Sí, las vacunas están funcionando

La campaña está dando resultados, pero los entornos saludables siguen siendo imprescindibles

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Rafa Cofiño
Rafa Cofiño
Es médico de familia, especializado en salud comunitaria y ex director general de Salud Pública del Principado de Asturias.

Escribo rápido y con urgencia ante esta nueva ola que estamos afrontando. Pido disculpas de antemano si por esta rapidez, en medio de muchas tareas abiertas, los mensajes que me gustaría transmitir no quedan bien expresados. Estos, en mi modesta opinión, son algunos de los puntos clave que tenemos que transmitir ahora:

La misma pandemia, pero un escenario diferente. Cuando en octubre, en Asturias, y en general en todas las comunidades, pasábamos a un nuevo escenario señalábamos que, con independencia de lo que pudiera seguir ocurriendo, y teniendo muy claro, sin triunfalismos ni derrotismos, que la pandemia no había terminado, se cerraba un ciclo fundamental para la salud pública. El hito venía marcado por la respuesta ciudadana ante la Estrategia de Vacunación COVID-19 en España: un 80% de población general ha sido vacunada en nuestro país (un 85% en Asturias).

“No, no es cierto que las vacunas estén funcionando. La mayoría de las personas ingresadas ahora misma tienen la vacuna puesta”. Esta es una afirmación que se escucha últimamente a veces. En el momento que el 85% de la población esté vacunada es lógico que veamos más personas vacunadas ingresadas, por ello la pregunta no es cuántas personas tenemos hospitalizadas (gráfico de la izquierda) sino preguntarnos: ¿Cuántas personas vacunadas estamos consiguiendo que no hospitalicen por enfermedad grave o enfermedad muy grave o fallezcan? (gráfico de la derecha)

Fuente del gráfico: @NoelSlangen


Y sí, las vacunas están funcionando. En esta nueva ola, y también en la anterior, la vacunación ha demostrado ser un dique de contención fundamental evitando casos graves en personas vacunadas.

En los siguientes gráficos podemos comparar la gravedad de los casos y la diferencia según su estado vacunal. Se puede visualizar la tasa de incidencia media semanal por grupos de edad en ingresos en hospital, UCI y fallecimientos. Son datos entre el 27 de septiembre y el 21 de noviembre publicados por el Ministerio de Sanidad.

*Nota a pie de página de los gráficos: Se excluyen las personas con pautas de vacunación incompletas, es decir, aquellas que habiendo recibido alguna dosis de vacuna no cumplen los criterios de vacunación completa.
Estimación de la Tasa semanal media a lo largo del periodo por 100,000 personas, tomando como numerador el total de casos de cada nivel de gravedad en cada categoría de vacunación notificados esa semana a la RENAVE y, como denominador, el número medio de personas en similares categorías a lo largo del periodo, según el Registro de vacunación y la población del INE a enero de 2020.

Estos datos nos dicen, entre otras cosas, lo siguiente: en el grupo de edad de 60-79 años, el riesgo de ingreso en un hospital es 16 veces mayor en personas no vacunadas respecto a personas vacunadas; en el grupo de edad entre 30-59 el riesgo de ingreso en UCI es 8 veces mayor; entre 12-30 años el riesgo de ingreso en hospital es 15 veces mayor en no vacunadas.

Primera prioridad en vacunas: aumentar vacunación en personas no vacunadas. Es necesario ofrecer toda la información posible a las personas con reticencia vacunal, tratar de vencer su incertidumbre, y que puedan tomar la mejor decisión posible. Es necesario reflexionar sobre un dato muy positivo: un 90% de la población que se tenía que vacunar en nuestro país se ha vacunado (un 93% en Asturias). ¿En qué actividad que propongamos habitualmente a nuestra población –y no piensen solo en temas sanitarios– conseguimos que participen 93 de cada 100 personas invitadas? El éxito de la vacunación en nuestro país es un éxito de la educación y la cultura de nuestra ciudadanía. Esto hay que subrayarlo varias veces. En aquellas personas con reticencia vacunal es necesario potenciar los diálogos (Cruz et al), evitar mecanismos coercitivos que generen resistencias, abordar la complejidad de la reticencia con estrategias también complejas (de nuevo Cruz et al) y poner a su disposición información, como la que ofrece la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, sobre el desarrollo de las vacunas, su evaluación, su seguridad y la farmacovigilancia.

Segunda prioridad: vacunación con tercera dosis al grupo de edad 60-69 años. Ya hemos conseguido tener coberturas altas en personas mayores de 70 años y ahora es necesario reforzar con esa tercera dosis al grupo de personas entre 60-69 años. La edad media de personas que ingresan ahora mismo es de 68 años (e irá bajando un poco más según vayamos poniendo el dique de contención en edades mayores). Ya estamos viendo el impacto favorable de la dosis de refuerzo en personas mayores de 70 y es necesario avanzar vacunación en ese grupo donde todavía hay probabilidades altas de enfermedad grave (ver de nuevo los gráficos de arriba para esos intervalos de edad).

Tercera prioridad que es sin embargo la primera: vacunación universal en todos los países. Las estrategias de vacunación han de extenderse de forma global a todos los países. La pandemia/sindemia no entiende ni de prefijos ni de geografías en una sociedad global como ésta. No tiene demasiada plausibilidad epidemiológica ni inmunológica afanarnos en reservorios locales si a pocas horas de avión tenemos coberturas muy bajas (y no hay que mirar mucho al sur, basta mirar a países muy cercanos) y no tiene demasiada plausibilidad ni en salud pública ni en ética ni en varias disciplinas más, abogar por la protección de los más vulnerados solo en una isócrona terrestre determinada. Las estrategias, como posiblemente siempre le ha pasado a la salud pública, han de ser más glocales que nunca (palabra que pensábamos que ya estaría desfasada o pasada de moda). Y desde luego no hay que perder de vista que, en muchos países, los problemas para la vacunación van más allá de tener o no tener vacunas y que las causas estructurales e históricas de desigualdad siguen latentes.

Y entonces, si tenemos unas coberturas de vacunación tan altas ¿por qué estamos de nuevo con tantos casos? Las vacunas son necesarias, pero no suficientes. Con las vacunas disponibles en el momento actual, las personas vacunadas pueden desarrollar la infección y transmitirla, pero el mensaje clave es este: no es lo mismo tener la infección que tener la enfermedad grave. Y las vacunas -ya lo hemos visto arriba- protegen de enfermedad grave. Por esto es importante combinar siempre vacunas y medidas.


Escuchábamos un ejemplo estos días. Es muy sencillo, pero quizás sirva para iluminar algo más. Sabemos que el cinturón de conducir salva muchas vidas y sabemos que sería importante que su uso fuera universal. Pero no basta con usar cinturón. Para evitar accidentes es necesario que la conducción sea responsable y que además podamos conducir por buenas carreteras. Conducir a alta velocidad por carreteras poco seguras es un alto riesgo incluso llevando el cinturón puesto. Las vacunas son el cinturón, la conducción responsable el uso de medidas que dependen de nosotros (en mayor o menor medida, pensemos aquí en todos los condicionantes sociales en prevención) y las carreteras seguras los espacios seguros en los que nos tenemos que relacionar.

El British Medical Journal publicaba hace una semana una infografía interactiva muy pedagógica donde representaba las diferentes probabilidades de transmisión de una persona infectada a una persona no infectada. Está en inglés, pero se entiende bastante bien. El gráfico señala la importancia de las medidas individuales y de las medidas de los espacios donde nos relacionamos. 

Fuente: Rutter, H., Parker, S., Stahl-Timmins, W., Noakes, C., Smyth, A., Macbeth, R., Fitzgerald, S., & Freeman, A. L. J. (2021). Visualising SARS-CoV-2 transmission routes and mitigations. BMJ, 375, e065312. https://doi.org/10.1136/bmj-2021-065312

Para este mes, pero también para los próximos meses, es fundamental pensar no sólo en conductas individuales seguras sino también en espacios donde nos podamos relacionar de forma segura y saludable. Nuestra protección individual es importante, pero lo es más que los entornos donde nos relacionamos, educamos, trabajamos, disfrutamos del ocio, vivimos… sean espacios seguros. Hay una máxima en promoción de la salud: entornos saludables, verdes, aireados, donde poder vivir de forma saludable. Es importante favorecer que los espacios interiores –públicos y privados, laborales, comerciales o domésticos– sean lo más saludables posibles y que nos permitan relacionarnos de la mejor forma posible. 


En Asturias pensamos en el triple reto que seguimos teniendo por delante: (1) Continuar con la máxima cobertura de vacunación posible animando a las personas con reticencia a que se vacunen; (2) Mantener las medidas de protección individual. El uso de la mascarilla sigue siendo muy importante sobre todo en interiores; (3) Conseguir espacios saludables y seguros, que corra el aire lo más posible, y que consigamos que nuestra comunidad sea tan verde por dentro como lo es por fuera. 

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