La inesperada dimisión del arquitecto de la respuesta asturiana a la pandemia

Rafa Cofiño deja por sorpresa la dirección general de Salud Pública tras haber colocado al Principado en la vanguardia de la lucha contra la Covid19.

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Fue desalentador comprobar cómo tras la última Conferencia de Presidentes, todo quedaba reducido a llevar una mascarilla en la calle. Aquel encuentro entre Pedro Sanchez y los 17 homólogos autonómicos ponía de manifiesto que nadie, a excepción de Pere Aragónes, estaba dispuesto a ponerle el cascabel al gato. Deducimos que Pedro Sánchez no se iba a jugar la popularidad por ejercer su responsabilidad de gobierno. La consecuencia posterior a aquel encuentro fue la de una dimisión de facto de toda la sociedad española en su compromiso con el cumplimiento de las medidas. La asunción de que todos acabaremos contagiados más tarde o más temprano por el coronavirus, en gran medida es debido a la mediocridad de nuestros políticos y en otra gran medida al cansancio. No es casual que esa dimisión de responsabilidades que la mayoría de nosotros empezamos a valorar se extienda a los cuadros técnicos de la administración. Por eso tampoco extraña que haya dimitido Rafael Cofiño, hasta ayer director general de Sanidad Pública. Lo hace cuando omicrón se extiende como un fantasma sobre toda Europa, a pesar de que las vacunas estén siendo un dique de contención frente a los casos graves.

Pedro Sánchez y María Jesús Montero en la Conferencia de Presidentes. Foto: Moncloa

Hemos hecho de la pandemia una ideología que pone en juego la vida tanto como el reparto de la riqueza. El todavía director ha sabido mantener el tipo contra los ataques de los negacionistas,  los demagogos y los nuevos profetas de la libertad, logrando, incluso, que el discurso político del gobierno asturiano, tan paternalista como sentimental, no le contagiase. Dimite Rafael Cofiño y cede el testigo a Lidia Clara Rodríguez antes de que el martes entren en vigor las nuevas restricciones y eso nos hace pensar que no estaba dispuesto a comerse el panchón que se le viene al Gobierno y a la administración a partir de este lunes, cuando los hosteleros de toda la región salgan a la calle convocados a manifestarse contra Barbón por obligarles a un cierre sin previo aviso.

“Cofiño ha sabido mantener el tipo contra los ataques de los negacionistas, los demagogos y los nuevos profetas de la libertad”

La hostelería es un polvorín. Algunos cocineros me cuentan que no saben qué hacer con toda la comida almacenada en los frigoríficos. La Nochevieja es una ruina que se pudre en la despensa. Las reservas han caído como cayeron los valores de la bolsa en Lehman Brothers. Cualquier previsión no ha servido para nada. Después de hacer su agosto en octubre y noviembre como no lo habían hecho nunca, la gran mayoría se postra de hinojos ante la persiana bajada. El 20% de la facturación anual se ha ido a la basura, con el resto de la comida.

A pesar de la buena gestión de Rafael Cofiño, su carta de despedida, en la que afirma su voluntad de seguir ligado a la Dirección General, aunque elegante, no resulta convincente. El contexto deslegitima sus argumentos aunque su gestión y la de su equipo permanezcan indemnes. A nosotros sólo nos queda preguntarnos si fueron consensuadas las restricciones en el último consejo extraordinario de gobierno con el director de Salud Pública, si el cierre del ocio nocturno y las nuevas limitaciones decretadas por Juan Cofiño en funciones no eran del gusto de Rafael Cofiño o si la improvisación, más que el propio contenido de las restricciones, es lo que le ha empujado a dimitir a este experto en salud pública que nunca ha actuado sobre la base de la improvisación, sino todo lo contrario, desde una escrupulosa planificación.

Juan Cofiño, vicepresidente asturiano. Foto: Iván G. Fernández

El ex director ha hecho una buena gestión sanitaria de la pandemia durante estos dos últimos años. Su plan de vacunación nos puso a la vanguardia de la sanidad pública mundial, ocupando el primer puesto en la larga carrera por lograr el ansiado 90% de vacunados entre las diecisiete comunidades autónomas. Consiguió que Asturias fuera el territorio con menor incidencia Covid del conjunto de regiones europeas. Es cierto que la consejería de Sanidad no ha conseguido que la atención primaria se descongestione, pero las ucis ya no son un lugar mortuorio donde la gente agonizase como ratas de laboratorio, entre tubos y la más devastadora soledad.

Las vacunas no evitan los contagios, pero sí reducen eficazmente la presión sanitaria en los hospitales, afirmaba hace unas semanas en NORTES.  Su mayor cualidad ha estado en su didactismo y con eso nos hemos agarrado a un clavo ardiendo cuando, por la izquierda o la derecha, arreaban los libertarios que cuestionaban la validez de las vacunas. Sabe que acabaremos conviviendo con el virus como lo hemos hecho con la gripe y que sin vacunación universal, es muy difícil gestionar una pandemia. Cofiño siempre ha actuado con una perspectiva glocal que ha servido para relativizar mucho las cosas.

Su salida, lamentablemente, pone a Cofiño, Juan, presidente en funciones, contra las cuerdas. De momento, todo son especulaciones que deberían aclararse con mayor diligencia porque dimitir, cuando Asturias acumula 900 contagios diarios, es una irresponsabilidad política que adquiere la magnitud de una crisis de gobierno, sin que esta se haya producido realmente. Juan Cofiño debe explicar con serenidad y pulcritud los motivos de su salida, si el propio ex-director no las quiere ofrecer. El mismo didactismo que argumentó cómo se deben combinar vacunas y medidas para reducción la incidencia del COVID-19, debe iluminar la razón última de las restricciones que acaban de ser decretadas con tanta nocturnidad y alevosía. Si la presión sanitaria es menor, las restricciones también deben ser igual de proporcionadas. Nadie nos ha explicado si las nuevas medidas lo son. Ay.  

Actualidad

2 Comentarios

    • Son dos personas diferentes. Juan Cofiño es el presidente en funciones. Rafa Cofiño es el ex director de Salud pública, el que ha dimitido.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here