A vueltas con el FICX

El Festival Internacional de Cine de Xixón regresa con una programación que parece mirar más hacia el futuro que al pasado, vuelve a tener esas reminiscencias transgresoras de hace 30 años.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Regresa otro año más el Festival Internacional de Cine de Xixón que viene a ser el certamen cultural más importante de Asturias junto a los Premios Princesa de Asturias. El FICX siempre ha sido la réplica moderna y republicana de la cultura en Asturias, y los dos comparten esa visión sagrada, universalista y agónica de la cultura, bien desde el trono o desde la última fila de un cine de provincias.

El FICX de este año llega más magro, con menos películas, con la dieta del propio cine que consiste en quitarle grasa a la superficie de la pantalla. Quiere decirse, querido y desocupado lector, que la selección es más exigente, sin la fritanga de otras ediciones, de manera que la semana será mucho más llevadera, más digerible y, sobre todo, mejor organizada. 

De entre las obras seleccionadas para la competición oficial irrumpe El Planeta, la ópera prima de Amalia Ulman, una cinta que se mueve entre la tragicomedia underground de Bauchman y el vitalismo histérico de Pedro Almodóvar de los ochenta. La película cuenta la historia de dos estafadoras, madre e hija, que van dejando pufos por los restaurantes de la ciudad. En el fondo, bajo la superficie de una máscara que anhela la evasión y el hedonismo, se transluce la precariedad perruna de dos muertas de hambres. La cinta ha sido nominada en los premios Gotham e inauguró hace un año la temporada en el Boston Film Institute. Lo curioso es que esta película no recabó ningún apoyo financiero de Gijón cuando Amalia se reunió con el responsable de la Fundación de Cultura de Gijón, hace dos años. Mayormente, la directora fue ninguneada por el responsable, ignorante del material que Ulman se traía entre manos, aunque la cinta transcurriera en un Gijón hambriento, absurdo y brillante que ha logrado deslumbrar a la crítica y al público en todos los festivales internacionales. De manera que la llegada de El Planeta al FICX tiene, inesperadamente, algo de redención, de deuda pagada, de error subsanado. Y créanme, esta película le está haciendo a la ciudad la mejor campaña publicitaria de toda su historia. Amalia, por cierto, ya prepara su próxima película en Nueva York y estará estos días por aquí.

Uno tiene la impresión de que esta edición será diferente. Abel Ferrara estrena su último film, con todo el marchamo del cine independiente, aunque sea capaz de rodar con un buen presupuesto. Ferrara me fascina. Visceral y marginal, su cine nos habla del poder, el narcisismo, el sexo, el amor y la adicción a todo eso. Fascinado por Pasolini, es un católico italo-americano, convertido en el reverso oscuro de Scorsese, la contestación difamatoria al calvinismo de Von Trier. Para Ferrara, la redención no existe y la culpa es algo que nace y se muere con nosotros. Con Ferrara, uno sabe que lo único que nos salva, quizá, quién sabe, es cierto atisbo de eso que podemos llamar amor.

A Gijón le salva noviembre su amor al cine. El cine sigue siendo historias, reales o ficticias, que hablan de nosotros. Nos seducen con una mentira, pero toda mentira siempre tiene un átomo de verdad, cierto reflejo de luz que no conmueve, entusiasma, revuelve. Creo que le FICX retoma ese camino, sin preguntarse demasiado qué es, sino qué desea proponer, mirando más hacia el futuro que al pasado, y quizá por eso, paradójicamente, vuelve a tener esas reminiscencias transgresoras de hace 30 años. El FICX de este año nos salva de la lluvia y de la muerte. Hay una buena programación. Es mejor morirse otro día.

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2 Comentarios

  1. Yo creo que la película puede tener más éxito fuera de Asturias, querer pasar por Asturianas con acento forzado y argentino (sobre todo la madre) no es algo que a los Asturianos nos entusiasme. Por otro lado, mostrar Gijón como una ciudad decadente y envejecida, creo que tampoco es una gran campaña de publicidad. Ayer en el Teatro Jovellanos, ni hubo muchas risas ni grandes aplausos. Eso sí, la invitamos a rodar otra película en Gijón con otra perspectiva de la ciudad y actores asturianos.

  2. Ojalá que se cumplan las expectativas. Gijón se merece recuperar ese festival tan interesante y atractivo que (casi) siempre ha sido, desde la época del bueno de Cienfuegos.

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