuar decentemente como ciudadano y como empresario. Los palmeros, los papanatas, los publicistas de los millonarios los hay de toda condición, pero a mí los que más me revientan son los que pertenecen a esa clase social de la que yo también vengo: la clase clase humilde donde nunca se pronunciaban palabras como “ganancia” o “beneficio”, donde siempre estaban presentes palabras como “solidaridad” o “sacrificio”.

En la clase social de la que yo vengo me enseñaron que lo noble no es mear perfume de importación, sino sudar el jornal, ganarte la vida dignamente sin pisar y sin robar a nadie. Nada que ver con esa gente que aparece con nombres y apellidos en la lista Forbes y que en muchos casos también aparecen con nombres y apellidos en cuentas bancarias de paraísos fiscales. Los millonarios (aunque no sólo ellos) siguen jodiéndonos la vida, sólo faltaría que encima les comprásemos esa glamurosa propaganda del éxito, la superación y demás milongas que intentan vendernos a precio de saldo sus palmeros, sus papanatas, sus publicistas, sus palanganeros.

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